Un trampolín hacia la emancipación

Los pisos de alquiler que construirá el Gobierno Vasco en Larzabal estarán dirigidos a jóvenes, en un momento en que para muchos adquirir una casa es poco menos que una utopía

JOANA OCHOTECOIRUN.
Esta es la parcela, entre las calles Aduana y Alberto Larzabal, que acogerá los apartamentos. ::
                             F. DE LA 
                            HERA/
Esta es la parcela, entre las calles Aduana y Alberto Larzabal, que acogerá los apartamentos. :: F. DE LA HERA

El Pleno de la Corporación aprobó el pasado miércoles la cesión de una parcela del ámbito de Larzabal al Gobierno Vasco. De este modo, se prevé que el ente autonómico construya en este espacio, ubicado junto a la calle Aduana, un edificio que albergará apartamentos en régimen de alquiler destinados a jóvenes.

Esta actuación ofrecerá una alternativa a un colectivo que se las ve y se las desea para conseguir algo que es ley de vida: emanciparse, volar del nido, independizarse, ser autónomo y cien por cien responsable de uno mismo. Lo que debiera ser un derecho intrínseco al desarrollo personal de cualquier ciudadano es para muchos, directamente, «imposible».

Con este término se expresa Aintzane, irundarra que a punto de cumplir los 27 años no se imagina independizada a corto plazo, «por cuestión de dinero. Sigo estudiando y no puedo trabajar a tiempo completo, por lo que no me puedo emancipar». En un futuro, «si me independizo, será de alquiler. La compra ni me la planteo. Por una parte, porque lo veo imposible. Por otro lado, no tengo esa mentalidad de que tu casa tiene que ser tuya, de tu propiedad».

«Tuve que irme a Hendaia»

Oihana, irundarra de 28 años, ha conseguido dejar el hogar paterno, pero reconoce que la emancipación ha sido «un tanto complicada. Me he tenido que ir de alquiler a Hendaia, porque ahora mismo en Irun el tema está difícil. Todos son pisos relativamente grandes, nada de apartamentos, y su alquiler supera los 600 y 700 euros». Al otro lado de la frontera encontró más fácilmente lo que buscaba, «un apartamento de 37 m2, para mi sola no necesito más». Al preguntarle si ha considerado la opción de comprarse un piso, señala que «yo sí, pero el banco no. ¿Con una única nómina? Es muy difícil que te concedan una hipoteca».

Y es que si ya es complicado abandonar el hogar de origen, las trabas aumentan si la idea es comprar. No obstante, existen también ejemplos de jóvenes hipotecados. Uno de ellos es Igor, de 25 años, que tiene un piso «en Biriatu, donde están bastante más baratos que aquí». Este joven trabaja y hace vida en Irun, «y prefería comprar la casa aquí, pero era imposible. No encontraba nada por menos de 30 millones». El pago de la hipoteca lo afronta él solo, «desde septiembre de 2009». Reconoce que a veces «ando justo. No he tenido frigorífico hasta hace un mes».

Ana también tuvo que abandonar su ciudad natal para poder independizarse, pero en su caso «me tuve que venir de Hondarribia a Irun». Reconoce que su situación y la de su marido «es bastante excepcional». Con 26 y 27 años, pudieron disponer de un piso cedido por un familiar y emprender su proyecto de vida a una edad a la que antes era lo más habitual, pero ahora «muchos no pueden. Hemos tenido suerte». Iniciativas como la de Larzabal le parecen «muy positivas. Creo que hay que potenciar el alquiler. Aquí existe esa mentalidad de que parece que si no posees un piso no tienes nada. Otros países europeos tienden más al alquiler y nos les va nada mal, ¿no?»

Sin aval no se enseñan pisos

Hoy en día alquilar también supone un desembolso inicial «importante». Lo confirma Ander, de 26 años, que desde hace un par de meses reside solo en un piso pequeño cerca del centro. La mensualidad que paga es de 500 euros, pero en el momento de entrar en el piso a esta cantidad fue necesario añadirle «el aval bancario, un mes de fianza, los honorarios de la agencia inmobiliaria... Añadiendo un par de muebles que tuve que comprar, la jugada se me puso en casi 2.500 euros».

Este joven asegura que una de las cosas que más le sorprendió cuando empezó a mirar pisos, fue que «en las dos inmobiliarias a las que acudí me pidieron aportar el aval bancario antes de permitirme ver la casa. Me comentaron que es el procedimiento que utilizan ahora siempre, si no hay aval no enseñan el piso». Andoni es otro de los que no se plantea comprar una vivienda. «Hay quien considera que pagando un alquiler estás 'tirando el dinero', pero viendo lo que se llegó a pagar por un piso normalito en 2006 o 2007... Eso sí que me parece tirar el dinero».

Independizados o no; hipotecados o pagando alquiler, todos estos jóvenes tienen algo en común: consideran que iniciativas como la de Larzabal son el camino a seguir en las promociones de vivienda pública. «Aquí hay una opinión diferente, pero en el resto de países de Europa el alquiler es la forma en que viven no sólo jóvenes, también muchas familias», afirma Oihana. Igor apuesta también por esta opción en las promociones de vivienda pública: «me parece mucho mejor que se ofrezcan en alquiler que en compra».

Todo parece indicar que los 40 apartamentos de Larzabal se quedarán cortos para la demanda existente, pero proyectos como éste pueden ser la base de un modelo más justo.