El calvario de Urrizelki

Operado de la mano en octubre, el de Estella sigue aún con dolores. Mientras continúa con la rehabilitación, ha comenzado a trabajar en una granja de Arkaute

JOSEBA LEZETASAN SEBASTIÁN.
Preocupado. Urrizelki teme que la lesión en la mano pueda abocarle a una retirada prematura. ::                             MICHELENA/
Preocupado. Urrizelki teme que la lesión en la mano pueda abocarle a una retirada prematura. :: MICHELENA

Pablo Urrizelki (Estella, 26 años) ha desaparecido de las programaciones. Hace ocho meses que disputó su último partido. Fue en septiembre, en el Adarraga de Logroño. La mano derecha le dolía. Llevaba mucho tiempo sin poder entrenarse en condiciones y sin la continuidad de partidos necesaria para adquirir un buen nivel de juego. En octubre pasó por el quirófano, pero la operación no ha surtido el efecto perseguido. Siete meses después continúa con dolores y no ha reaparecido todavía.

El propio Urrizelki cuenta la historia de la lesión: «Tenía una fibrosis a la altura de la polea del tendón del tercer dedo -el corazón- de mi mano derecha. Hace dos años ya me sometí a cuatro infiltraciones de plasma, pero seguía con molestias. La mano no me funcionaba. Se hinchaba. Además, no era un dolor puntual en un sitio concreto, sino que se extendía a una zona amplia».

El problema repercutió en su rendimiento sobre la cancha: «Apenas podía entrenarme y entre que paraba y volvía a empezar tampoco cogía continuidad con los partidos. Cada vez estaba peor de juego y después de la feria de San Mateo de Logroño decidí operarme».

Le intervino el doctor Galán en Bilbao. Sin embargo, la evolución de la mano derecha no ha sido buena. Urrizelki relata que «no he mejorado en la medida que esperaba. Durante enero y febrero probé por mi cuenta y acudí al Beotibar de Tolosa a varios entrenamientos de mi empresa, Asegarce. Pero no conseguía bajar el umbral del dolor. No puedo hacer entrenamientos de una hora».

Fibrosis en la cicatriz

La situación comenzaba a ser tan extrema que «hace un mes pedí una resonancia. El lunes visité de nuevo al médico que me operó. Dice que con la intervención se han liberado el tendón y la polea afectadas. Pero ha aparecido otra fibrosis en la cicatriz. Cuando golpeo la pelota en el punto donde tengo la cicatriz, esa fibrosis provoca que el golpe llegue al tendón. El dolor actual es similar al que sentía antes de la operación».

El doctor le ha indicado que debe seguir con la rehabilitación «para que se libere esa fibrosis», asegura un Pablo Urrizelki que durante el período de recuperación ha acudido a un centro rehabilitador de Gares y al BAKH de Vitoria.

Al zaguero de Estella le gusta el mano a mano en toda la cancha y había depositado sus ilusiones en el Manomanista de Segunda: «Aunque no podía hacer frontón, me centré en la preparación física. En enero estaba a tope. Pero no he podio jugar. Ahí se me cayó un banderín. Tengo contrato con Asegarce hasta final de año. No queda otro remedio que esmerarme en la rehabilitación, hacer manos con la pelota goxua y esperar a que mejore».

Mientras, Urrizelki, que ha estudiado para técnico deportivo y técnico forestal, ha encontrado otra ocupación laboral. «Tenía mucho tiempo libre y le daba muchas vueltas a la cabeza. Debo pensar en mi futuro y decidí mirar otras cosas. He empezado a trabajar en la Granja Quesería Arkaute».

Es la otra cara de la pelota a mano profesional. La de las lesiones largas y graves.

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