Decepción en la familia de Jokin al ser absuelto el centro donde fue acosado

«Que se echen los padres a temblar porque parece que no hay responsabilidad de los centros en lo que ocurra dentro de sus límites», advierte

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.
Nik, J. Familiares y amigos de Jokin Ceberio eligieron este símbolo para honrar su memoria en las calles de Hondarribia. ::                             F. DE LA HERA/
Nik, J. Familiares y amigos de Jokin Ceberio eligieron este símbolo para honrar su memoria en las calles de Hondarribia. :: F. DE LA HERA

La familia de Jokin Ceberio, el menor que se suicidó en 2004 en Hondarribia tras ser víctima de acoso escolar, se mostró ayer «decepcionada» tras conocer el fallo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que exculpa de toda responsabilidad al instituto donde ocurrió el acoso y rechaza condenar por extensión al Departamento de Educación. «Consideramos que si el acoso y las agresiones se produjeron dentro del recinto escolar y ahora no se deriva ninguna consecuencia negativa para Educación, parece que no se ha incurrido en ningún tipo de culpa en ningún estamento escolar», lamentó ayer en declaraciones a Efe el tío del menor, Miguel Ángel Ceberio. La familia no ha decidido si recurrirá el fallo ante el Tribunal Supremo.

«Yo creo que los padres de los alumnos en cualquier centro escolar deberán echarse a temblar», afirmó ayer Ceberio, porque, a su juicio, con la sentencia «parece que en ningún caso se deriva responsabilidad para el centro escolar» respecto a «todo lo que pueda ocurrir dentro de sus límites» en alusión a un párrafo concreto de la sentencia. El texto judicial recoge que «no se puede llegar a concebir el servicio público como el centro de imputación automática de cualquier hecho que acaezca en el área material de aquel». Ceberio recordó, sin embargo, «el reglamento de organización y funcionamiento» escolar que «establece que los centros de educación secundaria son responsables de los alumnos matriculados durante la jornada escolar», por lo que se preguntó «dónde queda el deber de custodia y vigilancia» del instituto en este caso.

El alto tribunal vasco, que condena a los padres de los inculpados a indemnizar a la familia de Jokin, considera que la actuación de los profesores del Instituto Talaia fue «totalmente diligente» ya que, según el relato de los hechos, «cuando Jokin fue agredido en el interior del centro, las agresiones tuvieron lugar fundamentalmente en los intervalos de clase, es decir, con ausencia de profesores en el aula, no siendo testigo de ello ningún profesor, ni de forma directa, ni indirecta, sin que nadie lo revelara». Añade el fallo que «apenas transcurrieron cuatro días» desde el primer episodio de acoso al menor, al inicio del curso escolar 2004-05, hasta que se produjo «la reacción lógica» de la Jefa de Estudios, quien, una vez se percató de la ausencia a clase de Jokin, avisó a sus padres y se reunió con los menores luego inculpados, motivos por los que considera que «no existe nexo causal entre la actuación del instituto y el trágico final de Jokin».

Su infierno había comenzado un año antes, cuando sufrió una descomposición en mitad de clase, lo que fue motivo de burlas. Durante el siguiente verano, Jokin y varios de sus amigos fueron sorprendidos mientras fumaban porros en un campamento. A la vuelta, los monitores enviaron a los padres de los menores sendas cartas donde relataban lo sucedido, pero estas sólo llegaron a manos de los padres de Jokin, porque el resto interceptó el correo. Sin embargo, los padres de Jokin decidieron contárselo al resto de familias, lo que cambió radicalmente la posición de Jokin en su cuadrilla. Pasó a ser uno más a convertirse en el chivato.

El primer día de curso, en septiembre de 2004, fue increpado por varios de sus compañeros que pegaron e insultaron al chaval. Las agresiones físicas y verbales, balonazos, puñetazos y golpes continuaron hasta que Jokin decidió ausentarse de las clases. Alertados sus padres por el profesorado del instituto, el menor acabó confesando la tortura que había padecido en los últimos meses. La madrugada del 21 de septiembre, cuatro días antes de su cumpleaños, Jokin salió de casa de forma sigilosa, se encaminó a la muralla que circunda el casco antiguo de la ciudad y desde lo alto se lanzó al vacío. Su muerte destapó la tragedia de la violencia en las aulas, conocida como 'bullying'.

Denuncia archivada en 2005

Era de esperar que la decisión del alto tribunal vasco no fuera del agrado de los padres del escolar, quienes siempre han sostenido que el acoso que sufrió el chico era conocido por los profesores del centro. Tras el juicio contra los ocho menores que fueron inculpados, los padres de Jokin interpusieron una demanda contra el director, la jefa de estudios y dos profesoras más del instituto, al considerar que actuaron de manera negligente en la vigilancia de los menores y que con su actuación permitieron que el acoso se llevara a efecto. El juzgado del Instrucción de Irun que investigó el caso sobreseyó la causa, decisión que fue ratificada posteriormente por la Audiencia de Gipuzkoa.

Los demandantes decidieron recurrir entonces a la vía contencioso administrativa en una demanda para reclamar una indemnización al Departamento de Educación y a los padres de los menores que acosaron a Jokin. En una sentencia adelantada ayer por este periódico, el TSJPV aprecia parcialmente este recurso ya que, aunque entiende que los padres de los menores deben responder civilmente «por los daños causados por sus hijos», no condena a la Administración.

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