«¿Qué hace un microondas en la iglesia?»

Los maestros sostienen que la asignatura «permite conocer cómo es nuestra sociedad»

J. G.SAN SEBASTIÁN.

Durante una excursión de clase, un grupo de alumnos entró en una iglesia para visitarla. Al pasar frente a la zona más adornada e iluminada del templo -era el altar, pero eso algunos no lo sabían- uno de los niños hizo un descubrimiento que le llenó de extrañeza. Se acercó a su maestro y señaló una especie de caja. «¿Qué hace un microondas ahí?», preguntó con los ojos fijos en el sagrario.

«Hay una gran incultura que muchas veces es buscada por parte de los padres». Amaia Navarro se lamenta de que un elevado número de alumnos «carece de cultura religiosa, lo que les impide conocer aspectos fundamentales de nuestra civilización». Susane Rekondo asiente y asegura que conoce a padres «que no dejan que sus hijos entren en una iglesia». No parece extraño por eso que un estudiante preguntara a su profesor si el obispo «es el masculino de la avispa».

Frente a la creencia de que las clases de Religión buscan adoctrinar a los estudiantes, los profesores insisten en diferenciar entre la catequesis y la educación religiosa. La primera pretende «iniciar en la fe y en la vida cristiana», y se imparte en las parroquias. En la segunda, que es la que se da en los colegios, «el profesor evalúa los contenidos del hecho religioso, culturales, históricos, similitudes y diferencias entre las religiones que ayudan a los alumnos a comprender mejor esa fe, pero en ningún modo evalúa la fe de los alumnos».

«Hay quien llega a pensar que venimos del Obispado como catequistas y nos llama embajadores del Vaticano», dice Amaia. «Yo tengo en clase niños que no están bautizados», afirma Álvaro Behobide. Ambos insisten en que su tarea no es el adoctrinamiento y recalcan que «si no conocemos lo que es la Religión no conoceremos casi nada de nuestra sociedad». Por desconocer, hay quien desconoce cómo se llama su pueblo, como el alumno que le dijo a su profesor que él vivía en Donostia y que «San Sebastián es el nombre que le puso Franco a la ciudad».

Álvaro y Amaia relatan historias de compañeros que caen en el desánimo. Susane Rekondo, la madre que apuntó a sus tres hijos a Religión, abre los ojos cuando escucha las palabras de los profesores. «A mí, otros padres me han llegado a mirar mal», afirma. «En el colegio de mi hija han puesto como asignatura alternativa bersolaritza, que en otros sitios se da en la clase de euskera. Es una asignatura muy golosa y a mi hija le gusta», reconoce.