S.O.S. de los productores de madera

A la crisis general se suma la propia del sector, con una fuerte caída de precios y facturación. Solicitan a las autoridades que fomenten el uso de la madera y no pongan trabas a la producción forestal

JAVIER FRÍASSAN SEBASTIÁN.
Plantaciones, bosques y madera cortada, tres fases del ciclo de la producción forestal./
Plantaciones, bosques y madera cortada, tres fases del ciclo de la producción forestal.

Los productores de madera guipuzcoanos tampoco han escapado a la crisis económica, que además ha agudizado los problemas específicos que arrastra este sector desde hace una década y cuya manifestación más visible es una caída en dicho periodo de nada menos el 53% en los precios a los que tienen que vender su producto, junto a un volumen de facturación inferior a la cuarta parte del alcanzado en 1999. Como no puede ser de otra forma, ello ha provocado un «descenso sustancial» de la actividad forestal en los montes y, por ahora, las perspectivas continúan siendo poco halagüeñas.

Pese a tratarse de un sector poco conocido y escasamente proclive a salir en los medios de comunicación, sus ventas anuales llegaron a alcanzar los cien millones de euros hace doce años. Asimismo, el 63% de la superficie de Gipuzkoa está arbolada, con bosques que proceden de regeneración natural o de plantaciones, y un 40% de la misma corresponde al pino 'insignis', que además representa el 90% del comercio de la madera en el territorio. Los productores de madera guipuzcoanos -en su mayor parte baserritarras o con orígenes en el mundo rural- son los propios propietarios forestales, no hay empresas como tales, y están agrupados en la Asociación de Propietarios Forestales de Gipuzkoa (GEBE, en sus siglas en euskera), que cuenta en la actualidad con 2.385 socios, de los que 1.410 tienen el caserío como residencia habitual.

Los bosques son en su mayor parte de propiedad privada -cuatro de cada cinco hectáreas de superficie arbolada- y la misma se encuentra muy fragmentada, destaca el presidente de GEBE, Joseba Arrieta Agirre, por lo que la superficie de las fincas es muy pequeña -en torno a nueve hectáreas por término medio- y están repartidas en varias fincas y parcelas. Por lo que respecta al empleo directo, el número de trabajadores dedicados a la producción y primera transformación de la madera totaliza unos 880 en el territorio, aproximadamente un tercio menos que hace diez años.

Negocio poco atractivo

«La producción de madera no resulta una unidad de negocio atractiva para las empresas», precisa también. El productor de madera, prosigue, se caracteriza por ser una persona dispuesta a trabajar e invertir pensando en el largo plazo, pues en la mayor parte de los casos los ciclos productivos superan los 40 años.

La crisis de los últimos años en el sector maderero ha provocado asimismo una disminución «sustancial» en el número y tamaño de las empresas relacionadas con la producción, transformación y trituración de madera, que actualmente totalizan 57, no asociadas a GEBE. Entre ellas figuran 20 empresas de trabajos forestales, 15 de explotación (tala, desemboque y transporte a los centros de consumo), otras 20 de primera transformación (fundamentalmente serrerías) y dos de trituración (papeleras).

A este respecto, Arrieta lamenta el escaso desarrollo que la industria de segunda transformación tiene en Euskadi, y en Gipuzkoa en particular. Gran parte de los productos obtenidos en la primera transformación son vendidos en otras comunidades autónomas que, pese a no disponer de materia prima, gozan de mayor tradición en lo referente a la segunda transformación y empleo de la madera.

A juicio del presidente de GEBE, los principales problemas que aquejan al sector en Gipuzkoa son unos costes de producción «muy por encima» de los ingresos procedentes de la venta de madera, un insuficiente consumo de la madera local por los mercados internos, la abundancia de madera envejecida en los montes de Guipuzkoa debido a la fuerte reducción de cortas de árboles en los últimos años, el pequeño tamaño de las explotaciones y las limitaciones y restricciones a la actividad.

Desplome de precios

Tras señalar que las grandes pendientes de nuestros montes dificultan cualquier uso diferente al forestal, Arrieta pone de relieve que desde los 90,15 euros a que se pagaba el metro cúbico de madera en 2001 se ha pasado a 42,08 euros en 2010. Las razones de esta caída a «mínimos históricos», explica, se encuentran en la entrada masiva durante los últimos años de madera de rollo desde Aquitania, como consecuencia de los desastres naturales; la revalorización del euro frente al dólar; la importación de madera ya transformada desde fuera de Europa, y el descenso de la demanda derivada de la fuerte caída de la actividad en el sector de la construcción de viviendas.

Como consecuencia de todo ello, los costes de producción en el sector son muy superiores a los ingresos. Y esto genera a su vez otros problemas añadidos como el progresivo abandono de la actividad forestal, la pérdida de profesionales, la escasa motivación y la falta de relevo generacional.

Por otra parte y pese a este descenso de los precios, en la actualidad la industria vasca de la madera no consume toda la que se produce en los montes de la comunidad autónoma. «Es necesario -insiste el presidente de GEBE- que la industria de la madera de Euskadi intensifique su consumo y que exportemos a otros países».

En cuanto a la abundancia de madera envejecida, añade, «durante los últimos diez años el volumen de cortas se ha reducido considerablemente, por lo que tenemos abundantes masas forestales que han superado la edad de tala». Además, la propiedad forestal se encuentra muy fragmentada entre muchos propietarios y muy pequeños, «lo que nos hace débiles» como sector, puntualiza.

Reivindicaciones

Por eso solicita a las autoridades que, en sus respectivos ámbitos de competencias y actuación, fomenten el uso de la madera, ya que «se trata de un material ecológico y renovable». En concreto, a las autoridades locales les pide que en sus ordenanzas no pongan trabas a la producción forestal y unas infraestructuras mínimas en materia de caminos, parques, zonas de acopios y demás..., acordes a las necesidades forestales de cada municipio. «En ocasiones -destaca- las entidades municipales penalizan de forma desproporcionada la saca y el desemboque de la madera, aplicando cánones elevados e injustificados por utilizar viales públicos».

Y a las autoridades territoriales y autonómicas, les insta a una colaboración activa con la producción forestal, y que otorguen ayudas a la comercialización y a la prospección de nuevos mercados de la madera.