Los puntos de Osakidetza

En la atención del día a día, venir con un doctorado de la UC en San Francisco bajo el brazo puede ser muy impresionante, pero tiene bastante menos importancia que atender al paciente en la lengua en la que éste se sienta más cómodo

PELLO SALABURU

Se van a presentar miles de aspirantes en la próxima convocatoria de Oferta Pública de Empleo en Osakidetza. Cambia la estructura del examen, por lo que dicen los medios, y también el reparto de los puntos. Así, en lugar de utilizar una batería cerrada de preguntas que, por lo visto, no discriminaba demasiado, porque muchos opositores eran capaces de acertar el 100% de las respuestas, ahora se propondrá un test sobre un temario, que deja las opciones más abiertas. Antes se calculaba sobre un total de 187 puntos, y ahora sobre un total de 198. El curriculum personal se puntuaba antes hasta 70 puntos y ahora llega a 80. El euskera podía llegar hasta los 17 puntos, ahora llega a 18. Con esta propuesta, se trata de primar «el conocimiento, la formación y la experiencia», según indican los responsables. En las oposiciones anteriores se corría el peligro de ir «demasiado rápido en la euskaldunización», así que es mejor buscar la velocidad justa, sin prisas y con muchas pausas, para impulsar la discriminación positiva a favor del euskera. In medio virtus.

Y es esta última parte, la del euskera, la que ha saltado a los medios, y sobre la que el Gobierno se ha visto obligado a dar explicaciones más detalladas. Ahora que me pongo a ello, es verdad que yo había sentido en los últimos años esa extraña sensación de rapidez desbordada en el uso del euskera en la sanidad: no hay más que acercarse a nuestros centros hospitalarios para encontrarnos, tras cada mesa, cada camilla o cada ventanilla, con facultativos, enfermeros, enfermeras y celadores de ambos sexos con quienes es casi imposible desenvolvernos en castellano.¡Cómo ha cambiado todo! Cada bisturí amenazante lleva aparejado un tranquilizador Pl2, si no una poesía de Xabier Lete o una cita de Anjel Lertxundi. Ahora, por fin, vamos a reconducir el tema. Porque quienes se presenten a esta nueva convocatoria vendrán con el título de la John Hopkins en un rollito o con algún diploma en moldura con chan- fle del Instituto Rockefeller, no hay más que verlo. En el peor de los casos, con deje de Cambridge. De modo que los pediatras que se van a incorporar tras el proceso saludarán con un 'Hellodarling', que siempre es mucho más fino que 'Egunon, polita'. Todo son ventajas. Se prima la profesionalidad, por encima de todo: en Sanidad quieren que opere quien sabe manejar la cuchilla, no quien tenga mejor labia. Yo también.

El caso es, sin embargo, que no me salen las cuentas. Porque si los datos publicados en la prensa son ciertos, el peso porcentual del euskera en esta convocatoria es el mismo que en la anterior: un 9%. Por otro lado, si antes las respuestas del cuestionario no discriminaban, porque muchos llegaban al máximo de los puntos (la otra lectura sería que esos candidatos venían bien preparados), el factor clave eran los 70 puntos concedidos al currículum, que siempre se interpreta con cierto grado de subjetividad. Son muchos más puntos, desde luego, que los 17 del euskera. Y esa diferencia se hace mayor aún en la nueva propuesta. Conviene, por tanto, analizar todo esto con un poco de reposo. Patxi Baztarrika publicó en 'Hermes' (y en otros sitios) algunos datos sobre la oferta de 2008, sin que nadie haya respondido nada, que yo sepa: se pedía conocimiento del euskera en el 15,52% de las plazas (menos del 5% en el caso de los médicos de hospital), algo abusivo, como cualquiera admitirá sin ponerlo en duda; en el resto, el conocimiento de esta lengua valía cuatro veces menos que la experiencia, publicaciones, etc.; 167, con euskera acreditado, quedaron sin plaza en el grupo de médicos de familia, a pesar de haber obtenido en el examen teórico 90 puntos sobre 100 (lo que llamamos sobresaliente); por el contrario, 132 obtuvieron plaza con idéntica puntuación, pero sin haber acreditado la competencia lingüística que les correspondía. La realidad es que en nuestro sistema de salud muchos cientos de profesionales gozan de plaza sin haber acreditado el conocimiento del euskera exigido, y son muchos cientos también los que carecen de plaza, aunque han acreditado el conocimiento del euskera y han obtenido una nota en el examen teórico tan alta como los primeros. Lo que discrimina, por tanto, no es el euskera, sino los factores relacionados con el curriculum. Tienen razón los responsables de Osakidetza: no se puede ir con prisas, porque pasan estas cosas.

En la atención del día a día, venir con un doctorado de la UC en San Francisco bajo el brazo puede ser muy impresionante, pero tiene bastante menos importancia que atender al paciente en la lengua en la que éste se sienta más cómodo. Eso también es profesionalidad. La labor asistencial de los 638 médicos de familia o los 61 pediatras que se van a incorporar se limitará, en la inmensa mayoría de los casos, a atender catarros, fiebres, ataques víricos («será un virus», dicen, como explicación convincente), un golpe recibido a destiempo o unas molestias en el estómago, cuando no un hueso que ha hecho 'krak' o un músculo desentonado. El paciente necesita unas palabras amables, una pomada que le quite el dolor, unas pastillas para aliviar la ansiedad o un antibiótico que le corte la fiebre. La verdad, para que nos recuerden que tenemos la tensión por las nubes, el colesterol en la cima del Tourmalet o una bronquitis de origen incierto, los años de facultad y del MIR son más que suficientes. Porque si no lo fueran tampoco les dejarían ejercer. Y porque en cuanto pasen de ahí les van a decir: «Tienes que hacerte análisis», así, sin artículo. Y ahí ya es otro cantar. Ahí sí, ahí van a necesitar muchas más cosas. Mientras tanto, la posibilidad de que tanto niños como personas mayores puedan ser atendidos en euskera en este país es, por encima de todo, una muestra de profesionalidad y buen hacer. Si además de eso, como pasa con la médico que atiende a nuestra familia, se es doctora con título de doctor, mil veces mejor.