«Barandiarán ha robado muchas cosas a la muerte»

Un ciclo de charlas actualizará el rico legado del sabio de Ataun. Las conferencias, que darán comienzo esta tarde en su localidad natal, conmemoran el vigésimo aniversario de su fallecimiento

N. AZURMENDISAN SEBASTIÁN.
Lezetxiki. Jesús Altuna y José Miguel de Barandiarán en esa cueva de Arrasate, en 1967. ::
                             ELÓSEGUI/
Lezetxiki. Jesús Altuna y José Miguel de Barandiarán en esa cueva de Arrasate, en 1967. :: ELÓSEGUI

'Patriarca de la cultura vasca' es un título tácitamente reservado a José Miguel de Barandiarán, y no sólo porque sea ese el título de una biografía escrita por su sobrino Luis Barandiarán Irizar y publicada en 1976. En poco menos de un mes se cumplirán dos décadas del fallecimiento de Barandiarán, que sobrevino cuando al sabio de Ataun le faltaban tal solo diez días para cumplir los 102 años pero, tal como asegura su discípulo y colaborador Jesús Altuna, «su obra permanece perfectamente en pie» y, en algunos aspectos, «queda engrandecida» por el paso del tiempo.

El arqueólogo guipuzcoano, que sigue desempeñando su actividad investigadora tras haberse jubilado en 2002 como catedrático de la UPV-EHU, participará en las próximas semanas en un ciclo de charlas divulgativas organizadas por la Fundación José Miguel de Barandiarán, de cuyo Patronato es miembro. El objetivo de la iniciativa no es otro que actualizar la figura y el legado intelectual y humano de Barandiarán, un trabajador riguroso e incansable así como «un testigo privilegiado del siglo XX».

El ciclo de cinco charlas, que dará comienzo esta tarde en Ataun y finalizará el 1 de diciembre en San Sebastián, aborda a tres voces otras tantas facetas indisociables en la obra y la vida de Barandiarán: su trayectoria personal y su actitud vital, su aportación a la antropología vasca y la relación entre ciencia y fe religiosa en el siglo XX, vinculada a su condición de sacerdote. En cada una de las sesiones, que comenzarán con un vídeo introductorio de quince minutos, se sucederán las intervenciones de Jesús Altuna, la antropóloga Concepción de la Rúa y el teólogo Joxe Arregi.

Un sabio que hizo escuela

Jesús Altuna no tiene ninguna duda acerca de la vigencia de la aportación de José Miguel de Barandiarán, a pesar del tiempo que ha transcurrido ya desde su desaparición y de que la imagen que de él guarda la mayoría de la población sea «la de un anciano de más de noventa años que ya no tenía la energía y el coraje que le caracterizaban a los 50 ó 60 años». No obstante, subraya que «a Barandiarán hay que juzgarle en su momento. Evidentemente, han surgido métodos nuevos que él no pudo aplicar, pero eso no quita ni añade nada a su figura». Una figura que, «yo creo que permanece perfectamente bien y, sobre todo en el aspecto etnográfico, se ha engrandecido».

Altuna considera que la actividad etnográfica de su maestro fue incluso más importante que la actividad prehistórica, porque recogió «en muchos caseríos del país algo que entonces estaba muriendo y ya está muerto. Él conoció viva la mitología de este país, y si no hubiera recogido ese acervo cultural ni tan siquiera lo habríamos conocido». «Por eso yo digo muchas veces -destaca Altuna-, que Barandiarán ha robado muchas cosas a la muerte, que es la cosa más grande que puede hacer un hombre».

La conciencia de que su esfuerzo por recuperar lo que desaparecía era una lucha contra el tiempo le llevó a dedicarse más intensamente a la etnografía -«la descripción de un pueblo»- que a la etnología -«el estudio comparado de distintas culturas»-, centrándose tanto en «recoger fielmente el material» como en desarrollar la metodología para hacerlo, todavía vigente y en uso por parte de los grupos Etniker, que él mismo creó. En consecuencia, «hay un material extraordinario para que los antropólogos puedan seguir trabajando sobre él».

Y es que «tanto en el campo de la Prehistoria como en el de la etnografía, Barandiarán originó varias escuelas», de manera que garantizó la continuidad del ingente trabajo que él mismo desarrolló a lo largo de varias décadas y que ahora sus discípulos -«aquellos alumnos universitarios que terminábamos nuestras carreras en los años sesenta, que pasamos a ser profesores y ya nos hemos retirado...»- hayan añadido a su vez otro eslabón a la cadena que inició José Miguel de Barandiarán. De hecho, tal como lo está haciendo el propio Altuna en Ekain, los arqueólogos siguen trabajando en muchos de los yacimientos que halló y comenzó a excavar el maestro de maestros.

Sin embargo, el legado de Barandiarán no se ciñe a los logros científicos. Altuna destaca valores como su «honestidad absoluta» que le llevaba a admitir sin reticencias que podía ser necesario variar alguno de sus presupuestos. Es lo que hizo, por ejemplo, con una sugerente y muy difundida teoría ideada por su inseparable Telesforo de Aranzadi y asumida por Barandiarán en base al hallazgo de tres cráneos en la cueva de Urtiaga, supuestamente correspondientes en función de los estratos en los que habían sido encontrados a tres épocas distintas y distantes en el tiempo: la que sostenía que el hombre vasco no llegó de ninguna parte, sino que se desarrolló aquí mismo a partir del cromagnon. Altuna tenía sus dudas y en 1988 hizo datar fragmentos de los cráneos para llegar a la conclusión de que todos eran coetáneos y de que, como suponía, las difíciles condiciones en las que había trabajado Barandiarán le habían inducido a la confusión. Con 98 años, Barandiarán les urgió a rectificar una idea que había mantenido durante años. «Era un científico extremadamente serio y honesto», remarca.

A pesar de los malos tiempos que complican la evolución de proyectos como el Museo Barandiarán de Ataun o la edición de su diario personal, la Fundación Barandiarán sigue trabajando por evitar que el tiempo vaya borrando el legado de don José Miguel a través de iniciativas como el ciclo de conferencias que esta tarde comienza en Ataun.

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