A las tres en casa para conciliar

Empresas vascas dan ejemplo de conciliación. «No sólo es posible, sino que es rentable». Directivos y expertos defienden en el Kursaal un cambio de cultura para racionalizar los horarios laborales

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.
Ana Bujaldón, Carmen Gallardo (moderadora), Javier Elzo, Alberto García Erauzkin y Ana Andueza, ayer en el Kursaal antes de iniciarse el debate. ::                             USOZ/
Ana Bujaldón, Carmen Gallardo (moderadora), Javier Elzo, Alberto García Erauzkin y Ana Andueza, ayer en el Kursaal antes de iniciarse el debate. :: USOZ

Vaya por delante que quien espere encontrar en este reportaje algún mensaje inédito sobre las políticas de conciliación no verá cumplidas sus expectativas. Probablemente sí se le pongan los dientes largos y sienta envidia de quienes ya se benefician de una cultura laboral tan lógica como resistente en la mentalidad de muchos directivos. Porque de lo que se trata no es de revelar una receta secreta, sino de recalcar las ventajas «para el trabajador y también para la empresa» de contar con un horario laboral racional hasta que cale definitivamente esa filosofía en todas las compañías. Con ese empeño se han reunido por sexto año consecutivo expertos y directivos concienciados en el Congreso nacional para racionalizar los horarios que se celebra hasta hoy en el Kursaal. «La conciliación no es ninguna utopía. Funciona y hay que contarlo», anima Alberto García Erauzkin, consejero director general de Euskaltel, que ha vivido en su propia persona esa transformación de directivo escéptico a defensor acérrimo de los planes de empresa que conjugan el verbo mágico.

La primera sesión de trabajo del congreso se convirtió en una especie de clase de pedagogía sobre la conciliación, con mucha retórica al respecto pero también ejemplos prácticos para motivar a los más recelosos. El mensaje fue insistente: «Conciliar no sólo es posible sino que es rentable». Alberto García Erauzkin habla con conocimiento de causa. Euskaltel, la empresa en la que trabaja, arrancó este año con una 'revolución' en su forma de trabajo. Asesorados por la consultora Deloitte y tras participar en un programa piloto de la Consejería de Asuntos Sociales del Gobierno Vasco, el 80% de los 550 empleados de la empresa de telecomunicaciones vasca concentró la jornada laboral entre las 7.30 y las 15.15 horas. Adiós a las jornadas partidas, a las pausas para comer de dos horas y a la vuelta a casa cuando ya se ha hecho de noche sin tiempo para ver a la familia. El resto de la plantilla no pudo acogerse al deseado horario por desempeñar una labor incompatible con una jornada continua (servicios de asistencia 24 horas, por ejemplo), pero sí son recompensados con más horas libres a cambio, explica García Erauzkin. El resultado once meses después satisface a las dos partes, a empleados y a directivos. «Hemos logrado un mayor rendimiento de nuestros trabajadores, se han reducido los desplazamientos en automóvil y con ellos la siniestralidad. Incluso muchos padres nos han comentado que el rendimiento escolar de sus hijos ha mejorado porque ahora les ven más», asegura.

Begoña Murguialday decidió intentar poner en marcha por su cuenta todo lo que echaba de menos en su puesto en la Administración. Hace dieciséis años creó la empresa Murgibe, una consultora que trabaja con empresas e instituciones que promueven la igualdad de oportunidades. Como responsable de la compañía predica con el ejemplo. «Trabajamos 35 horas a la semana, no hay horarios de entrada ni de salida, los tiempos de ausencia no se recuperan, hay dos periodos de descanso obligatorios, en Navidad y Semana Santa para oxigenar la mente que siempre hace falta, tenemos más días de permiso por fallecimiento de algún familiar... Muchos dirían que a pesar de todo nos va muy bien. Yo digo que es gracias a todo eso que estamos así», relató ayer.

Como empresaria, pero sobre todo como mujer, habló Ana Bujaldón, presidenta de la Federación española de mujeres directivas, ejecutivas, profesionales y empresarias (Fedepe). «El problema de la conciliación es hoy por hoy más problema para las mujeres que para los hombres», denunció. La estadística no invita a levantar las campanas al vuelo, más bien a reconocer la desigualdad de género en el mundo laboral y las distancias todavía insalvables respecto a otros países europeos en los que la conciliación pasa desapercibida dentro de la normalidad cotidiana. «Seamos sinceros. Cuando se crean las facilidades para compaginar la vida laboral y familiar están pensadas para las mujeres. Son facilidades que permiten compaginar ambas facetas, pero impiden el desarrollo de una de ellas, la carrera profesional. La doble carga de obligaciones agota el tiempo, agota esa dedicación extra que la empresa demanda a directivos y a los puestos de responsabilidad». Bujaldón citó una encuesta de Adeco a mujeres directivas. Casi la mitad de las ejecutivas renuncia a la maternidad. La tasa de natalidad en este colectivo es de 0,54 hijos frente al 1,3 de la media nacional. «Aún sentimos impuesta la elección entre el desarrollo familiar y el desarrollo profesional».

Hay más peligros que acechan para lograr una conciliación real. Bujaldón alertó de la doble cara de las nuevas tecnologías: «Internet elimina la anacrónica necesidad de la presencia física en la oficina. Sin embargo, puede ser una trampa porque las jornadas se dilatan hasta el infinito ya que existen las herramientas para trabajar a cualquier hora, en cualquier lugar y situación. No parece la solución. Hay que aportar flexibilidad a los horarios pero no ampliarlos las 24 horas al día».

«Una sociedad más justa»

Ana Andueza, socia de la consultora Deloitte, puso más cifras al debate para reforzar la petición del «necesario cambio» en la cultura empresarial, anclada en las jornadas interminables que los expertos y las nuevas generaciones cuestionan. España es una 'rara avis' en el modelo laboral, nada de lo que alardear, todo lo contrario. «España es uno de los países de Europa en los que más horas se trabaja y sin embargo tiene los datos de productividad más bajas», en concreto, 232 horas más de trabajo al año. Andueza confía en que la reflexión que se ha abierto desde hace algunos años sobre esta cuestión ha abierto el camino a «una nueva era». Pero queda casi todo por hacer. Como regla general, dice que no se puede aplicar un mismo modelo de conciliación para todos, porque no todos pueden conciliar de igual manera. «Las medidas homogéneas no son factibles. Habrá que atender a las necesidades de cada empresa, pero todas sí pueden conciliar», aclara.

El sociólogo Javier Elzo reflexionó sobre la conciliación como uno de los valores necesarios para una sociedad más justa. «La cuestión de los horarios remite a un modelo de sociedad más justo, más amable, más humano y más responsable. Modelo que no existe en la realidad y que debemos crear. Quizá la crisis sea una oportunidad de oro para vislumbrar esa sociedad. Es el reto para las nuevas generaciones porque la nuestra ya ha mostrado su absoluta incapacidad para lograrlo».

A Joaquín Nieto, director de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), le tocó cerrar el turno de intervenciones antes de que se iniciara un breve debate. Nieto hizo un repaso histórico al papel de la OIT, cuya primera decisión legislativa se refirió precisamente a la regulación de los horarios de la sociedad industrial de principios del siglo XX. «La conciliación no es un asunto privado de las personas, sino que implica una responsabilidad social de los Estados y de los gobiernos», defendió. Convencido de que el modelo laboral del futuro «no tiene por qué ser como el presente», cree conveniente afrontar el reto del futuro sin perder más tiempo, que es de lo que se trata.