Científicos por un día

La carpa de la Semana de la Ciencia estará hoy abierta en Donostia. Experimentos químicos, robots y bicicletas que generan energía llaman la atención de los asistentes

ANE ROTAECHESAN SEBASTIÁN.
Robótica. Unos estudiantes observan con curiosidad las 'tripas' del robot en uno de los stands. ::                             LUSA/
Robótica. Unos estudiantes observan con curiosidad las 'tripas' del robot en uno de los stands. :: LUSA

Un perro robótico que es capaz de comunicarle a su dueño su estado de ánimo o una cocina que sólo necesita luz solar para freír unas txistorras son algunos de los inventos que han podido conocer estudiantes del segundo ciclo de ESO y de bachiller. Centenares de alumnos de 30 colegios guipuzcoanos sustituyeron ayer y el jueves pupitres, bolígrafos y libros por robots, experimentos químicos y juegos de matemáticas con motivo de la cuarta edición de la Semana de la Ciencia, organizada por la Universidad del País Vaco y Euskampus, que han instalado una carpa en la parte trasera de la catedral del Buen Pastor, en Donostia, y que estará abierta a los curiosos hasta las ocho de la tarde de hoy.

Txistorra solar

La carpa era el escenario ideal para ver y experimentar los conocimientos adquiridos durante horas de estudio, el momento en el que lo aprendido se convirtiera en diversión. Once stands en los que niños y curiosos pueden probar su conocimiento de ciencia, robótica, química, física e incluso conocer nuevos inventos usando energías renovables.

Una de las energías por la que apuestan es la que producen los rayos de sol. A media mañana de ayer un olor a txistorra empezó a expandirse por la carpa. No se trataba de un adelanto de Santo Tomás sino de la demostración de lo que es capaz de hacer una cocina que funcione con energía solar y que alcanza los 60 watios.

Además, sobre ruedas también se puede demostrar otra energía. Uno de los alumnos se monta en una bicicleta que es capaz de poner en marcha un radiocasete pedaleando. José Javier San Martín, experto en energías renovables, comenta que la bicicleta capaz de encender lámparas, calentar agua o de poner en marcha la música es lo que más sorprende a los estudiantes.

Eso sí, se asombran cuando al dejar de pedalear la música para. «Esto es posible porque la bicicleta tiene un generador eléctrico. Queremos demostrar con este tipo de inventos que hay mucha energía que podríamos generar que se pierde», explica San Martín. «Sería ideal que la gente se diese cuenta de que en los gimnasios podrían instalarse bicicletas que generen electricidad para después venderla a compañías eléctricas», comenta.

Una de la zonas que más quebraderos de cabeza da a los asistentes es la de matemáticas. Tres alumnos escuchan atentos las explicaciones de Ohiana Gómez para jugar a un juego de piezas de madera en el que tienen que averiguar la fórmula de cómo mover las piezas desplazando solo la que se encuentra en la parte superior. «Esto es un lío de la leche, yo pensaba que no íbamos a pensar al venir aquí», dice entre risas uno de los estudiantes que intenta averiguar la fórmula.

«La idea de estos juegos es que relacionen algo divertido con las matemáticas. Este juego tan simple puede serviles para poner en práctica conceptos que aprenden en clase», explica Oihana, estudiante de empresariales.

En algunos casos sí descubren la diversión en este pequeño desafío: «El juego de las piezas es uno de los que más me ha sorprendido. En el cole soy bastante mala con las matemáticas y aquí, en cambio, se me ha dado bien. Me encantaría que en clase pudiéramos hacer cosas parecidas a las que hay aquí», comenta Mariana Lungu.

Robot asesino

«¿Es posible crear un robot asesino?». Fue una de las preguntas en la sección de robótica. «Quizá sea porque han visto demasiadas películas», reflexiona Borja Ayerdi, doctorando y licenciado en informática. Este experto cuenta que «la robótica les apasiona a los que vienen porque es algo muy visual, aunque también depende de los alumnos que vengan. Lo que más notamos es si son chico o chica y la edad. Los más pequeños se sorprenden mucho».

En el stand de robótica cuando Imanol, estudiante de Bachiller, extiende un brazo, un robot pequeño del tamaño de un coche teledirigido se desplaza a un lado. Mientras, los alumnos observan con sorpresa. «No sabía que podías mover un robot sólo con las manos», comenta la estudiante de bachiller Maitane Ogan. Además de estos robots, cuentan también con un perro robótico que es capaz de reconocer a su 'dueño' y manifestar su estado de ánimo por el color que se tenga en su hocico.