«En la pintura, en la creación, todo consiste en un continuo ir y venir»

Juan Mari Navascués Paredes andaluzas y Central Park

BEGOÑA DEL TESO
«En la pintura, en la creación, todo consiste en un continuo ir y venir»

Su primera exposición fue hace muchos años. En Cintruénigo, de donde es parte de su familia. Vendió mucho y bien pero su padre le dijo que era fácil triunfar entre los suyos, que se atreviera a salir fuera. Será por eso que Juan Mari, que se inició en la Escuela del Bidasoa con Montes Iturrioz y compañía, ha viajado a Amsterdam y Marruecos, a Bélgica y Madrid. A Colombia y a Nueva York. Será por eso, y por buscar la luz, mil luces diferentes, que después del verano, cuando clausure su exposición en la galería Kayua de Zarautz, volverá a la Gran Manzana a pintar Central Park y bajará a La Habana buscando los reflejos caribeños en las mansiones coloniales.

¿De dónde a dónde?

¿De dónde a dónde qué?

De dónde se viene y a dónde se va en ese trayecto de ida y vuelta que según usted es la creación.

Se va uno de la escuela donde empezó. De sus colores y sus influencias. Se va alejándose, en mi caso, de los azules, los rosas y del romanticismo. Se va uno a Madrid. Te vas a buscar cómo crear telas con rugosidades y texturas porque resulta que las paredes de las casas andaluzas y sus historias te han embrujado.

Perdón, ¿y dónde se encuentran esas arrugas enjalbegadas?

En la mixtura de técnicas. En el óleo, mezclado con los acrílicos y en mejunges secretos en los que tiene mucha importancia el polvo de alabastro.

Sigamos yendo y viniendo...

Te alejas buscando los ocres, el otoño. Preguntándote si todas las tierras tendrán la misma luz.

Y la respuesta es...

Que no, por supuesto. La luz de Marrakech, tan roja, no tiene nada que ver con la de Essaouira, de paredes blancas y puertas azules. O con los colores de Florencia o Roma, donde el ocre es fundamental y no se parece a ningún otro ocre que veas en otro lugar. Y luego está, por ejemplo, la luz de Venecia. O la de Brujas donde el tiempo parece haberse detenido y crees que estás viendo la misma luz que vieron los pintores de hace 150 años. Un momento después saltas a Amsterdam. Y allí en los canales descubres algo que ya estabas sintiendo: la importancia del agua en la pintura. En la mía, al menos.

¿Qué hace el agua en una tela? No puede correr, no puede fluir.

Pero puede reflejar. Y suaviza, suaviza la pintura, el lienzo. Y ya cuando es agua de charcos, de lluvia retenida es impresionante. Me fui de los azules y los rosas para encontrar todos los grises del agua, todos sus matices.

Pero se vuelve, ¿verdad?

De vez en cuando, siempre que quieres. Vuelves porque a los clientes,a los marchantes, les gusta el azul y el blanco de las carpas de Zarautz, de los toldos de Ondarreta. Y en esa vuelta, vendes. Y esa venta te sirve a ti para comprar.

Comprar ¿qué? ¿Materiales?

No: tiempo. Tiempo para hacer lo que te da la gana. Para ir a La Habana o volver a Nueva York.

Y en ese vaivén a veces uno se encuentra con la figura humana.

La he pintado poco, pero sí. He trabajado sobre la imagen de mi hijo desnudo de espaldas sobre la misma playa a lo largo del tiempo. Y sobre la de un muchacho al que he pintado secándose con la toalla tras haberse bañado en un río. Ahora pienso volver a retratarlo durante la noche del 10 de agosto.

¿San Lorenzo?

Sí, las lágrimas, las Perseidas. Recuerdo que una vez, esa noche extraña me quedé dormido en la azotea de una casa, en el campo. Desperté de pronto y me vi envuelto en una lluvia de estrellas. Pensé que algún día tendría que pintar esa emoción, ese despertar mágico. El momento está llegando.

¿Saldrá con el caballete en búsqueda de las estrellas errantes?

¿Quién sabe? También puede ser un trabajo de estudio, pausado. O me puedo refugiar en el Planetarium de Miramón... Tengo la figura humana y el recuerdo; tengo los materiales... ¿Sabes? El desnudo hay que tratarlo con mucha delicadeza para que cualquiera pueda contemplarlo sin sentirse agredido.

¿Yendo y viniendo de la figura?

Más o menos. Trayéndola desde el fondo hacia un plano cercano.

¿La pintura cuenta historias?

La mía, siempre.