Lo que cuentan las viejas estelas

Pedro Zarrabeitia ha realizado un exhaustivo trabajo sobre esos monumentos funerarios. En su libro analiza, de manera muy gráfica y divulgativa, más de un millar de las 5.000 estelas que puede haber en Euskal Herria

NEREA AZURMENDI

SAN SEBASTIÁN. Empezó fotografiándolas y ha terminado por elaborar el «inventario más exhaustivo, y con notable diferencia» de las estelas discoidales que se han hallado en Euskal Herria, de manera muy destacada en Navarra y en Iparralde y de modo más simbólico en Álava, Gipuzkoa y Vizcaya. Sin embargo, el lugar con una mayor concentración de estelas está en San Sebastián, en cuyo Museo de San Telmo se conservan sesenta de esos monumentos funerarios cuyo origen se remonta a tiempos muy pretéritos y que, con sucesivos períodos de apogeo y de olvido, aportan mucha e interesante información.

San Telmo fue precisamente el escenario elegido por el fotógrafo vizcaíno Pedro Zarrabeitia para presentar el libro Estelas discoidales de Euskal Herria, editado por Pamiela; el fruto de seis años de trabajo que, de manera divulgativa, rigurosa pero clara, propone una aproximación muy gráfica y accesible a lo que significan y a lo que cuentan las viejas estelas discoidales, esos monumentos funerarios que han dado lugar a muchas teorías desde las más científicas a las decididamente esotéricas, esconden no pocos enigmas y son, en cualquier caso, parte del imaginario colectivo vasco y, según el autor, «una de las aportaciones más importantes del País Vasco al patrimonio universal».

Testigos de la Historia

Pese a la existencia de visiones discrepantes, para la mayoría de los expertos las estelas discoidales son monumentos funerarios asociados a ritos ancestrales que se han ido adaptando a los cambios que se han producido a lo largo de los siglos, sobre todo en materia religiosa. No son, y así lo subrayaron tanto Pedro Zarrabeitia como la directora de San Telmo, Susana Soto, una particularidad vasca, ya que se han encontrado importantes concentraciones de estelas en el sur de Francia y en otras zonas de la península Ibérica. El caso de Euskal Herria, sin embargo, es peculiar por su pervivencia y consiguiente abundancia ya que, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares,el catálogo comprende desde vestigios que pueden datarse siglos antes del comienzo de la era cristiana hasta monumentos funerarios del siglo XVIII.

En consecuencia, y pese a las lagunas de información que se deben a que durante muchos siglos las estelas expresión del arte y de las creencias populares, al fin y al cabo no fueran especialmente dignas de consideración y menos aun de conservación o de estudio, esas piezas de piedra tallada son valiosos testigos de la Historia. De una historia que cuentan a través de su presencia o ausencia, así como de los motivos y símbolos grabados en los discos, aspecto al que Zarrabeitia dedica gran parte de su libro.

Con respecto a la evolución de las estelas en el tiempo, destaca su presencia no demasiado documentada por la escasez de piezas hace más de dos milenios, y su notable ausencia en el período que va desde el final de la dominación romana hasta la implantación definitiva del Cristianismo, a comienzos de la Edad Media. Los pocos ejemplos de estelas de aquel tiempo que han llegado hasta nosotros están adornados con dibujos de carácter astrológico. Aquellas estelas paganas, sin embargo, acabaron asimilando la iconografía cristiana, y protagonizaron en la Edad Media en Navarra un espectacular resurgir de la estela discoidal, apogeo que se extendió hasta el siglo XVI y que, tras la conquista del Viejo Reino por Castilla, se replegó al norte de los Pirineos. En la Baja Navarra, Zuberoa o Lapurdi la estela pervivió hasta finales del siglo XVIII, cuando empezó a ser sustituida en los camposantos por cruces y otro tipo de monumentos funerarios. En este momento establece Zarrabeitia la fecha de defunción de la estela discoidal genuina, lo que no es incompatible con su revitalización en el siglo XX, a través del carácter simbólico que les concedió la iconografía nacionalista y por medio de la revisión artística de lo más esencial de la estela, a cargo de algunos de los escultores vascos más relevantes del pasado siglo.

¿Con o sin color?

Pedro Zarrabeitia, que se ha asomado al universo complejo de unas piezas tan aparentemente sencillas como las estelas desde el punto de vista del artista, y no con la visión del erudito, no olvida en su libro mencionar los trabajos que han realizado sobre la materia autores como José Miguel de Barandiaran, L. Colas o, en el apartado específicamente dedicado a Gipuzkoa, Antxon Aguirre Sorondo. Todos ellos le han servido, junto a otros materiales, de valioso apoyo documental.

A la hora de reseñar las peculiaridades de su aportación al conocimiento de las estelas discoidales, destacó la amplitud geográfica y la exhaustividad de la muestra con la que ha trabajado. En más de 400 visitas a cientos de pueblos en el libro de incluyen estelas de 260 localidades fotografió 4.500 piezas y, finalmente, seleccionó 1.150, «porque eran las más interesantes y porque eran todas distintas». Teniendo en cuenta que, pese a la inexistencia de un inventario exhaustivo, pueden haber sobrevivido unas 5.000 estelas, no es una mala muestra.

Sin embargo, el aspecto más peculiar de su trabajo es el tratamiento que ha dado al material que ha recogido con su cámara. Tras analizar detenidamente cada una de las imágenes para captar hasta el más pequeño trazo, realizó a mano alzada dibujos de las 1.150 estelas todos ellos están en el libro y, finalmente, coloreó las 835 más significativas para que el lector pueda percibir mejor los detalles. Aunque, tal como matizó Jose Anjel Irigarai el editor de un libro que «ha resultado muy difícil de hacer y de publicar», «los colores responden a una interpretación suya», Zarrabeitia no descarta que las estelas pudieran estar realmente coloreadas, tal como lo estaban los capiteles románicos. De hecho, en más de una ocasión ha encontrado restos de pintura en partes de estelas que han permanecido protegidas de las inclemencias del tiempo y de las de los humanos.