El adiós enternece al látigo

Rubén Beloki lloró antes del partido, ganó en su despedida y derramó lágrimas al final. Cerca de 1.200 pelotazales abarrotaron las gradas del Labrit para rendir un emocionante homenaje al zaguero de Burlada

JOSEBA LEZETAPAMPLONA.
Familia. Rubén Beloki besa a su pequeña Ane. A sus costados, Imanol y Amaia. ::                             BUXENS-EICH/
Familia. Rubén Beloki besa a su pequeña Ane. A sus costados, Imanol y Amaia. :: BUXENS-EICH

El látigo de Burlada, el mismo que sometió con autoridad a todos los compañeros que acudieron ayer al Labrit de Pamplona y a otros que no lo hicieron -varios estuvieron en el funeral del padre de los hermanos Olaizola en Goizueta, que era a la misma hora-, se enterneció el día de su despedida. Rubén Beloki lloró antes de comenzar el partido, cuando su cuñado Alfonso Larraia le bailó un aurresku y, con el frontón entero aplaudiéndole puesto en pie, no pudo contener la emoción. También derramó lágrimas al final, cuando sus familiares y amigos bajaron a la cancha para mostrarle su cariño y entregarle unos regalos que guardará con mimo a partir de hoy.

«He tenido demasiadas emociones juntas», confesó Beloki. «El aurresku me ha matado. Lo he pasado fatal. Me ha venido un bajón tremendo y pensaba que no iba a poder darle a la pelota. El momento más bonito ha sido cuando he mirado a la grada y he encontrado a mi familia y a mis hijos. El Labrit se ha portado sensacional conmigo».

Además ganó 22-20 en compañía de Titín a Oinatz Bengoetxea, que jugó los últimos tantos con un tirón en el gemelo de su pierna derecha, y Begino. Fue el adiós soñado. Formó pareja con su coetáneo Titín, otro pelotari que ha marcado época junto al zaguero de Burlada, soltó la derecha como no se lo habíamos visto hacer en los últimos tiempos, firmó un tanto precioso gracias a una cortada de zurda desde el cuatro y, más importante aún, el Labrit registró un llenazo imponente.

Junto a los pelotazales que le han admirado durante sus diecinueve años de profesional -Rubén se retira con 37 después de debutar con 18-, vimos a numerosa gente joven, a muchas parejas con niños de corta edad. Hombres y mujeres, todos listos para brindar la última ovación a Beloki, un campeón dentro y fuera de la cancha. Asegarce repartió 1.500 camisetas conmemorativas.

Mikel Unanue, su botillero durante años, y Juantxo Koka, su delantero en el título de Parejas en 1996, no podían faltar en la cita. Se sentaron en las butacas de cancha junto a Miguel Indurain. También acudieron los tres pelotaris contra los que Rubén ganó sus cuatro títulos manomanistas: Patxi Eugi (1998 y 2001), Fernando Arretxe (1999) e Inaxio Errandonea (1995). El beratarra le hizo entrega de una placa en nombre de Aspe, su empresa rival durante años.

Iñigo Salbidea, que al final le entregó una obra de un escultor alavés, y Roberto García Ariño representaron a Asegarce, que ayer tuvo que dividir efectivos para atender varios frentes. Tampoco faltaron su hermano Alberto, su cuñado José Javier Larraia, Jorge Nagore, Aitor Elkoro, Iñaki Esain, Ritxar Tirapu, Arturo Arbizu, Mikel Goñi, Pedro Martínez de Eulate, Patxi Ruiz de Larramendi y Álvaro Okiñena, que ejerció de juez. Varios de ellos son excelentes amigos del homenajeado.

Jóvenes pelotaris como Andoni Aretxabaleta, Iker Tainta, Javi Oteiza y Ladis Galarza hijo siguieron las evoluciones del festival, en cuyo telonero intervinieron Ekaitz Saralegi, Iñaki Iza, Iker Arretxe y Oier Mendizabal.

Entre los federativos vimos a Javier García Angulo, presidente de la Federación Española, a Montxo Iriarte, presidente de la Navarra, y Baldo Peralta, hombre incombustible de la pelota navarra. Armando Redondo participó en el acto final y entregó un recuerdo a Beloki en representación del club Oberena.

Su inseparable Rafa Mina, el hombre que más partidos de Beloki ha visto con absoluta seguridad, también bajó a la cancha para regalarle un reloj. Se fundieron en un abrazo en el que esta vez las lágrimas no fueron de Rubén, sino de su amigo, cuyo hijo Ander asistió al homenaje con la camiseta que Beloki lució en la última final manomanista que ganó, la de 2001 ante Patxi Eugi.

Óscar Sola y Pedro Bernal, de la cuadrilla de Burlada, le obsequiaron con un cuadro en el que figuran los tacos con los que ganó su primera txapela manomanista, la de 1995, a los 20 años. Los tenían bien guardados.

Otro de los momentos emocionantes de la tarde coincidió con la aparición sobre la cancha de Imanol, Amaia y Ane, los tres hijos de Rubén. Siguieron el festival desde el palco junto a su madre, Marta, y los padres del pelotari, Patricio y Martina. La fiesta terminó en la sociedad Buruslata de Burlada, donde se reunieron 120 personas en torno al homenajeado.

Se va uno de los grandes.

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