Bidasoa-Irun: alerta roja

El histórico club irundarra atraviesa graves problemas económicos y deportivos. La actual directiva, que trabaja en funciones, presentó en la última junta una deuda de 300.000 euros

BORJA OLAZABALIRUN.
Equipo. La plantilla del Bidasoa, antes del entrenamiento que efectuó ayer en el Polideportivo de Artaleku. ::                             MIKEL FRAILE/
Equipo. La plantilla del Bidasoa, antes del entrenamiento que efectuó ayer en el Polideportivo de Artaleku. :: MIKEL FRAILE

La plantilla del Bidasoa-Irun lleva tres meses sin cobrar. Mañana, cuando acabe marzo, serán cuatro las mensualidades que se adeuden a los jugadores del histórico club irundarra. Además, hay miembros del actual plantel que siguen sin cobrar los dos meses que se les deben de la temporada pasada. A la grave situación económica hay que sumar que el equipo está atravesando su peor momento en lo deportivo. Los irundarras están luchando por eludir el descenso a Primera Nacional, la tercera categoría del balonmano.

La suma de todo ha hecho que los jugadores pulsen el botón rojo. Han hecho saltar la alarma. Hace unos días emitieron un comunicado en el que se detallaba la situación que están atravesando y en la que pedían auxilio.

Una de las frases más destacadas de aquel comunicado rezaba lo siguiente: «Fue muy bonito apoyar al equipo en la final con el Badel Zagreb, recibirle de forma apoteósica en la Plaza San Juan. pero ahora este mismo equipo necesita de vuestro apoyo mucho más que aquel. Entonces todos se pegaban por salir en las fotos, los aficionados abarrotaban el pabellón y todo Irun se sentía orgulloso».

No ha pasado tanto tiempo desde aquellos grandes logros, el tiempo en el que a cualquier empresa le parecía apetecible anunciarse en la camiseta del equipo. El Club Deportivo Bidasoa consiguió un histórico doblete en la temporada 1994/95, en la que fue campeón de Europa y de Liga. La Supercopa la consiguió en la 1995/96 y la Recopa de Europa un curso después. También se cuajaron grandes temporadas con el cambio de siglo. La semifinal de la EHF, la segunda competición continental, ante el Magdeburgo (2000/01), por ejemplo.

Entonces comenzó la debacle. El Bidasoa volvió a disputar la EHF en la temporada 2005/06, cayendo eliminado por el Gummersbach en cuartos, y un año después se alcanzó la misma eliminatoria teniendo como verdugo al CAI Aragón. Pero esa misma temporada, la 2006/07, fue la del descenso a la División de Honor B. Un descenso que se consumó tras perder en la última jornada de liga 32-24 ante el San Antonio en Pamplona. Después de tres temporadas en la categoría de plata del balonmano nacional, la situación es más que crítica.

Tras muchos años viviendo por encima de sus posibilidades, el club tiene una deuda que ronda los 300.000 euros.

Aun así, la plantilla bidasotarra está mostrando un pundonor y orgullo propio digno de elogio y a pesar de llevar cuatro meses sin cobrar y estar al borde del descenso, sigue luchando como si la vida le fuera en lograr la permanencia.

El sentir del vestuario

Iker Antonio es el capitán del Bidasoa-Irun. Aunque ha tenido dos experiencias lejos de casa, podemos decir que lleva toda la vida en el club. Cuando se le pide que cuente cómo se lleva la complicada situación, sobre todo la económica, es sincero y responde que «lo mejor posible, aunque no del todo bien. Hay jugadores que han empezado a tener problemas para subsistir, que están pidiendo al club algún sitio para comer porque no les llega para salir adelante».

La situación es tensa y eso se nota en el día a día. «Intentamos ayudarnos unos a otros, pero la situación es cada vez más tensa. El grupo sobrevive porque permanece unido, pero en cualquier momento se puede romper la cuerda. En otra situación los roces o piques típicos del deporte se aguantan más, pero en este momento cualquier roce puede pasar a mayores».

Cuando todo marcha sobre ruedas es muy fácil lucir el brazalete de un equipo campeón, pero cuando la carretera se pone cuesta arriba es muy difícil llevar las riendas de un vestuario.

