Fraisoro vio nacer a 12.000 niños

Un libro recoge las experiencias de madres solteras que dieron a luz en la casa cuna de Zizurkil abierta en 1903

ELISA BELAUNTZARANZIZURKIL.
Eva García./
Eva García.

Miles de niños guipuzcoanos nacieron en la casa cuna de Zizurkil. Desde que Fraisoro abrió sus puertas a principios del siglo XX, Eva García, autora del libro 'Fraisoroko amak, Fraisoroko haurrak' calcula que «alrededor de 12.000 niños nacieron allí». Esos bebés, además de nacer allí, permanecían más o menos tiempo sin salir del edificio, junto a sus madres. El objetivo principal, según la escritora donostiarra, «era encontrar cuanto antes una familia a los niños. Principalmente eran llevados a caseríos de Gipuzkoa, donde crecían junto a la familia de acogida o, en algunos casos, regresaban para ser internados en Tolosa, en Errukietxea».

El libro recoge muchas historias y muchos sentimientos encontrados en una sociedad «hipócrita» que, según Garcia, daba la espalda a una realidad que se repetía entre mujeres de todas las edades, condiciones sociales y económicas. «En principio, en Fraisoro se encontraban mujeres de condición humilde o con pocos recursos económicos, y que por ser madres solteras acudían a la casa cuna con el fin de dar a luz en riguroso silencio, fuera de su mundo».

La vergüenza por el qué dirán por el 'pecado' que habían cometido hacía que los datos de las internas fueran «guardados con el máximo rigor. La casa cuna estaba diseñada y preparada para guardar con la mayor discreción los datos de las mujeres internas. En el caso de las mujeres de condición social 'alta', eran situadas en una zona especial. Estas mujeres pagaban su estancia durante los meses de embarazo y posteriores al parto». De hecho, en las consultas realizadas por Eva García a la hora de escribir su libro «no aparecen los documentos que recogen datos de las parturientas ni de las nodrizas que amamantaban a los niños los primeros meses; solo hay números para identificar a cada una de ellas en las facturas».

«Un centro puntero»

Un rigor que se refleja, también, en el control que se mantenía sobre los niños adoptados a través de las revisiones médicas que les practicaban. Desde la asociación de afectados por las adopciones irregulares (Anadir) le consultaron a la autora del libro sobre la posibilidad de que se hubiera producido alguna irregularidad en las adopciones, pero Eva García descartó esa circunstancia.

El gran número de nacimientos a comienzos de siglo hizo que la Diputación Foral de Gipuzkoa y la Caja de Ahorros Provincial intervinieran. En 1910 optaron por invertir en la casa cuna para dar salida a un grave problema. Ayer, en la presentación del libro, García habló de Fraisoro como «un centro puntero en Europa en cuanto a condiciones médicas e higiénicas se refiere». La tenacidad de los médicos del centro y la ayuda de las monjas, Hijas de la Caridad, hizo que en pocos años la decisión de las mujeres cambiara y descendiera el número de adopciones. «Se ayudaba económicamente a las madres sin recursos para que no abandonaran a los niños».

García ha recogido en su libro las experiencias de madres y niños que estuvieron en Fraisoro. «Hay de todo. Algunas vidas son muy duras, pero lo que más me ha sorprendido es que hubiera mujeres que aseguraban que lo más duro fue dejar la casa cuna».

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