Los 37 veranos de Franco

Mus, tenis, golf, pesca, lectura y toros entretenían los agostos del dictador

Los 37 veranos de Franco

El veraneo de Franco comenzaba con la llegada al embarcadero de Sada o al Club Náutico de La Coruña del yate 'Azor', atendido por marineros vascos (pescadores bermeanos a ser posible) y que ayudaban al Caudillo en sus lances en alta mar. Los guardeses de la finca, su apoderado Ricardo Catoira y empleados de la Diputación coruñesa se habían ocupado, semanas antes, de preparar Meirás para la visita del Jefe del Estado. Franco combinaba su presencia en el pazo con estancias en San Sebastián, aunque éstas fueron haciéndose cada vez más breves a partir de la irrupción del terrorismo de ETA en Euskadi.

En el pazo, Franco jugaba al tenis: uno de sus oponentes solía ser su capellán, el padre Bulart que, vestido con la sotana de 33 botones, caía siempre derrotado. El dictador acudía también a jugar a golf al cercano club de La Zapateira donde, vestido con sombrero, chaqueta y corbata, y gastando gafas de sol, realizaba «partidas matinales en las que -según se leía en los periódicos de la época- hace, como mínimo, doce calles, cubriendo distancias que superan los cuatro kilómetros y medio».

Otra de sus ocupaciones habituales era la pesca en río, actividad que realizaba entre las fragas del Eume. En ocasiones, su séquito se desplazaba hasta el río Eo, en la frontera con Asturias. De regreso, solía echar unas partidas de mus. 'La Voz de Galicia' anota que los lances con los naipes provocaban discusiones «entre el doctor Vicente Gil y el marqués de Villaverde, ya que el primero acusaba a éste de hacer trampas».

Antes de retirarse a dormir, el Generalísimo leía. Conservó y amplió los 7.000 volúmenes de la impresionante biblioteca de Emilia Pardo Bazán y ojeaba también libros enviados (y cobrados) por la librería Arenas sobre Galicia además de títulos de la editorial antifranquista Ruedo Ibérico.

Masones y ministros

Estudiaba también informes políticos que le proporcionaban los ministros. Franco, aseguran, prestaba especial atención a los redactados por Blas Pérez, titular de Gobernación, que le nutría de estudios sobre masonería (una de sus materias predilectas) y sobre «elementos sospechosos de conspirar contra el Régimen».

El jueves 29 de agosto de 1946 tuvo lugar en el Pazo de Meirás el primero de los Consejos de Ministros veraniegos celebrados aquí. A la reunión, que duró dos días y se desarrolló en la biblioteca de la torre, asistieron los titulares de Gobernación, Justicia, Hacienda y Educación Nacional. Se trató, entre otros asuntos, sobre la presencia en España del ciudadano belga (oficial nazi de las Waffen-SS acusado de crímenes contra la Humanidad) Leon Degrelle, asilado en España después de que el avión Heinkel en el que huía desde Oslo cayera al mar en la bahía de La Concha. Pocas horas después de aquel consejo, Franco acudió a La Coruña para asistir desde el Club Náutico (donde había una recepción y una cena de gala) a las regatas de traineras. Bateles y traineras eran, con las corridas de toros (en las que, junto al almirante Nieto Antúnez, solía regalar pitilleras de plata a los diestros a los que invitaba al palco), sus aficiones estivales.

Durante los veranos, Franco cosechaba en Galicia distinciones honoríficas como su título de 'hijo adoptivo y predilectísimo', además de alcalde honorario, de La Coruña. Además, aprovechaba para incrementar su patrimonio: en la ciudad vieja, los Franco poseen todavía hoy la llamada Casa Cornide, 1.500 metros cuadrados de vivienda frente a la iglesia de Santa María del Campo, un edificio que había sido escuela de música y cine de los Tomasinos, según denuncian organizaciones de Memoria Histórica.

También dedicaba tiempo Franco en Meirás a otros asuntos de Estado, como recepciones y visitas: en 1949 ofreció aquí una cena de gala al rey Abdallah I de Jordania y a su séquito, entre los que se encontraba el príncipe Naif, embajador en España. Asímismo recibió las visitas de los hoy reyes de España, del príncipe Felipe y de las infantas, con quienes les unían vínculos de sangre tras el enlace de su nieta con Alfonso de Borbón. Don Juan Carlos presidió en Meirás su primer Consejo de Ministros en 1974, con Franco ya enfermo.

Al pazo, custodiado por su guardia personal, que gastaba boinas blancas, lanzas y casacas con alamares, se llega por la que todavía se conoce como 'carretera de Franco'. Bajo sus imponentes plataneros se situaban, vigilantes, patrullas de la Guardia Civil. También le acompañaban miembros de la Guardia Mora. Se cuenta que sus integrantes pagaban de su bolsillo un día de más a la orquestina para que prolongaran las verbenas en Meirás.

Hay fotografías que muestran aspectos insólitos del dictador en el pazo. Como la estampa en que, vestido con un abrigo camel, se inclina sobre el hombro de una de sus nietas para mostrarle el manejo de una cámara de fotos. 37 veranos dan para mucho.

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