El propio Iker Antonio reconoce que «esta situación se me escapa de las manos. En su día pensé en dejar la capitanía, pero hablé con Aitor Txabarri y Asier Aranburu (los otros dos capitanes) y me animaron a seguir. Ayudándonos entre nosotros estamos intentando controlar el grupo. Sabemos que los de casa, que acaban de empezar y son muy jóvenes, tienen mucha ilusión y pueden con todo, pero con los de fuera las cosas son más difíciles».

Para problema, el que vivió la plantilla después del parón navideño, cuando los tres jugadores extranjeros decidieron prolongar sus vacaciones. Risto Lepp y Marius Lepp, estonios, y Rolandas Bernatonis, lituano, comunicaron al club que no volverían a Irun si no se les aseguraba que iban a cobrar. Los problemas económicos no se solucionaron, pero los jugadores decidieron volver.

El capitán bidasotarra admite que «al estar atravesando una situación tan compleja todo lo que pasa es entendible, aunque eso no quiere decir que no nos molestara. Todos estamos peleando por lo mismo y los de casa tampoco cobramos».

Lo que más sorprende es que, a pesar de lo mal que lo están pasando, los jugadores del Bidasoa-Irun están a día de hoy fuera de los puestos de descenso y jugando cada día que pasa un mejor balonmano.

Y cuando se habla de pasarlo mal, se habla de pasarlo mal de verdad. Charlar un rato con cualquier jugador de la plantilla es como hacerlo con cualquier trabajador que está sufriendo el mazazo de la crisis. Personas que no cobran, a las que les cuesta llegar a fin de mes.

Dejando lo económico a un lado, Iker Antonio tiene claro que «esto es como un reto. Llevo muchos años aquí y por lo que lucho cada día es por intentar salvar al Bidasoa. Siempre voy a entrenar con ese objetivo en mente. Pienso que si nosotros conseguimos la permanencia será más fácil que se solucionen los problemas económicos».

Problemas en los despachos

Mientras tanto, lo que pasa en los despachos no puede ser controlado por los jugadores. El proceso electoral del club ha finalizado sin ninguna candidatura presentada para optar a la presidencia, por lo que la actual junta directiva, presidida por José Ángel Sodupe, sigue como junta en funciones.

Los pasos a dar a partir de ahora los explica el propio presidente. «Estamos teniendo conversaciones con diferentes personas y con las instituciones para intentar buscar una solución. Lo que necesita el club es que se cree una junta directiva nueva para que se pueda empezar a solucionar el problema cuanto antes».

Sodupe tiene claro que «si se crea un nuevo grupo de trabajo, liderado por la persona que sea, se podrá empezar a trabajar. Yo prefiero que entre alguien nuevo, pero también he dicho que si se pueden solucionar los problemas, no me importaría seguir otros cuatro años. La intención es presentar ese grupo en una junta extraordinaria y que los socios den el visto bueno. No interesa que haya un nuevo proceso electoral, porque lo único que lograríamos es alargar más las cosas».

Sigue la competición

Los jugadores siguen sin cobrar y, de momento, nadie aparece para liderar un nuevo proyecto, pero la competición no se detiene. Quedan seis jornadas para que finalice la temporada y el Bidasoa-Irun necesitaría tres victorias para salvarse. Son tres los equipos que bajan y los irundarras ocupan la cuarta posición por la cola con los mismos puntos que el antepenúltimo. El riesgo de descenso es máximo.

El sábado, a partir de las seis y media en Artaleku, el Bidasoa recibirá al Cangas del Morrazo. Este mismo partido se jugó en la última jornada de la temporada 2004/2005. Entonces, el triunfo de los bidasotarras les permitió clasificarse para la Copa EHF. Seis años después, los dos puntos serán de oro en la lucha por la permanencia. «La situación deportiva es complicada porque no sabemos si vamos a aguantar psicológicamente, pero ahora sólo pensamos en ganar el sábado. Y sin duda, todo será más fácil con el apoyo de la afición».

El Bidasoa-Irun ha hecho sonar la alarma. Está en alerta roja. ¿Dónde están los que tanto querían a este club? El grito es claro. Bidasoa S.O.S.

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