Mente confusa

ANA VOZMEDIANO

Casi a la vez que mi colega Mikel Gurpegi se daba un chapuzón entre los libros de autoayuda, un tipo alto y con pinta remilgada y atorrante tomaba posesión como alcalde de Badalona después de esgrimir los peores pensamientos sobre los rumanos que se les hubieran podido ocurrir a los vecinos de la localidad. Un tipo aseguraba en la tele que tatuarse todo el cuerpo es algo que necesita su personalidad, poco después de que las imágenes mostraran a Juan Karlos Izagirre esgrimiendo el bastón de mando en el porche de Igentea con el ritmo de 'Independentzia'. El twitter estallaba con mensajes sobre la presencia de Contador en el Tour, ciclistas urbanos desnudos se acercaban a los llamados Indignados, y los manifestantes eran desalojados en Madrid bajo el foco de no se sabe cuántos móviles con cámara de alta definición. En la web se proponía al PNV para gobernar San Sebastián «como mal menor» aunque haya sido la última fuerza política de la ciudad. A toda esta confusión mental a la que estas avalanchas de información pueden conducirnos se añadía el apoyo generalizado de IU al PP en Andalucía, la unión de Álvarez Cascos a ese partido del que se fue dando un portazo hace nada, y el comentario más que mordaz de mi vecina sobre el abandono de Paquirrín de un reality de éxito. O sobre lo mal que investigan los alemanes a pesar de su fama. Otro comentario que acaba por aturdir es que, me aseguran, todos los de Bildu han sido buenos estudiantes y por eso están ahí. «¿Dónde?», digo a este nuevo interlocutor. «En la Diputación», me contesta. Prefiero no preguntar nada más. Bueno, salvo a Gurpegi... ¿cuál era ese libro de autoayuda que comentabas, Mikel?