Comerciantes vascos en el tráfico de esclavos

Entre ellos destacan el antzuolarra Juan de Zabalairala y el alavés Juan de Zulueta

K. O.ARRASATE.

«Creo que no se le ha dado la debida importancia a la participación de los hombres de negocios vascos en la trata de esclavos negros» escribe Lutgardo García Fuentes en su obra 'Los vascos en la Carrera de Indias en la Edad Moderna. Una minoría predominante'. Este investigador tiene constancia de que «era un negocio altamente lucrativo y que requería cuantiosas inversiones». Y en este inhumano comercio asoman muchos apellidos vascos.

Juan de Zabalairala, rico mercader oriundo de Antzuola, era uno de ellos. Según el investigador oñatiarra José Antonio Azpiazu, autor de 'Esclavos y traficantes', Zabala, al igual que otros vascos, comerciaba con esclavos legalmente pero sin desdeñar adquirir esclavos robados por piratas.

Azpiazu menciona asimismo el caso tardío del tratante de esclavos vitoriano Pedro Juan de Zulueta, que hizo fortuna en América con un negocio de explotación de esclavos. Considerado el último gran negrero de Cuba, Zulueta desarrolló su actividad en el tráfico de esclavos en la década 1840-1850. El hispanista Hugh Thomas escribió de él que, «como era hombre moderno, Zulueta solía hacer vacunar a sus esclavos antes de que emprendieran el viaje a través del Atlántico, y en la década de 1850 comenzó a emplear vapores que podían transportar hasta mil cautivos. Como era católico, hacía bautizar a sus esclavos antes de que abandonaran África».

Los esclavos residentes en el País Vasco o de paso por esta tierra «no gozaban de unas condiciones legales más beneficiosas que en cualquier otra región considerada más esclavista». Los esclavos son simplemente objetos de intercambio y explotación, a los que hay que exhibir o sacar rendimiento económico. Solían ser marcados a fuego con distintas señales para reconocer su condición jurídica y evitar fugas. Una de las marcas más habituales era una S y una I bien visibles en cada carrillo: Sirte Iure (sin derechos).