El bohemio, de Elgeta a Loiola

El pintor Pablo Uranga vivió en Loiola sus últimos años. Su nieta y su nuera ponen en valor la obra y vida de este artista que se afincó en Ciudad Jardín

IÑAKI MIGUEL CAMIOSAN SEBASTIÁN.
Vista de la villa Urtxo, que el pintor construyó en 1927. ::
                             AISSE MC/
Vista de la villa Urtxo, que el pintor construyó en 1927. :: AISSE MC

Aunque no nacido en Loiola, pasó sus últimos años de su vida en el barrio. Pablo Uranga, conocido también como 'el bohemio de Elgueta', construyó su casa en Ciudad Jardín, y en ella pintó sus últimas obras. Su nieta Elena Uranga y su nuera Mariasun Aizpiri lo recuerdan.

Pablo Uranga Díaz de Arcoya nace en Vitoria en 1861 en el seno de una familia de origen militar y carlista. Sus padres murieron jóvenes, y Pablo se criaría con su madrastra, y mantendría una estrecha relación con su abuelo José Ignacio, general carlista. Desde pequeño destacó en el dibujo. «Era un niño despistado en el colegio, y frecuentemente castigado. Esa era su diversión, pues era entonces cuando aprovechaba para dibujar», relata Mariasun Aizpiri.

Comenzó a tomar lecciones de pintura en Vitoria con el profesor Soubrier, para más tarde trasladarse a Madrid, donde ingresó en la Academia de San Fernando, recibiendo allí clases de eminentes profesores, que pablo completaba con sus continuas visitas al Mueso del Prado, «su gran escuela», donde quedaba entusiasmado contemplando las obras de Goya o de Velázquez.

Influenciado por el escultor Paco Durrio, Uranga se mudó a París, donde perfeccionó y desarrolló considerablemente su talento artístico. Allí expuso y conoció a quien se convertiría en su gran amigo: el pintor Ignacio Zuloaga. Como su nieta Elena, «no sólo fueron uña y carne, sino que Zuloaga confiaba en la crítica del abuelo para con sus obras. Ambos poseen distintas versiones de obras o temas similares». Juntos realizaron diversos viajes artísticos por Castilla y Aragón, o el gran viaje a Estados Unidos donde visitaron Nueva York, Miami, Palm Beach, o incluso La Habana, donde tuvieron mucho éxito y vendieron muchas obras.

«Tenía buen ojo»

«El abuelo tenía buen ojo para elegir modelos, figuras para representar», afirma Elena. Según los críticos, Uranga hacía en un boceto en un santiamén. Zuloaga, sin embargo, era más lento y terminaba mucho sus cuadros, a diferencia de Uranga, que a veces no llegaba a terminar sus obras. A su vuelta de París se instaló en Elgueta junto con su madrastra y su tío Bernardo Uranga, cura párroco de la Iglesia. Se casó con la maestra Prudencia Lejarreta, y tuvieron dos hijos: María Fernanda y Pablo.

En busca de tranquilidad, de un mejor lugar, y tras pasar primero por Okendotegi o Eguzki-Eder en Martutene, fue en 1927 cuando los Uranga se instalaron en la casa que mandó construir en Ciudad Jardín de Loiola. La villa se llamó Urtxo. Allí el pintor trabajó hasta el final de sus días. También frecuentaba el merendero del Atxiki, así como el frontón, donde a sus 70 años desafió a unos jóvenes a un partido de pelota, que tanto le apasionaba. Este hombre «despreocupado, que pensaba sólo en el arte, que vivía de grandes ilusiones», como lo recordaba su hijo, fallecería tres años después.

Uranga era impresionista. Pintó fundamentalmente con óleo, aunque también hay alguna acuarela. También hizo bastante dibujo. Es conocido entre los que saben de pintura, y aunque no tuvo la proyección internacional de su amigo Zuloaga, queda patente la calidad artística de Uranga. Le gustaba el tema histórico y religioso. Iglesias de Mondragón, Eskoriatza, Tolosa o Lasarte están decoradas con sus obras. Estas se encuentran repartidas por todo el mundo, y se pueden subrayar algunas como 'Autorretrato', 'La batalla de Vitoria', 'El prendimiento del General Lyniers', 'El entierro', 'Las banderillas del ostión', 'Los bodegones', 'La familia', 'La gigantesca', 'La vendimia' o 'El Anticuario', ésta última obra favorita de su nieta Elena.

Su biógrafo Mauricio Flores Kaperotxipi afirmaba que «si Uranga hubiera tenido un poco de sentido práctico de cara a promocionar su obra como la tuvo Zuloaga, podría haber llegado a ser un artista de gran fortuna, porque lo principal ya lo tenía: ser pintor de altísimo rango».

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