1967 Reclamaban 'pulcritud' a los vecinos de Santa Corda

MIKEL G. GURPEGUI
La sombría y solitaria calleja. ::
                             KUTXA FOTOTEKA/
La sombría y solitaria calleja. :: KUTXA FOTOTEKA

Alguna vez nos referimos en esta sección a Santa Corda, en la trasera de 31 de agosto, una de las callejuelas más angostas y olvidadas de la ciudad.

La calle Santa Corda tenía para los niños de la Parte Vieja algo de mágico, como espacio aparte que imponía. Atravesarlo, a paso rápido, por si acaso, formaba un jalón en la lucha contra el miedo. Claro que, además, la calle Santa Corda era lugar de deterioro y suciedad, espacio solitario y sombrío entre la calle más antigua de la ciudad y el museo San Telmo.

En marzo de 1967, hace 45 años, nuestro periódico publicó en 'Sirimiri' una carta sobre la calleja. La firmaba Ceferino Jareño. «Lamentable es el espectáculo que se viene dando de tiempo atrás en la calle de Santa Corda (¿saben ustedes dónde está ni conocen tan 'koskera' calle?). Pues para conocimiento de ustedes y minuciosa vigilancia de los Servicios Municipales de Higiene a cualquier hora del día, les diré que se encuentra tras de la abadía de San Telmo, enfilando la Plaza de la Trinidad».

«A cualquier hora del día y de la noche un sector de vecinos, sin escrúpulos de ninguna clase, carentes de todo sentido de ciudadanía y de los que no piensan en los demás, arroja a la vía pública en un ancho sector de dicha calle cuantos desperdicios de comidas, etcétera, tienen a mano, con el consiguiente perjuicio para quien en aquellos momentos pasa por allí, pues tan acostumbrados o acostumbradas están a hacerlo que ya ni les preocupan las personas que por abajo caminamos, incurriendo así, además, en una falta grave del sentido de la ciudadanía que les debiera ser innato».

«El aspecto de la citada calle, en aquel largo tramo, es francamente deplorable y se hace obligado por razones de higiene y pulcritud una muy estrecha vigilancia de los Servicios Municipales de Limpieza, e imponer fortísimos correctivos a quienes incurren en tales desmanes. No creo sea tan difícil el descubrir a anónimos tan 'sikiñas'. Ayer mismo estuvo bien cerca un grupo de jóvenes de salir bien 'pringados', y eso no está bien. ¡Pulcritud, señores vecinos de la calle Santa Corda!».

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