Semprún mira desde Biriatou

La colocación de una estela en la 'patria de los apátridas' del escritor y político reunió a familiares y personalidades

RICARDO ALDARONDOBIRIATOU.
Semprún mira desde Biriatou

Desde que estuvo en ella por primera vez, en 1939, para Jorge Semprún esa terraza de Biriatou desde la que podía contemplar «los dos ámbitos a los que pertenezco», y sentirse un poco más cerca de la España que había tenido que abandonar, era no solo un lugar de emociones al que volvió con frecuencia, sino toda una «patria de los apátridas» en la que quiso ser enterrado, como dejó escrito en 'Adiós, luz de verano...'.

Fallecido el pasado 7 de junio, sus restos reposan en Garentreville, cerca de París, pero desde ayer Semprún también está permanentemente en ese jardín, mirando al otro lado del Bidasoa y simbolizado en la estela creada por Eduardo Arroyo y que ayer fue descubierta en un acto en el que participaron, entre otros, la hija del escritor, Dominique, y sus nietos Cecilia, Thomas y Mathieu; el alcalde de Biriatou, Michel Hiriart; el actor Michel Piccoli, el político Joaquín Almunia y Carmen Claudín, hija del que fue dirigente del Partido Comunista de España, Fernando Claudín.

También acudieron al homenaje otros políticos y amigos de Semprún, como la ministra de Cultura Ángeles González Sinde, los exministros Carlos Solchaga y Claudio Aranzadi, el catedrático y político José Ramón Recalde y la librera María Teresa Castells, el exparlamentario y librero Ignacio Latierro, la presidenta de la Sociedad Estatal de Acción Cultural Española Charo Otegui, así como los compañeros de Semprún en el campo de concentración de Buchenwald, Virgilio Peña y Vicente García.

El acto de recuerdo a Semprún que organizaron los familiares y amigos se convirtió también en un homenaje al recientemente fallecido Javier Pradera, otro de los intelectuales y amigos fundamentales en la biografía de Semprún. Su hijo Máximo Pradera acudió al acto aunque, afectado por las circunstancias, no hizo de conductor del evento como estaba previsto.

El descubrimiento de la estela por parte del alcalde de Biriatou y los familiares de Semprún, fue especialmente emotivo, sobre todo en el momento en que sonó por los altavoces 'Les feuilles mortes' cantada por Yves Montand. Afloraban recuerdos en muchos de los presentes de una época en París a la que se aludió en las distintas intervenciones, dentro de la amplia trayectoria de «resistencia a la dictadura» de «un gran humanista y escritor, que fue testigo y memoria de la segunda mitad del siglo XX», según resumió el alcalde Michel Hiriart. Una época de «largas discusiones políticas en ese piso, mágico para mí, de Boulevard Saint-Germain, que me dieron el poso intelectual que sólo te aportan quienes han vivido intensamente la Historia», como recordó Carmen Claudín, agradeciendo la acogida que Semprún dio a su padre y su familia «en aquellos tiempos tan difíciles».

Tres rojos españoles

Claudín recordó la unión amistosa e intelectual de Jorge Semprún, Javier Pradera y Fernando Claudín. «Nadie como ellos han representado mejor la superación de la España dividida». Y recordó las tres cosas fundamentales que tenían en común: «La lucha por una España democrática, la exigencia intelectual y personal y, no menos importante, el sentido del humor. A ello Jorge aportaba su experiencia en los campos nazis; Fernando, la experiencia íntima de la perversiones del modelo soviético; y Javier, la experiencia directa de la nueva España». Y manifestó Carmen Claudín su convicción de que «Fernando y Javier estarían de acuerdo en que se les recuerde como Jorge dejó escrito que quería ser recordado: un rojo español».

Cecilia, Mathieu y Thomas, los nietos de Semprún, recordaron la figura de su abuelo, tanto desde el punto de vista intelectual y político como desde el íntimo. Entre lágrimas, recordaron, por ejemplo, el descubrimiento de que su abuelo era español, y también recrearon su sentido del humor.

Michel Piccoli empleó su maestría como actor para reproducir las sutilezas entre el drama, la emoción y el humor de los textos de Jorge Semprún que había seleccionado en el ejemplar de 'Adiós, luz de veranos' que sacó del bolsillo de su abrigo. Y elevó la vista al leer las palabras «sol estival», aludiendo al sol que lucía en la mañana invernal dotando de la luz perfecta al paisaje tan admirado por Semprún.

Además de contar alguna anécdota relativa a una huelga general a la que, paradójicamente, se tuvieron que enfrentar como ministros, y las discusiones entre ellos que eso provocó, Joaquín Almunia definió a Semprún como «un punto de referencia clara para todos los europeos, y un magnífico político y ministro de Cultura español. Su vida estuvo sobre todo dedicada a recuperar la libertad de España, pero también a su idea de una Europa que debe ir más allá de los territorios y las instituciones y en las que todos podamos participar».

Ángeles González Sinde mostraba después del acto su admiración por un intelectual con el que comparte las facetas de guionista, escritora y ministra de Cultura. «Dio un prestigio a este puesto que nadie le ha dado posteriormente. Pero además, como escritor, se esforzaba por distinguir lo verdadero de lo falso. Y en una época en la que hay tantos simulacros, en el arte, la literatura y el cine, y tanta gente intenta aparecer como un verdadero artista, gente como Semprún, Arroyo o Pradera, representa una generación que ha marcado una diferencia enorme en la historia de la cultura de España. Y los libros de Jorge Semprún están llenos de indicaciones para saber vivir».

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