El euskera, una lengua muy riojana

Eduardo Aznar cree que la hablaban allí los indígenas anteriores a los romanos

FELIX IBARGUTXISAN SEBASTIÁN.
Glosa de San Millán de la Cogolla con la frase en euskera./
Glosa de San Millán de la Cogolla con la frase en euskera.

Eduardo Aznar Martínez (Barcelona, 1977) ha publicado el libro 'El euskera en La Rioja' (Edit. Pamiela), en el que defiende que ya antes de la llegada de los romanos había allí poblamientos que hablaban esta lengua. Las teorías hasta ahora «oficiales» propugnan que la presencia de abundantes topónimos y nombres de lugar en ese territorio se deben a la llegada -a partir del siglo X- de gentes enviadas por el Reino de Navarra, para poblar ciertas zonas.

«Ya no podemos poner en duda la idea básica de que el euskera fue utilizado en el pasado como lengua de uso diario por una gran parte de la sociedad riojana, independientemente de que su origen fuera prehistórico o medieval», comenta el autor en el prólogo del libro.

Esta obra llega treinta años después de la última gran monografía acerca de la presencia del euskera en La Rioja y Burgos, escrita por el que fue alcalde de la localidad de Ojacastro (cercana a Ezcaray), José Juan Bautista Merino Urrutia.

De todas formas, no hay que olvidar que fue en La Rioja donde aparecieron las primeras frases en euskera que se conocen, en las llamadas Glosas Emilianenses: se trata de las expresiones «Içioqui dugu» y «Guec ajutu eç dugu».

Hacia el final de libro, Eduardo Aznar ofrece un estudio sobre la «fazanya» o sentencia de Ojacastro, un documento oficial del siglo XIII, que muestra que en esa zona riojana el euskera era lengua cotidiana. La sentencia relata que el merino mayor de Castilla, Don Morial, mandó detener al alcalde de Ojacastro, porque admitía que las personas de la localidad hicieran sus declaraciones ante los tribunales locales en euskera. Según parece, pudo demostrarse que ese derecho procedía del fuero tradicional de Ojacastro, por lo que Don Morial dejó en libertad al alcalde.

La parte novedosa del libro es el análisis que Aznar realiza de las inscripciones en lápidas aparecidas a partir de los años 80 sobre todo en algunos pueblos de las llamadas Tierras Altas, una zona que hoy pertenece a Soria, pero que para el investigador está «en la vieja Rioja geográfica». En esas lápidas aparecen once nombres indígenas que serían protoeuskaldunes. Aznar cree que eran «indígenas sometidos por los romanos» y que el caso más claro es el de la palabra «Sesenco», que aparece esculpida junto a la imagen (semirrota) de lo que sería un toro. Para el investigador, ese «Sesenco» sería el mote de una persona y equivale a «zezenko» (toro joven, novillo).

Aznar coincide con la vieja teoría de que Calahorra era una de las grandes ciudades de los vascones, y no un núcleo celtíbero, como piensan otros. Defiende que la palabra «Kalagorrikos» aparecida en algunas monedas consiste en el vocablo euskérico Kalagorri acompañado del sufijo celtíbero -kos.

Y Aznar también ofrece su interpretación de las dos frases euskéricas que aparecen en las Glosas Emilianenses de San Millán de la Cogolla. «Izioki dugu» querría decir, textualmente, «tal cosa nos entusiasma, nos enciende el ánimo». Es decir, el mismo significado que el latino «gaudeamus».

Y la expresión «Guek ajutu ez dugu» es mucho más fácil de descifrar. Significaría «nosotros no tenemos adecuada, ajustada tal cosa».