El chivatazo enfanga la unidad antiterrorista entre PSOE y PP

Los populares dicen que fue el «precio político» por el proceso de paz. La formación de Rajoy pide a sus cargos públicos que insistan en que «Sortu es ETA»

A. TORICESMADRID.
Congreso. Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba, ayer durante la sesión de control. ::
                             PACO CAMPOS / EFE/
Congreso. Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba, ayer durante la sesión de control. :: PACO CAMPOS / EFE

El Gobierno y el PP caminan de la mano desde hace casi tres años para lograr el final de ETA, una unidad antiterrorista que ha logrado superar el poso de desconfianza mutua que persiste desde la lucha sin cuartel vivida en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero por el fallido proceso de paz. Sólo un elemento enfanga desde hace meses la total sintonía política en esa batalla y tensa las relaciones entre ambos partidos: el chivatazo policial a ETA en el caso Faisán.

El asunto aún está en fase de investigación en la Audiencia Nacional, pero el PP lo tiene muy claro. La comunicación a uno de los jefes del aparato de extorsión de ETA, el 4 de mayo de 2006, de que él y sus compañeros iban a ser detenidos «fue ordenada por el Gobierno, posiblemente por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y fue el precio político pagado por ese sucio y mal llamado proceso de paz». Así lo resumió ayer en el Congreso, el diputado popular Ignacio Gil Lázaro, quien volvió a exigir al vicepresidente primero que asuma sus responsabilidades políticas por un hecho que «pende sobre su cabeza» y que «apesta a cloaca del Estado».

El parlamentario, que ya ha interrogado al ministro 34 veces sobre el particular en el pleno, no tiene duda de que Rubalcaba es el último responsable, y el «único que tiene que pedir perdón» por «engañar» a los españoles, obstruir a la justicia, por enfrentar a policías entre sí, y por cometer «la mayor bajeza en Interior desde la guerra sucia (los GAL)».

Gil Lázaro avisó al vicepresidente de que no debe cantar victoria por la decisión del instructor de no citar a declarar al secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho. Cree que «su responsabilidad en el chivatazo no viene determinada» por la citación o no de Camacho «sino por el gravísimo escándalo de que su ex director general de la Policía (en 2006) esté imputado por colaboración con banda armada» como posible implicado en la delación.

Para el Gobierno ocurre todo lo contrario. No hay caso ni responsabilidad política alguna que asumir, como demuestra, según Rubalcaba, que el juez haya «exculpado radicalmente» a su secretario de Estado. No dijo nada sobre el ex director de la Policía.

En su opinión, lo único que existe es una campaña, una argucia política del PP para extender «sospechas, insidias y calumnias» contra policías, jueces y contra la cúpula de Interior. ¿Cuál es la razón? Según el ministro, «ponerle sordina, cubrir de una pátina, la lucha antiterrorista» ahora que, gracias a la acertada dirección del Ejecutivo, la banda criminal recorre su último tramo.

El vicepresidente pasó de lo general a lo particular y acusó a Gil Lázaro de estar animado por el único objetivo de ir a por él, de «hacer preguntas patéticas» para ver si le coge en algún cambio de discurso para «ir esta noche a lucirse por las cadenas (de televisión) de extrema derecha». Para terminar su intervención, y antes de recibir una ovación de más de un minuto de su grupo parlamentario, Rubalcaba lanzó una última carga de profundidad al popular y a su partido. «En el fondo, a ustedes no les gusta lo que está pasando, pero yo se lo voy a recordar aquí día tras día: estamos ante el principio del fin de ETA; esta semana mejor que la anterior y la semana que viene todavía mejor».

Nuevo partido

El PP, además, mantendrá un mensaje único en relación con la nueva formación de la izquierda abertzale. «Sortu es ETA y el Gobierno debe impedir el regreso de los proetarras a las instituciones». Así consta en el argumentario que la dirección nacional de los populares ha enviado a sus cargos públicos. En este texto de cuatro puntos, la dirección del partido opositor insiste en que su postura es muy clara: «No». Justifican esta negativa en que el nuevo partido «es una continuación de ETA y Batasuna», y en que unas hipotéticas listas blancas sólo «encubren la presencia de ETA».