El camarada vasco Kharlamov

Se cumplen 30 años desde que el jugador de hockey falleciera en un accidente de coche. Considerado por muchos el mejor jugador de la historia, era hijo de 'Begoñita', una bilbaína exiliada a Rusia en la Guerra Civil

IÑIGO GOÑISAN SEBASTIÁN.
El camarada vasco Kharlamov

Valery Borisovich Kharlamov es para muchos el mejor jugador de la historia del hockey hielo y lo que pocos saben es que el jugador soviético era hijo de una 'niña de Rusia' bilbaína. Aribot Abbad Herman 'Begoñita' era uno de los 1.495 miembros de los 'Niños de Rusia' que tuvieron que salir desde Santurtzi el 13 de junio de 1937, con una mayoría de niños vascos, huyendo de las tropas franquistas durante la Guerra Civil.

Partieron en el Habana, un viejo carguero, en dirección a la Unión Soviética y el 22 de junio los exiliados llegaban al puerto de Leningrado (San Petersburgo) donde fueron recibidos como auténticos héroes. Junto a 'Begoñita' viajaba Clara Agirregabiria, la madre del jugador de baloncesto José 'Chechu' Biriukov. «Viajamos juntas y después nos llevaron a casas de niños distintas, pero conocí, por supuesto, a Begoñita. Tenía 3 o 4 años más que yo y una amiga mía trabajó y vivió con ella mucho tiempo».

Clara Agirregabiria era de Ortuella y se instaló en Moscú al igual que Aribot Abbad Herman. «Begoñita era de Bilbao, en concreto de la calle de Las Cortes». Aquella niña, ya mujer, bilbaína conoció años más tarde en un club de baile de Moscú a Boris Kharlamov, un tornero que tenía amistad con los vascos que tuvieron que emigrar a la URSS y que acudió a aquel local frecuentado por españoles acompañado de un amigo.

Años más tarde Boris y Begoñita contrajeron matrimonio y de esa unión nació el 14 de enero de 1948 Valery Borisovich Kharlamov. La madre no tuvo tiempo para llegar al hospital e ironías del destino el pequeño Valery, de tres kilos, nació en el coche en el que acudían al centro sanitario. Boris Kharlamov paró su coche y levantó las sospechas de la policía. Cuando se acercaron los agentes Boris les explicó la situación en el que se encontraban y les dijo que había sido padre de un niño. «Se va a llamar Valery en honor a Valery Chkalov», les espetó Boris a los guardias. Chkalov era un aviador de la Gran Guerra y un héroe soviético que peleó contra el nazismo.

Los coches marcaron la vida de Kharlamov ya que en 1976 sufrió un accidente que le produjo una lesión muy grave y el 27 de agosto de 1981, hace casi 30 años, Kharlamov falleció junto a su esposa, en la autopista que une Moscú con San Petersburgo. Pocos se imaginaban que aquel bebé sería el deportista más brillante y célebre de la Unión Soviética en los años 70 por encima de grandes ídolos como Sergey Belov o Vasili Aleixeiev.

«Rusia le debe mucho a Kharlamov. La Unión Soviética ganó mucho dinero a su costa», afirma Clara Agirregabiria que no olvida a Begoñita. «El amor que profesaba por su hijo era increíble. Valery era su vida. Cuando se casó se fue alejando de la comunidad de exiliados a Rusia y no pudo regresar a España como hice yo. A nosotros el Real Madrid nos ayudó un montón».

Aquel fatídico accidente de 1981 no se llevó sólo a Valery Kharlamov y a su esposa. «La pobre Begoña no levantó cabeza. Intentó que su nieto se quedara con ella, pero el hijo creció en el seno de la familia de la mujer. Murió a los pocos años de pena». Kharlamov tuvo un único hijo que se llama Alexander y también jugó al hockey, incluso llegó a jugar en la NHL.

