Una SOPA indigesta

JUAN C. CALVI PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS. INVESTIGADOR DE LA FUNDACIÓN ALTERNATIVAS. MÚSICO

La llamada ley SOPA ('Stop On Line Piracy Act'), es un proyecto de ley presentado por el Partido Republicano de EE UU, cuya aprobación se está discutiendo. Esta ley pretende expandir el poder del Gobierno de ese país para combatir lo que comúnmente se denomina 'piratería on line', esto es, la circulación libre y gratuita de contenidos con copyright en Internet. Esto permitiría tanto al Departamento de Justicia de EE UU como a los propietarios de licencias perseguir a sitios web y usuarios de la Red que infrinjan el copyright. De ser aprobada, la ley estipularía como crimen penal la circulación de contenidos sin autorización, con una pena máxima de cinco años de prisión, y habilitaría a los proveedores de acceso a Internet a tomar acciones contra sitios y usuarios. Los que proponen la ley argumentan que así se protegería la propiedad intelectual, puestos de trabajo y ganancias procedentes del copyright. Los que se oponen dicen, por el contrario, que la ley violaría la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana, que protege la libertad de expresión a través de cualquier medio.

Más allá de los argumentos económicos de unos y los morales de otros, lo cierto es que este proyecto de ley no es nada nuevo, y va en la misma línea de la llamada Ley Sinde en España o la ley de Creación e Internet (llamada Sarkozy) en Francia. En este largo y complejo conflicto, lo que se dirime en el fondo es el intento de imponer la lógica económica del mercado del copyright (derecho de copia) en un sistema de comunicación como Internet diseñado precisamente para sortear cualquier derecho exclusivo de copia. Además, y tal vez más importante, los propios usuarios de la Red hemos ido desarrollando hábitos sociales de uso e intercambio libre y gratuito de contenidos. Es necesario evaluar, desde una perspectiva más amplia, que con este tipo de leyes los costes sociales y culturales son mayores que los beneficios para unas pocas empresas e instituciones detentoras del copyright. Es verdad que empresas multinacionales como Google o Microsoft ganan mucho dinero con la circulación libre de contenidos, pero más cierto aún es que no se puede reprimir el comportamiento de millones de usuarios en todo el mundo, tampoco seguir manteniendo un sistema como el copyright que no beneficia a la mayoría de los artistas y creadores, y menos aún presentar leyes tan antipopulares. Hasta el propio presidente Obama estaría en contra. Existen muchas propuestas concretas para salir de este conflicto, más creativas, progresistas y consensuadas, que protegen sobre todo el derecho de los creadores y de los usuarios en la Red. Solo falta la voluntad política para aplicarlas.