«Aún no es bueno decir que eres gitano»

Una asociación difunde en Gipuzkoa valores positivos del colectivo frente a prejuicios. «Existe una leyenda urbana de que todos los gitanos vivimos de ayudas sociales y que somos malos vecinos, pero no es cierto», aseguran

JUANMA VELASCO JMVELASCO@DIARIOVASCO.COMSAN SEBASTIÁN.
Visibles. María y Rafael Jiménez, gitanos donostiarras que trabajan de mediadores culturales. ::                             MICHELENA/
Visibles. María y Rafael Jiménez, gitanos donostiarras que trabajan de mediadores culturales. :: MICHELENA

Algunos trabajan en puestos de relevancia, son profesionales reconocidos, otros tienen carreras universitarias... «Pero muchos de ellos son invisibles». De hecho, aunque todos sienten un especial orgullo de pertenencia, «hay personas que, a pesar de ser gitanas, no lo dicen. Vivimos en una sociedad en la que todavía no es bueno decir que perteneces al pueblo gitano, porque no te va a ayudar. Al contrario, puede ser perjudicial».

Rafael Jiménez, gitano, donostiarra casado y con dos hijos, trabaja como educador y mediador intercultural. Él es gitano y lo grita a los cuatro vientos. Forma parte de la Asociación gitana por el Futuro de Gipuzkoa, un colectivo que trabaja para que la «percepción de la sociedad hacia los gitanos sea más amable. Para que dejemos de ser invisibles, sepan que participamos y que nos tomen en cuenta». La asociación cerró ayer en Donostia unas jornadas en la UPV, en las que se ha abordado la cultura e historia gitana.

En la actualidad no existe un censo concreto, aunque según un estudio «hace unos años cerca de 3.000 personas» pertenecían al pueblo gitano en Gipuzkoa. Pueblo gitano, sí, «porque somos un pueblo con una cultura, identidad y una lengua; términos como raza o etnia tienen otras connotaciones», aclara Jiménez.

Y forman parte de la sociedad guipuzcoana. «No somos un parche ni una cosa rara. Somos una parte activa de la sociedad, que genera riqueza aunque no se vea», aseguran.

Rafael Jiménez no quiere hablar de la palabra integración, porque «tiene connotaciones de asumir, asimilar, lo que quizás conlleva a perder una parte de tu identidad o tu cultura». Como dice, «no tenemos por qué dejar de ser gitanos para formar parte de esta sociedad y ser ciudadanos de pleno derecho».

Lamentablemente, la realidad no concuerda con este deseo. «Todavía sigue habiendo prejuicios y los estereotipos que hay siempre son negativos», asegura.

Jiménez no tiene que pensar mucho para poner ejemplos porque «a los gitanos se nos pide un plus en todo». Según explica, todavía hay problemas para poder alquilar una vivienda. «Siempre existirá una persona con prejuicios de que si les viene a vivir unos gitanos encima les va a pasar algo. Se nos asocia a todos con casos concretos de personas gitanas, que no saben convivir y han generado un conflicto vecinal. Pero lo mismo pasa con los payos. Lo que ocurre es que cuando es gitano es un agravante, se amplifica más e incluso sale en los medios de comunicación», afirma.

También hay problemas en el mundo laboral. «Cada vez hay más ejemplos de personas del pueblo gitano con puestos importantes en empresas, con carreras universitarias». Pero son invisibles. «Se usa la palabra gitano como algo peyorativo y se asocia a una clase social. Si es gitano y ocupa un buen puesto, es como si ya no fuera gitano. Son personas que tienen vecinos que les dicen que ellos no son como los gitanos. Personas que, cuando acuden a una reunión de negocios, quizás no le interesa decir que son gitanas, porque quien está en frente puede tener prejuicios», añade Jiménez. Este donostiarra pide al resto de gitanos que «no se escondan ni se sientan mal» por ser gitanos.

El 99%, escolarizados

Aunque la situación del pueblo gitano en Gipuzkoa ha cambiado mucho en los últimos años, todavía hay muchas familias que viven en la pobreza. «Es más fácil entrar en la exclusión cuando perteneces a una minoría», explica Rafael Jiménez.

En su trabajo de mediador y educador, conoce de primera mano la realidad de estas familias. «La problemática del pueblo gitano es la misma de cualquier persona usuaria de los servicios sociales. Las necesidades son las mismas: vivienda, salud, higiene... pero agravadas por situaciones de marginalidad y por la crisis», añade el educador.

De hecho, existe una «minoría gitana que sigue dependiendo de servicios sociales y es la que genera la leyenda urbana de que todos los gitanos viven de las ayudas sociales, que les dan pisos... Cuando la realidad es distinta».

Como ejemplo, «el 99% de los niños está escolarizado». Eso sí, otra cosas son los índices de fracaso escolar, «que es más alto», o la menor cantidad de menores capaces de terminar todo el ciclo educativo porque existe una problemática detrás en la familia. «Vamos dando pasos, lo que ocurre que son pequeños. Nuestra cultura siempre ha sido muy machacada por la sociedad mayoritaria y la forma de defender esa cultura ha sido cuidarnos desde dentro, desde nuestro propio etnocentrismo», afirma.