Doce cenas tienen la culpa

Luciano Mitxelena, lesakarra de 58 años, participa en la Quebrantahuesos. La prestigiosa clásica cicloturista de Sabiñánigo se disputa mañana con 11.000 ciclistas

IRENE PEDRUELOSAN SEBASTIÁN.
Experiencia. Luciano Mitxelena posa con la bicicleta que montará mañana en la Quebrantahuesos. ::
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Experiencia. Luciano Mitxelena posa con la bicicleta que montará mañana en la Quebrantahuesos. :: DV

Sus huesos deben ser duros de roer. Cerca de 11.000 corredores arrancarán mañana de Sabiñánigo para recorrer los 205 kilómetros que separan la salida de la meta. Seis horas de esfuerzo entre llanuras, subidas a puertos y bajadas en el caso de los más veloces, que les acercarán al cajón del Olimpo de una de las pruebas cicloturistas más internacionales y prestigiosas: la Quebrantahuesos.

Esta ave de casi tres metros de envergadura se alimenta de los huesos y caparazones que atrapa con su pico desdentado, rara avis, que se convirtió en el símbolo de una carrera que cumple 21 ediciones, y que este año contará con la participación de cerca de 3.000 vascos.

Entre ellos figura Luciano Mitxelena, un lesakarra de 58 años que se enroló en esto del pedaleo extremo por una apuesta culinaria (doce cenas con un amigo) y que desde hace tres años permanece invicto en su categoría en la carrera. Este año estará pendiente del retrovisor. «Un segoviano» sube a la categoría G (entre 55 y 65 años). Al de Lesaka no le gustaría quedarse sin su «pajarraco» de premio, ése al que su mujer le dice que se parece cuando pierde peso por el entrenamiento.

Fue a los 45 años cuando comprobó eso de que andar en bici nunca se olvida. Y hoy, a pocos meses de cumplir los 59, pesa casi 30 kilos menos que cuando comenzó. Desde entonces se ha hecho varias veces con la Perico Delgado, la Miguel Indurain, el Campeonato Navarro y tres con la Quebrantahuesos. Siempre con apuestas de por medio, aunque en los últimos años sus contrincantes han optado por relajar sus aspiraciones. El año pasado las doce comilonas se redujeron a tres.

Los pronósticos apuntan a temperaturas y cielos variables en esta ocasión, después de una edición (la de 2010) que quedará en el recuerdo como una de las más duras de la historia. «Iba en mangas de camisa, sin 'zira' para que no me pesase. Hacía mucho frío y me caí al suelo. No podía levantarme. Unos aficionados me decían que me retirase, pero les dije que me metiesen el plato de la bici, que me montasen sobre la bici y empujasen», recuerda Mitxelena.

Tenía las manos tan agarrotadas que ni siquiera podía frenar ni desenvolver la barrita energética para alimentarse. Se encontraba en el col de Marie Blanque, el más duro de los cuatro puertos, con desniveles del 12-13%. Por delante aún le quedaban Portalet y Hoz de Jaca.

Luciano conoce de memoria el recorrido y lo describe con todo detalle. En el 2008 completó la Quebrantahuesos once veces como preparación para la prueba. «Este año sólo me dará tiempo a hacer dos», asegura como si no fuese nada. Inspecciona los 205 kilómetros en busca de agujeros, baches y gravilla, datos que memorizará en su cabeza, con el fin de no cometer errores mañana.

Luciano es fino, fibroso, de manos gruesas que evidencian años dedicados a su oficio, el transporte de mercancías. Y competitivo, muy competitivo. Se entrena durante los doce meses del año. Se extraña ante la pregunta de si no hay días en los que no hace nada. «¿Nada? No, eso no», dice sin comprender del todo.

Mantiene una dieta estricta en la que dulces, alcoholes y bebidas gaseosas son el fruto prohibido. Hoy hace una excepción y se come uno de los bizcochitos de almendras que hay sobre la mesa. ¿El chocolate? «Tres onzas, y sólo después de las carreras».

Nuestro encuentro se produce a pocas semanas de la Quebrantahuesos, en su pico de preparación. Entrena cinco días por semana una media de dos o tres horas; el sábado, 170 kilómetros y el domingo, «paseo», como él lo llama: 120 kilómetros.

Se ejercita con un pelotón formado por aficionados de la comarca del Bidasoa, unos locos de la bicicleta con edades comprendidas entre los 27 y los 65 años. Explica su dieta, los reconocimientos médicos y tratamientos a los que se somete como algo interiorizado en su día a día. Una disciplina férrea de un aficionado con mentalidad de profesional.

No conocía su cuerpo

Reconoce que cuando empezó no conocía su cuerpo ni la importancia de alimentarse bien. Un dogma que mantiene, aunque suaviza en invierno, cuando las fechas no apretujan y engorda diez kilos. Se enfunda el traje del Beti Gazte, su equipo desde hace unos años, con el que competirá mañana por hacerse con su cuarta Quebrantahuesos. Todo si «el segoviano me lo permite».

El de Lesaka se acerca a la jubilación, aunque asegura que será sólo laboral, no la que le retire de la bicicleta. Es consciente de que llegará un momento en que no vencerá, en que el pajarraco ocupe la vitrina de trofeos de otro. Y un día en que 120 kilómetros dejarán de ser un paseo. «No me importará que otros me ganen. Seguiré disfrutando», dice sin creérselo en absoluto.

Pertenece a esa especie de ciclistas que no paran en los puestos de avituallamiento porque «vamos a pelear». Forma parte del grupo de personas que viajaron a los 17 a California con el fin de labrarse un porvenir y terminaron proclamándose campeones de pelota del estado. Es miembro de ese clan de aventureros ávidos de desafíos que no dudan cuando sus sobrinos le piden que tire de ellos hasta Santiago de Compostela en bici. Más de 700 kilómetros en tres días. ¿Por qué? Por una apuesta. Por una mariscada.

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