Asombró a Shostakovich

«Todos los niños querían ser Kharlamov. Su popularidad en Rusia era equiparable a la de Pelé en Brasil», asegura Chechu Biriukov, quien conoció en persona al jugador de hockey y al que profesa una gran admiración como todos los rusos. «En Rusia todos hemos jugado al hockey, es nuestro deporte rey emparejado o superando al fútbol y Kharlamov era no sólo el mejor del mundo, sino que para mí ha sido el mejor jugador de hockey de la historia por encima de las estrellas de la NHL. Más brillante no se podía ser, era talento puro...».

Muchos medios y especialistas rusos aseguraban que Kharlamov jugaba con el talento ruso y la pasión de los vascos. Esa conjunción le hizo llegar al cielo ya que se salía del estereotipo de jugador soviético robotizado en el juego. El famoso y célebre compositor Dimitri Shostakovich dijo una vez de Kharlamov: «¡Qué talento más asombroso, qué conjunción de la idea y del movimiento, qué brillante de joyería entre brillantes de cristalero!». Jugaba en la posición de ala izquierda. Su juego combinada velocidad, aceleración, buen manejo del stick y una gran creatividad. Sus movimientos eran tan impredecibles que provocaban un permanente desequilibrio en la defensa rival.

«Sus talentos fueron concedidos por Dios y podía hacer prácticamente todo, jugar de forma alegre, un pase difícil, un tiro exacto...», afirmó el mítico portero y compañero Vladislav Tretyak. «Todo lo hacía tan fácil y tan elegante que daba gusto verle. Su hockey era estético y asombró a millones de personas».

Su arte era innato y se reveló desde muy pequeño. A los 14 años fue admitido en la Escuela de Deportes para Niños y Jóvenes del CSKA, que estaba situada en la céntrica Avenida Leningrado de Moscú. El CSKA era el mayor club deportivo de la URSS y pertenecía al ejército. Le costó hacerse un hueco en el primer equipo ya que Anatoly Tarasov no le veía formado. Kharlamov medía 1,73 metros y pesaba 75 kilos, era pequeño para el hockey, aunque no fue impedimento para entrar en el primer equipo en 1968. A partir de ahí su ascenso fue fulgurante y dio días de gloria a la conocida 'Red Army' y a la célebre 'Red Machine'.

Tuvo una millonaria oferta

Fue el primer deportista soviético en recibir una oferta millonaria para convertirse en profesional. 1.200.000 dólares por firmar con los Philadelphia Flyers. «Los jugadores soviéticos no podemos abandonar nuestros clubes», afirmaba Kharlamov en los JJOO de Innsbruck de 1976. Tampoco le atraía mucho la idea. «El hockey hielo americano es brutal, demasiado violento», decía mientras enseñaba su cuerpo magullado y herido por las acciones antideportivas de los jugadores americanos que, impotentes, no podían para sus acometidas.

No hablaba castellano y tenía un carácter tranquilo, introvertido y jamás se manifestaba en las reuniones tácticas del equipo. Él lo hacía sobre el hielo. La ayuda que prestaba a sus compañeros durante los encuentros era su principal cualidad, era un asistente nato. Durante los partidos ni gritaba, ni se desesperaba, pero sabía añadir a su juego una dureza que le hacía visitar a menudo la 'prisión' de las pistas, expulsado por dos minutos.

Era hijo único y retraído. Su gran calidad como jugador le permitía ser un privilegiado dentro de la Unión Soviética. Poseía un lujoso coche 'Volga' sport. Los coches marcaron su vida para bien y para mal ya que en otro perdió la vida en 1981. Fue enterrado en el Cementerio Novokuntsevskoe de la capital rusa.

Su fama traspasó fronteras. En Estados Unidos y en Canadá, por ejemplo, tenía una popularidad increíble. Hoy en día la imagen de Bobby Clarke lesionándole en las Summit Series de 1972 es considerada incluso una deshonra para los canadienses. La brutalidad e impotencia de los Flyers ante el CSKA en 1976 y la agresión de Ed Van Impe a Kharlamov no hacen más que engrandecer su imagen en todo el mundo. En youtube se pueden ver las dos brutales agresiones que sufrió Kharlamov por parte de sus rivales. En la Unión Soviética era un héroe nacional y un ídolo de la juventud.