Ni caso al 'prohibido fumar' de los trolebuses

1952 El cierre dominical de los estancos donostiarras provocó una larga polémica en el diario

MIKEL G. GURPEGUI
Los fumadores ya tenían las primeras dificultades hace sesenta años. ::                             KUTXA FOTOTEKA/
Los fumadores ya tenían las primeras dificultades hace sesenta años. :: KUTXA FOTOTEKA

Parece que las limitaciones al tabaco en los espacios públicos sean cosa de nuestro tiempo. Pero no, en las páginas de DV hace sesenta años ya se hablaba ancho y tendido del tema, entonces centrado en la prohibición de fumar en los trolebuses y el cierre de los estancos los domingos.

Entonces ya estaba prohibido echar un cigarrillo en los trolebuses donostiarras. Claro que había usuarios que no hacían demasiado caso de la norma, según un comentario publicado en 'Sirimiri': «Insistimos, porque los letreros de los trolebuses han insistido en 'Se prohibe fumar'. Y ahora insisten en pintura roja, con letras grandes y tres o cuatro veces en cada coche. Pero ya dijimos que es igual. Tan es así que, ayer, desde la calle San Martín en la parada de las Siervas de María, hasta el Bule, a nuestro lado un viajero se fumó un par de pitillos tranquilamente (...). Lo decimos porque el trayecto parece que no da tiempo a tanto echar humo. Pues se lo fumó, mientras uno miraba alternativamente al cartelito, al fumador y al cobrador, a ver si se daban por aludidos; y nada».

Días después, un artículo de Bilitito volvía al tema, para considerar que el cartelito de 'Se prohibe fumar' «constituye la más regocijante expresión de nuestra intransigencia simple y total. Y lo rechazamos por considerar impertinente intromisión que merma nuestra soberanía individual eso de que la Compañía del Tranvía quiera a la fuerza defender nuestra salud contra los males que causa la combustión, cuando es dado conseguirla, de un Farias más o menos metalúrgico».

En febrero de 1952 los estancos donostiarras habían empezado a respetar el descanso dominical y aún no se había establecido un turno de guardia. Así que arreciaron en el periódico comentarios en torno a los derechos de los fumadores y de los trabajadores de los estancos.

«¿No nos cierran los domingos la plaza de Abastos? Pues también nosotros tenemos derecho a ese descanso», decía «una estanquera muy guapa» desde la columna 'Saski-naski', que firmaba Txibirisko. Claro que después añadía: «Además, con el tabaco tan malo que vendemos, quien sale ganando son los fumadores». Y Txibirisko remataba: «No hay duda de que la estanquera dijo una verdad tan grande como la plaza de toros».

Un lector respondía días después: «Es muy fácil la solución de las estanqueras y estanqueros que desean cerrar los domingos y que nadie pueda envenenarse con el mal tabaco que venden, ni quemarse los dedos con las cerillas, que no son mejores que el tabaco, ni puedan adquirir un sello para una carta, ni otra clase de timbres precisos antes de la tardía hora en que abren el estanco los lunes; no tienen esas señoras más que dejar el estanco, que no faltarán señoras o señores que lo quieran, con la condición de poder cerrar una fiesta sí y otra no durante todo el día. (...) Debería haber algún sitio donde adquirir sellos y timbres varios los domingos por la tarde. Esto es elemental, digan lo que quieran, al igual que funcionan los trenes, los cines, los teatros, los cafés, las confiterías, etcétera, etcétera».