María, 105 años de recuerdos

El barrio donostiarra de Martutene se vuelca con su vecina centenaria. Martu Ondoan, un grupo de voluntarios de Cáritas que tiende la mano a los vecinos, homenajea a 'su' amona

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.
Homenaje. Yolanda, Joserra, María Dolores -la hija de María-, Nina, Ana María y Angeli, felicitan a María por su 105 cumpleaños. ::                             LUSA/
Homenaje. Yolanda, Joserra, María Dolores -la hija de María-, Nina, Ana María y Angeli, felicitan a María por su 105 cumpleaños. :: LUSA

María Aranburu es la amona de Martutene. Y quizá la de Gipuzkoa. El pasado 8 de enero cumplió 105 años, motivo suficiente para que su familia y vecinos le brindaran un cariñoso homenaje: un ramo de flores y cientos de recuerdos que evocaron alrededor de una taza de café con las pastas que tanto gustan a María. Pero el reportaje no es sólo la historia de esta abuela centenaria aferrada a la vida, que recuerda en los momentos de conversación lúcida su primer oficio cuando de niña «llevaba los sacos de virutas de madera a las bodegas de una villa en la calle San Marcial de Donostia». Es también el testimonio de un grupo de voluntarios de Cáritas de la parroquia de Martutene que se han organizado para tender la mano a los vecinos que más lo necesitan, estén o no vinculados con la Iglesia. María, conocida por todos en el barrio, es la niña de sus ojos.

«¿Qué tal se encuentra hoy?», le pregunta Yolanda González, una de las responsables de Martu Ondoan, como así han bautizado al grupo de ayuda social. María responde con una sonrisa, como acostumbra a comunicarse siempre que se le enturbian las palabras. Hace un año que su salud empeoró, cuenta su única hija, María Dolores Armendariz, quien, a sus 80 años, saca fuerzas de donde no las hay para cuidar de su madre en la casa familiar, Aingelu Goikoa, que construyó su abuelo. «Se cayó mientras limpiaba, porque ha limpiado y ayudado en las tareas de cocina hasta hace bien poco. Siempre ha sido una mujer de mucho carácter y energía. Quizá eso es lo que le ha dado tantos años de vida». María afina el oído como para comprobar lo dicho. «¿Que cuál es el secreto de su longevidad?», le repite su hija. «Pues no lo sé, no tengo ni idea, no creo que esté hecha de nada especial», ríe mientras el resto de la casa estalla en carcajadas.

El accidente doméstico de diciembre de 2009, que le causó una fisura en la cadera, hizo temer lo peor. Llegó, además, en un año trágico para su hija María Dolores, que perdió en cuestión de meses a su marido y a uno de sus dos hijos. «Fue un golpe tremendo para todos», interviene Yolanda para echar un capote a María Dolores, emocionada con el triste recuerdo. «Pero aquí estamos remontando, poco a poco», dice ella.

La ayuda de Nina

Tras unos primeros meses «muy duros», el hogar ha vuelto a recuperar cierta normalidad. Al tándem formado por María y su hija María Dolores se sumó hace varios meses Nina Semenenko, una mujer ucraniana que convive con ellas para ayudarles en las tareas del hogar. El hijo de María Dolores y sus tres nietos tampoco faltan a su visita diaria. Martu Ondoan, del que también forma parte el párroco de Martutene, Joserra Trebiño, se ha volcado con la familia. Les ayudó, por ejemplo, a contratar a la asistenta y ahora les echará una mano para solicitar la ayuda para la adaptación del baño. «Intentamos dar calor humano, llegar a donde no llegan las ayudas. Acompañamos a la gente sola, ayudamos con trámites administrativos, también a gente joven, inmigrante...», detalla Yolanda.

María sigue la conversación sentada en la silla de ruedas que le acompaña desde la dichosa caída. A veces interviene y otras pierde la concentración y se olvida de lo que acaba de decir. Está y no está. «¿Te acuerdas de cuando trabajabas en la tienda?», le ayuda a recordar su hija. Y María contesta de nuevo con una sonrisa.

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