Espaldarazo a la estrategia no violenta

La victoria de Bildu supone un aval y una responsabilidad en la gestión del final de ETA. La presencia normalizada de la izquierda abertzale en las instituciones puede obligar al lehendakari a replantear su política de pacificación

JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.
Celebración. El candidato de Bildu Martin Garitano y Rufi Etxeberria, el 22M en el Atano. ::
                             EFE/
Celebración. El candidato de Bildu Martin Garitano y Rufi Etxeberria, el 22M en el Atano. :: EFE

El vuelco electoral del 22M no sólo puede cambiar el color del mapa político en diputaciones y ayuntamientos vascos. El resultado de las elecciones puede afectar también decisivamente al camino abierto en Euskadi para acabar definitivamente con el terrorismo. La irrupción de Bildu, con una marea de votos que provoca que la sensibilidad de la izquierda abertzale opte a gobernar Gipuzkoa, supone un espaldarazo decisivo a la apuesta de ese sector político por las vías exclusivamente pacíficas.

Al mismo tiempo, este factor, sumado a la fuerte caída del PSE-EE que afecta colateralmente al Gobierno Vasco, obligará también al Ejecutivo de Patxi López a reformular su estrategia de pacificación. Algunas voces, como la del presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, ya se lo han sugerido.

La izquierda abertzale ha vuelto a comprobar que la apuesta por el fin de la violencia tiene un amplio respaldo electoral. Pasó en 1998, con la tregua de Lizarra, y ha vuelto a reproducirse ahora, con mayor intensidad incluso. Los 313.000 votos de Bildu constituyen un récord que puede permitir a la coalición soberanista de EA, Alternatiba e independientes de izquierdas y abertzales gobernar la Diputación Foral de Gipuzkoa e incluso, por primera vez, Donostia, además de numerosos municipios. Pero a diferencia de lo ocurrido hace trece años, el reto es que este gran resultado electoral de Bildu sirva para consolidar definitivamente el actual escenario de desmarque del mundo de Batasuna respecto a ETA, y alcanzar el final irreversible de la violencia.

Sin pasos en falso

Portavoces autorizados de la izquierda abertzale coinciden en que el nuevo ciclo abierto el domingo puede consolidar el camino hacia la pacificación y normalización definitiva de Euskadi. Entienden el triunfo de Bildu como un «respaldo» masivo al proceso iniciado hace año y medio en Alsasua, donde se gestó la apuesta de la izquierda abertzale por vías políticas y civiles.

El poder que aspira a acumular Bildu también obliga a la izquierda abertzale a no dar pasos en falso en su desmarque de ETA. La reciente reforma electoral aprobada en el Congreso por PSOE y PP permite la ilegalización sobrevenida de los cargos públicos soberanistas, incluso una vez iniciada la legislatura, en función de su actitud respecto a la violencia. Cualquier marcha atrás del sector independentista en este sentido supone un serio riesgo.

La izquierda abertzale, sin embargo, está dispuesta a seguir generando en estos próximos meses «dinámicas a favor del proceso», según portavoces autorizados de ese mundo. La iniciativa más tangible será la reclamación de una mesa de partidos que aborde la búsqueda de una «solución democrática para la pacificación y normalización de Euskal Herria». Esta propuesta ha sido planteada durante la última campaña electoral por el líder de Eusko Alkartasuna y portavoz de Bildu Pello Urizar. La lógica apunta a que la coalición empezará a impulsarla una vez que culmine el próximo mes la constitución de ayuntamientos y diputaciones. La propuesta plantea un foro multipartito sin exclusiones que dé respuesta a la demanda de la ciudadanía.

Un planteamiento que no es visto con buenos ojos por el lehendakari, que siempre ha defendido el ámbito del Parlamento Vasco, aunque la izquierda abertzale todavía no tiene acceso legal. Precisamente, la estrategia de Patxi López ante el final del terrorismo es el segundo factor afectado por el tsunami de Bildu. El presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, lamentaba esta semana que una de las razones del descenso de los socialistas ha sido que la ciudadanía le ha percibido como un actor «que frena» la llegada de la paz. Por ello, instó al lehendakari a ser más audaz. López venía flexibilizando bastante su postura en las últimas semanas, en la línea de lo que le pedía Eguiguren, insinuando incluso una postura partidaria de la legalización de Bildu.

