¿Quién puso la Virgen en el espino?

La imagen que se venera hoy en Arantzazu es la que, según la tradición, apareció en 1469. El cencerro y el trozo de árbol son también los originales, según la tradición

FELIX IBARGUTXI

Según la tradición, en Arantzazu, al contrario de Lourdes y Fátima, la Virgen no se apareció en forma de ser sobrenatural, sino que lo que vio el chaval Rodrigo del caserío Baltzategi era una pequeña talla de piedra de la Virgen con el niño, entre las ramas de un espino albar. Se acercó a la zona porque oía el sonido intermitente de un cencerro. Esa escultura es la que hoy mismo se ve sobre el altar del santuario de Aran-tzazu, en medio del fantástico retablo de Lucio Muñoz. Y al lado de la talla mariana, tenemos el cencerro que también según la tradición estaba junto a la virgen en aquel día de 1469, y un trozo del árbol milagroso.

La Virgen de Arantzazu es la patrona de Gipuzkoa desde el año 1918. La tradición se basa, en buena parte, en la crónica que escribió cien años más tarde el historiador guipuzcoano Esteban de Garibay y Zamalloa. En su 'Compendio Histórico', publicado en Amberes en 1571 se puede leer esto: «En este año de mil cuatrocientos sesenta y nueve, uno más o menos, un mozo que guardaba ganado, llamado Rodrigo de Balzátegui, hijo de la casa Balzátegui, de la vecindad de Uribarri, jurisdicción de la dicha villa de Oñate, guardando las cabras de su casa, en las faldas de la dicha montaña de Aloña, un día sábado, que es dedicado a la Virgen María, descendió por sus vertientes abajo, guiado por la mano de Dios, a lo que piadosamente se debe creer. Cuya inmensa majestad, siendo servido que en adelante fuese en aquel desierto perpetuamente loado y ensalzado su nombre, y el de la Reina de los ángeles.».

Este lugar es descrito por el cronista Garibay como «un desierto». Más tarde, en 1648, el historiador franciscano Gaspar Gamarra vuelve describir el Arantzazu del siglo XV como un sitio inhóspito. Pero seguramente ambos exageraban. Los bosques circundantes abastecían de carbón vegetal a las ferrerías de Oñati, y la actividad ganadera sería intensa en todos los rincones de la sierra de Aizkorri. Además, cerca de allí pasaba la Calzada de Calahorra, que unía Álava y Gipuzkoa.

Lugar inhóspito o sitio de trajín, la tradición dice que apareció la imagen de la Virgen en un árbol de la variedad espino albar (en euskera, 'elorri'). En el santuario, hoy la talla está situada sobre un trozo de madera que sería del árbol en cuestión. Todo el conjunto (la imagen, el trozo de árbol y el cencerro) ha llegado hasta nuestros días pese a que el santuario ha sufrido tres incendios devastadores: el primero, de 1533, involuntario; el segundo, de 1622, también fortuito; y el tercero, de 1834, totalmente planeado. Un batallón liberal, denominado «voluntarios de Gipuzkoa», redujo a cenizas todas las edificaciones, por suponerse a los franciscanos del lugar colaboradores de las tropas carlistas. Luego, además, vendría la desamortización de Mendizabal, por la que los frailes debieron abandonar el lugar. En 1846 fue devuelta la imagen de la Virgen a Arantzazu, tras haber permanecido en Oñati durante doce años.

Todavía hoy, los oñatiarras dicen que «la Virgen, cuando estaba en Oñati, quería volver a Arantzazu, y se escapaba».

También dice la tradición que con la Virgen se inició una nueva etapa en Gipuzkoa. Se acabaron las gueras entre bandos, que tanto dolor habían generado, y comenzó a llover, tras dos años de fuerte sequía.

De piedra y de nueve kilos

Se trata de una talla de piedra, de 36 centímetros y nueve kilos de peso, tenuamente policromada . El estudioso del arte Edorta Kortadi la describe así: «Es una imagen sedente, perteneciente a la tipología de Vírgenes con niño, denominadas en e l País Vasco 'Andra Mari', que había que situar en periodo tardorománico o de transición, siglo XIII, y según algunos historiadores, en el siglo XIV-XV, ya en el estilo gótico. La imagen, de 36 centímetros, representa a la madre coronada, con la manzana o bola del mundo en una mano y acogiendo al niño desnudo en la otra. De rostro sereno tanto la madre como el Hijo, poseen ambos una ligera sonrisa y una mirada vívida. Vestidos con pliegues un tanto rígidos, pero ya tendentes a un mayor naturalismo. La imagen bien podría haber sido retocada en periodos posteriores, a finales de la Edad Media o más cerca de nuestros días. Así lo vio el Padre Lizarralde y así lo ven los especialistas de hoy en día».

A lo largo de varios siglos, la imagen ha sido venerada recubierta de mantos y joyas que apenas dejaban a la vista los tres elementos báscicos: la cabeza de la Virgen y su mano sosteniendo la bola, y la cabecita del Niño Jesús. Pero en 1963 fue devuelta a su estado primitivo e instalada en e l camerín de la mitad del retablo de Lucio Muñoz. Esa estancia había sido diseñada por el propio artista madrileño.

Bitoriano Gandiaga (1928-2001) la describió así:

irribarrezko harri

triste t'hotzezkoa.

Elorrian zagoz

irribarrezo triste

irribarrezkoa.

El poeta la vio «con una sonrisa triste de piedra».

Pero ¿quién colocó la imagen en aquel árbol? Ya lo escribió Edorta Kortadi en su 'Arantzazu. Tradición y vanguardia': «Vana pregunta, para la que no se halla respuesta. Se ha pensado que la imagen pudiera pertenecer a algún penitente que se hubiera retirado con ella a estas soledades, o abandonada, caída o depositada por algún caminante o peregrino que pasaba por estos lugares».

La campana o cencerro de la virgen es más difícil de catalogar. Difiere del modelo vasco que ha llegado a nuestros días. Según la arqueóloga Mertxe Urteaga, es «un modelo poco común elaborado con planchas de hierro, unidas con remaches. Tiene 25 centímetros de altura y el padre Lizarralde cuenta en su monografía que se parece a a la que había visto con motivo del Congreso Eucarístico de Dublín, celebrado en 1932, considerada reliquia de San Patricio».

Nada más producirse la aparición empezó la gente a acudir a Arantzazu. Esta virgen es la patrona de Gipuzkoa desde el año 1918. El Patronato fue promovido directamente por el Ayuntamiento de Oñati y otros de Gipuzkoa. Y fue el Obispado de Vitoria quien cursó la solicitud a Roma. Hoy Gipuzkoa cuenta con cuatro parroquias dedicadas a esta Virgen: la de Ventas, en Irun, la más antigua, pues fue edificada en 1935; la del barrio Elbarrena de Zizurkil; la del barrio de Aldakonea de San Sebastián; y la de Lasarte, que data del año 1981 y fue ornamentada por un pintor franciscano, José Luis Iriondo.

Aparte de la talla original, el icono más antiguo que ha llegado hasta nosotros es el grabado anónimoque aparece en la obra de F. Francisco Gonzaga 'De Origine Seraphicae Religionis Franciscanae' (Roma, 1587). La madona aparece al modo italiano, de manera naturalista, en un espino. Luego, en los siglos XVIII y XVIII, las estampas de la Virgen fueron siempre con manto más o menos ornamentado.

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