La feriante

B.T.

Este documental de absoluta carretera y manta tiene un toque hipnótico. Te jala hacia la pantalla por sus personajes, esas gentes que de feria en feria van con su pista de autos de choque cargada en los camiones, conducido el convoy por una gitana con mucho conocimiento de la vida y sus alrededores. Te jala por su habla, por su fala, por su parla, ese gallego salpicado de portugués y castellano. Te ata bien corto a la butaca hasta por el olor de los spaguettis que prepara Lourdes en la roulotte. Por su humor, con más capas que un quelonio. Te mantiene con los ojos abiertos y el corazón bombeando a gusto porque lleva una banda sonora corta, precisa, bien colocada. Porque la cámara, que es también de Sandra, directora, guionista y feriante mientras duró el rodaje, consigue no sólo un puñado de retratos soberbios, con aristas, curvas y volúmenes sino imágenes de esa clase de cine que embraga y rueda.