Pero la entrada de la coalición abertzale en las instituciones y su progresiva normalización, si el camino hacia el final de la violencia avanza conforme a su 'hoja de ruta', pueden dejar a López sin gran margen para abanderar un liderazgo en la cuestión de la paz. Por contra, el PNV ya está moviendo ficha, ya que va a pedir a la izquierda abertzale que exija a ETA el cese definitivo de la violencia si quiere acuerdos estratégicos con los jeltzales.

Un verano clave

Con la llegada del verano, y a la espera de que la política vasca y española recuperen algo de sosiego, tres son los aspectos que se perfilan como claves para llevar el escenario vasco a una situación irreversible de no violencia: cambios en la política penitenciaria, legalización de Sortu, el partido del sector proscrito, y una tregua definitiva de ETA.

La organización armada guarda silencio en las últimas semanas. Tras el tiroteo de abril en Francia, hizo público un 'Zutabe' que respaldaba la apuesta política de Batasuna. En la izquierda abertzale defienden que la relación de fuerza interna dentro de ETA se inclina a favor de acabar con la estrategia armada, pero el Gobierno y los partidos guardan cautela, escaldados de fracasos anteriores. De momento, los mediadores internacionales de Brian Currin están verificando el alto el fuego y los propios empresarios han constatado que la extorsión económica ha cesado y ya no llegan cartas a los industriales exigiéndoles el 'impuesto revolucionario'.

No obstante, la izquierda aber-tzale, el PNV y otros agentes como el abogado Currin consideran que el Gobierno español debe dar pasos que contribuyan al final del terrorismo. El principal, la legalización política de la izquierda abertzale, parece estar más cerca tras la decisión del Tribunal Constitucional de dar luz verde a las candidaturas de Bildu revocando la sentencia del Tribunal Supremo. Sortu, el nuevo partido del sector ilegalizado, confía en poder recorrer el mismo camino, a la espera de que en los próximos meses el Constitucional resuelva sobre su recurso de amparo. En buena parte de los ámbitos políticos vascos se espera una decisión favorable del alto tribunal, que permita a la izquierda abertzale volver al campo institucional y reforzar de esta forma su apuesta por la vía sólo política frente a aquellos sectores de ETA que tuvieran la tentación de dar marcha atrás.

Pero el gesto que, según amplios sectores nacionalistas, puede colocar el camino hacia el final del terrorismo en un punto de no retorno está en la política penitenciaria. La izquierda abertzale y el PNV ya han transmitido al Gobierno, por diversos cauces, la necesidad de que mueva ficha en dos aspectos. La excarcelación de aquellos presos de ETA con enfermedades graves y, sobre todo, la abolición de la doctrina Parot. Esta normativa es una reforma legal que hace que los beneficios penitenciarios se descuenten de cada una de las penas, por lo que condenados por varios atentados o asesinatos con varias sentencias de 20 o más años están abocados a pasar 30 años en prisión, algo que según la izquierda abertzale supone una «cadena perpetua de facto».

Este segundo punto es el más delicado, por la repercusión social que puede tener en el mundo de las víctimas del terrorismo. No obstante, el hecho de que el TC esté analizando la posible inconstitucionalidad de esta norma podría acelerar su derogación. Una anulación que quizás contribuya a desbrozar el camino hacia el final de la violencia, aunque el Gobierno se verá obligado a gestionar con inteligencia la medida, en especial ante la dura oposición que presentarán el PP y los colectivos de damnificados por ETA.

Fuentes conocedoras del proceso están convencidas de que un gesto cualitativo del Gobierno, como entienden que sería éste, para flexibilizar la situación en las cárceles, podría allanar el terreno para un nuevo salto cualitativo de ETA, aunque todavía nadie se atreve a asegurar que éste fuera en la dirección de anunciar su final definitivo. El problema es que la extrema debilidad en que se encuentran el Gobierno y el PSOE no invita a Zapatero y al vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba a aventurarse en este terreno.