Isidoro Gaztañaga, rescatado de la historia

Juan Osés presentó la biografía sobre el púgil conocido como 'El Martillo de Ibarra'. Aunque acallado por el régimen franquista, peleó con campeones mundiales

AINHOA CALLEJAIBARRA.
El Martillo de Ibarra. Pudo haber sido campeón del mundo./
El Martillo de Ibarra. Pudo haber sido campeón del mundo.

El escritor navarro Juan Osés ha publicado una biografía sobre un boxeador ibartarra desconocido para la gran mayoría, pero cuya vida encierra historias excepcionales que lo convierten en un personaje apasionante. Juan Osés presentó ayer su libro titulado 'Isidoro Gaztañaga. El boxeador que nunca existió' en la casa de cultura de Ibarra. Asistieron numerosos vecinos atraídos por este misterioso personaje que vivió entre 1906 y 1944. El escritor ha devuelto así al púgil ibartarra, el lugar que merecía en la historia.

El biógrafo cuenta que Isidoro Gaztañaga fue un magnífico boxeador que nació en 1906 en Ibarra, siete años más tarde de que lo hiciera en Errezil Paulino Uzcudun. Gaztañaga siguió la estela de Uzcudun y fue a aprender a boxear al efervescente París de la mitad de los años 20. Más tarde cruzó el charco y peleó en numerosas ocasiones con grandes púgiles del continente americano, donde fue conocido como 'el bello Izzy', por su gran elegancia sobre el ring.

Según ha investigado Osés, Gaztañaga, conocido también como 'El Martillo de Ibarra', fue un deportista irregular en sus actuaciones. Lo mismo perdía con un púgil de tercera fila que noqueaba en el primer asalto a un ex campeón del mundo. Peleó entre otros muchos con el gigante Primo Carnera, y no lo hizo con el gran Joe Louis por oscuros intereses de la mafia, que impidieron que 'El Martillo de Ibarra' tuviera la oportunidad que merecía de optar al cetro mundial.

Sin embargo, narra el escritor, fue reconocido por su pegada sorprendente, una de las más fuertes de la historia, de ahí su sobrenombre de 'El Martillo de Ibarra'. Los cronistas de la época coincidían en que si hubiera tenido más afición y se hubiera cuidado sin duda habría llegado a ser campeón del mundo. Isidoro tenía unas enormes facultades, pero se cuidaba poco, bebía, fumaba, y tenía con frecuencia aventuras amorosas. «Y todo esto lo convirtió en un personaje apasionante, no como Uzcudun sino mucho más brillante, no hay comparación posible».

Durante la Guerra Civil, continúa Juan Osés, «un empresario despierto intentó que se disputara un combate entre Uzcudun, con calzón rojigualdo, y Gaztañaga, con los colores de la bandera republicana. Pero Uzcudun siempre rehuyó pelear con él». El Martillo de Ibarra continuó con combates «a su aire» por el continente americano y lo hizo hasta que en 1944 fue abatido a tiros por un marido celoso en La Quiaca, en la frontera entre Argentina y Bolivia.

En la España franquista algún cronista del régimen apenas le dedicó unas líneas en las que destacaba la falta de respeto hacia un púgil que tenía enorme clase y que fue siempre mucho más brillante que su paisano Uzcudun, el símbolo de la brava raza española en ese periodo oscuro de la historia.

Y fue precisamente la represión franquista la que acalló todos sus logros: «El régimen escondió cualquier pista que nos llevara a él y lo hizo a conciencia. El presidente de la Federación Española de Boxeo, Vicente Gil, no solo era un hombre del régimen, sino que fue el médico personal de Franco y lo que hizo fue prohibir que se hablara de él durante decenios», explica su biógrafo.

Sin embargo, no le ocurrió lo mismo a Uzcudun: «La explicación es muy sencilla, Uzcudun era falangista y fue tomado por el régimen como el más genuino representante de la furia española, como el pobre Zarra. Pero a diferencia de este, Uzcudun estuvo involucrado en la guerra, incluso en un intento de rescate de José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante, operación que no le interesó a Franco y por eso no prosperó».

El libro narra en sus 200 páginas sus peleas una a una y tiene una documentación gráfica digna de ver con calma. Asimismo, la publicación describe numerosos aspectos, desde su personalidad hasta sus más importantes logros.

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