EE UU y Egipto, un matrimonio de conveniencia en vías de separación

La Casa Blanca amenaza a la junta militar con retirar su millonaria ayuda por la persecución de varias ONG extranjeras

PAULA ROSASEL CAIRO.
El jefe del Estado Mayor de EE UU conversa en El Cairo con el presidente de la junta militar. ::
                             EFE/
El jefe del Estado Mayor de EE UU conversa en El Cairo con el presidente de la junta militar. :: EFE

Egipto y Estados Unidos miden sus fuerzas en la peor crisis que sacude sus relaciones bilaterales desde los años 70. La persecución de varias ONG extranjeras, entre ellas algunas estadounidenses, ha puesto en peligro la millonaria ayuda financiera de la potencia americana a Egipto, y ha destapado interrogantes sobre la independencia de la Justicia. Pero, sobre todo, ha desatado las alarmas en el supuestamente nuevo Egipto por la aplicación de prácticas del régimen de Mubarak, estrecho aliado de Washington que cumplió precisamente ayer un año de su salida forzada del poder.

Esta semana, 43 trabajadores de 17 organizaciones no gubernamentales que trabajan en el campo de los derechos humanos han sido acusados de realizar actividades políticas de manera ilegal y de financiarse con fondos extranjeros sin que exista una supervisión del Estado. Se enfrentan a penas de hasta cinco años de cárcel. A finales de diciembre las sedes de estos organismos fueron registradas y el juez instructor del caso asegura que se han encontrado pruebas, «67 evidencias», para ser concretos.

En el Egipto, que vive obsesionado con complots y conspiraciones extranjeras, un mapa del país seccionado en cuatro partes «y con anotaciones en inglés» ha pasado a ser «un intento de dividir Egipto». El dinero para financiar la formación de observadores en las elecciones se ha convertido en dólares bombeados para «sembrar el caos y el desorden», señalaba la junta militar que gobierna el país en un comunicado.

Los activistas del Instituto Republicano Internacional -una de las ONG intervenidas- denuncian que no se trata de un «proceso legal legítimo». «Es un esfuerzo motivado políticamente para aplastar los incipientes grupos de sociedad civil en Egipto orquestado a través de los tribunales, en parte por vestigios de la época de Mubarak», sostiene el organismo, cuyo director en Egipto es Sam Lahood, hijo del Secretario de Transportes del Gobierno de Washington. Lahood se ha refugiado con otros estadounidenses también imputados en su embajada en El Cairo.

Muchos ven una «naturaleza vengativa» tras las acusaciones, asegura Sherif Mansur, de Freedom House, otra de las organizaciones perseguidas, quien defiende que el caso busca castigar la formación que han dado estas ONG a activistas de derechos humanos en Egipto.

Sentimiento nacionalista

Pero el principal problema se encuentra con Estados Unidos, para quien Egipto ha sido hasta ahora uno de sus principales aliados en la región. Washington se ha mostrado muy «preocupado» por el cariz que ha tomado la crisis y ha amenazado con retirar la ayuda de más de 1.300 millones de dólares (987 millones de euros) que anualmente otorga al país. La donación está centrada sobre todo en apoyar los acuerdos de Camp Davis y el tratado de paz con Israel. La UE también condicionará su ayuda financiera «al respeto de los derechos humanos y a los avances democráticos en la transición», aseguró León.

Pero la junta militar egipcia mantiene el pulso y no se ha achantado con las amenazas. Es posible que considere que gana más que pierde, especialmente entre sus ciudadanos. Los mensajes que se han emitido esta semana, que aseguraban que el país no se doblegará ante ninguna potencia extranjera, buscan precisamente explotar el sentimiento nacionalista.

Algunos miembros del Gobierno han intentado incluso vincular a las ONG con la financiación foránea a las supuestas «manos extranjeras» que intentan sembrar el caos en el país. El acoso por parte de miembros de las fuerzas de seguridad a algunos extranjeros residentes en El Cairo en los enfrentamientos desatados en la capital tras la tragedia con 74 muertos en un partido de fútbol, parece seguir esa senda.