Homenaje al autor de las vidrieras de Arantzazu

Una exposición recoge la obra del franciscano Álvarez de Eulate. El artista, de 92 años, abandonó su retiro en Olite para asistir a la jornada organizada en su honor

DVSAN SEBASTIÁN.
Visita. Un grupo de los asistentes atiende las explicaciones sobre las vidrieras. ::                             FÉLIX MORQUECHO/
Visita. Un grupo de los asistentes atiende las explicaciones sobre las vidrieras. :: FÉLIX MORQUECHO

El artista franciscano Javier Álvarez de Eulate (Donostia, 1919) fue homenajeado ayer durante la celebración del II Arantzazu Eguna. De esta forma la asociación Arantzazuko Adiskideak quería reconocer la labor del responsable de la decoración de las vidrieras de ambos laterales de la Basílica.

El día comenzó con sendas charlas del franciscano Juan Mari Martínez de Ilarduida y del crítico de arte Edorta Kortadi sobre el arte y la personalidad del artista donostiarra. Después se realizó una visita guiada por la exposición retrospectiva de la obra de Álvarez de Eulate y después otra a las vidrieras. A continuación se celebró una misa mayor a la que asistió el franciscano. El ambiente musical corrió a cargo de trikititxas y de los bertsolaris Andoni Egaña y Sebastian Lizaso, para concluir con una comida popular.

Álvarez de Eulate, que ayer abandonó durante unas horas el convento de Olite donde reside desde hace cincuenta años para asistir a su homenaje, es, a pesar de mantenerse en el anonimato de su enclaustramiento religioso, un creador muy prolífico y su obra catalogada supera los seiscientos trabajos en pintura y escultura.

En la exposición que se ha instalado en el claustro del santuario, donde estará hasta octubre para después pasar las Salas Kutxa Boulevard de San Sebastián, se pueden ver sus series 'Santas Faces', 'Zarza ardiendo', 'Espacios para una aparición' y 'Horizontes' en las que se constata su espíritu netamente religioso porque la obra del franciscano trata de comunicar un sentido de trascendencia, de paz y de esperanza. El artista también realizó grandes murales para distintas iglesias y ermitas.

Las vidrieras de Álvarez de Eulate fueron, junto a las puertas diseñadas por Eduardo Chillida, las únicas partes de la decoración del templo que escaparon al filo de la censura y pudieron terminarse sin contratiempos. El resto, los apóstoles del friso de Jorge Oteiza, la cripta de Basterretxea y el ábside de Lucio Muñoz quedaron años en suspenso tras una orden del obispo de San Sebastián.

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