«Lo difícil de la presentación ha sido dar voz a la ciudadanía»

Fernando Bernués. Director teatral. Ideó una puesta en escena con toques poéticos para las defensas de la candidatura donostiarra a la capitalidad cultural

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.
Fernando Bernués ha sido el encargado de montar la escenografía de las defensas de la candidatura. ::                             FRAILE/
Fernando Bernués ha sido el encargado de montar la escenografía de las defensas de la candidatura. :: FRAILE

Fernando Bernués ha sido el encargado de la puesta en escena de las dos presentaciones que ha realizado la Oficina 2016 donostiarra en Madrid y también de dar una continuidad casi artística a la visita que el jurado realizó a San Sebastián. El resultado cautivó a las trece personas que debían decidir.

-Emilio Cassinello, el vicepresidente del jurado internacional que eligió a Donostia como la Capital Europea de la Cultura en 2016, destacó el peso que habían tenido tanto las dos presentaciones en Madrid como la visita que realizaron tres miembros de ese jurado a San Sebastián. En todos ellos la puesta en escena corrió a su cargo. ¿Qué sintió cuando oyó esas palabras?

- La verdad es que casi no lo oí. Me fui de vacaciones nada más terminar la defensa del proyecto el lunes. Pude ver la retransmisión en directo a través del satélite. Cuando dijeron el nombre de Donosti comencé a saltar de alegría y no me enteré de casi nada más. Fue muy emocionante. Inevitablemente cuando estás trabajando en un proyecto así lo recibes con toda la alegría del mundo. Me había pasado toda la mañana hablando con mucha gente. Todo el mundo daba por hecho que no iba a salir por cuestiones políticas. Yo les decía que no lo tuvieran tan claro. Las cosas son mucho más naturales de lo que creemos. Sabíamos que la primera presentación había sido buena. Me decía que si yo fuera una persona del jurado, ante un cambio importante de la situación política, no me dejaría mediatizar. Vivimos una situación extraordinaria, nadie lo niega, pero es que Europa está llena de situaciones también extraordinarias. En Bélgica por ejemplo llevan casi dos años sin gobierno y no se acaba el mundo. Si defendíamos con acierto el programa había posibilidades. Me llevé un alegrón porque la vida no es tan previsible como parece.

-¿Cuál ha sido la línea que ha seguido en los tres encargos?

-He buscado una continuidad. He hecho lo que habitualmente hago en mi vida profesional. Parto de un texto, en este caso un documento muy humanista, pero también muy ambiguo. Después le doy una lectura escénica para convertirlo en una mezcla de teatro, performance y discurso. La propia defensa artística ha sido una declaración de intenciones.

-Estamos hablando de un documento con un contenido bastante intangible. ¿Ha sido complicado captar el concepto para luego trasladarlo a la escena?

-Hasta que no recibí el encargo apenas me había sumergido en la candidatura. No me costó tanto captar la esencia. La mayor dificultad formal estaba en cómo representar las voces plurales, el encuentro, la ciudadanía, que es de lo que se habla en la propuesta. En el primer documento fue la metáfora de los zapatos a partir del gesto cotidiano de pasear con ellos en la mano por la orilla mientras uno se da tiempo a pensar, a soñar, a digerir los disgustos. El guiño siguió en la visita con los felpudos de recibimiento en la terraza del Ayuntamiento. En la última defensa nos salimos del mar al Paseo de La Concha representado en un banco. En esta ocasión la ciudadanía estaba presente a través de diez atriles con unos Ipad donde aparecían personas leyendo el programa o hablando sobre la candidatura. En la defensa se daba voz a gente que no estaba físicamente ahí.

-¿En qué quiso incidir especialmente?

-En el encuentro. Que se hicieran los políticos de todos los partidos del Ayuntamiento una foto conjunta fuera del Museo del Traje y el alcalde la mostrase destacando que era difícil conseguir pero que se había logrado. En el programa para la capitalidad hay lugar para las discrepancias, los matices. En el proyecto se plantea que la duda es un principio, más que una dificultad, y no he tenido ningún problema para trabajar por el equipo y manifestar mis dudas. Es una candidatura en la que no hay grandes eventos sino valores y encuentros, habla de darnos tiempos de repensarnos, y también habla de dinámicas.

-Cassinello destacó lo poéticas que habían sido las presentaciones. ¿Tiene la candidatura algo de poético?

-Sí tiene toques poéticos. Luego estaba claramente teñido de mi esencia artística. Tengo una poética abierta y cambiante dependiendo en qué territorios me mueva. He pretendido no entrar por lo oral sino por caminos más sensoriales. La contradanza que bailaron los hermanos Maia no está puesta al azar sino porque acaba en un abrazo, una metáfora de muchas cosas. Alguien tuvo la osadía de decidir que las presentaciones iban a ser poco habituales y está claro que ha funcionado.

-¿Le llamó la atención que después del éxito de su primera presentación el resto de delegaciones mantuvieran para la segunda defensas tan tradicionales?

-Dentro de nuestro equipo la gente pensaba que el resto iban a apostar por un formato similar al que habíamos hecho la primera vez y se pensó en cambiar algo pero yo, como director, mantenía que debíamos ser fieles a nuestra propuesta. Esta vez el tratamiento era el mismo, pero los contenidos más tangibles y concretos: actividades, programa, financiación, organización. Nosotros llevábamos una furgoneta con el atrezzo mientras la mayoría de las otras delegaciones iban en coche oficial. También es cierto que nuestra apuesta era más complicada porque había que ensayar con personas que no están habituadas a actuar. Introdujimos la figura de un periodista que hacía preguntas para que se pusiera en el lugar del jurado, pero también del ciudadano, que preguntara sobre lo que todos queremos saber de la capitalidad.

-Además eran actores amateurs.

-Sí, pero tampoco les he obligado a hacer algo que les resultara muy ajeno. Lo más complicado es que cada uno supiera en qué lugar colocarse para no despistar al público, en este caso a los jurados. En esta última presentación, como era una entrevista, miraban siempre al periodista y no al jurado. Pero en los ensayos se arregló todo y salí muy contento.

-Juntó en escena al anterior alcalde y promotor de la candidatura Odón Elorza con su relevo, Juan Karlos Izagirre. ¿Tuvo momentos de preocupación?

-Tenía muy claro que una de las cosas que había que transmitir en esta segunda defensa era continuismo y compromiso. En la visita del jurado a San Sebastián tuvieron la reunión con Bildu donde la coalición garantizó su participación en el proyecto. Qué mejor manera de despejar cualquier duda que viendo que había una cierta complicidad. También es cierto que había que tener en cuenta algunos aspectos que en la anterior presentación no estaban, como que el discurso político ya no está en manos de Elorza sino de Izagirre. Hubo que buscar presencias escénicas que fueran poéticas y simbólicas. Creo que la química fue buena. Cuando la coreografía acababa con el abrazo entre dos hombres, que significaba el abrazo entre sociedades, países, culturas, ideologías..., entraban los dos alcaldes cada uno llevando una bicicleta -que por cierto es un punto que les une-, y luego se sentaban en el banco, llevando el mismo programa en la mano. Era todo muy simbólico. Primero hablaba Odón y luego Juan Karlos. Contamos gráfica y escénicamente la situación que atraviesa San Sebastián, de la voluntad de apostar por el proyecto desde los sitios que cada uno están ocupando en estos momentos.

-En cada acto ha introducido piezas de Mikel Laboa, Xabier Lete o Gabriel Celaya. ¿Era también una forma de mostrar cuál es nuestra cultura?

-Quería que asomara lo que somos culturalmente. Era una manera de que asomara cómo expresamos o contamos los sentimientos por muy universales que sean. Letras que hablen de esas sensaciones hay en todo el mundo, pero nosotros lo sentimos de esa forma.

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