«Tengo una alegría enorme y agradezco mucho el título de ITV»

Nicolás Fernández de Barrena Fundador de Unialco. Ayer recibió el nombramiento festivo de 'Irunés de Toda la Vida' que otorga el Casino de Irun

MARÍA JOSÉ ATIENZAIRUN.
Feliz. Nicolás Fernández de Barrena, ayer en el Casino. ::
                             F. DE LA HERA/
Feliz. Nicolás Fernández de Barrena, ayer en el Casino. :: F. DE LA HERA

La junta directiva del Casino de Irun nombró ayer a Nicolás Fernández de Barrena Arrieta 'Irunés de toda la Vida' (ITV), un título puramente festivo que la sociedad decana del Bidasoa concede «a personas que no siendo nacidas en Irun ni socias del Casino hayan hecho algo significativo por nuestra ciudad». A sus 92 años, el ITV 2011 no está para muchas fiestas, pero su lucidez y su memoria son extraordinarias. Recordar una vida como la suya, merece la pena.

-¿Qué ha supuesto para usted el título de 'Irunés de Toda la Vida'?

-Una alegría enorme y un agradecimiento inmenso para el Casino. Yo no me lo esperaba, porque vivo en San Sebastián desde hace muchos años y ya voy poco por Irun. Voy a cumplir los 93 y mi señora va a cumplir 94 y está delicada.

-En octubre de 1943 usted llega a Irun procedente de su Álava natal y se instala en esta ciudad. ¿Puede contarnos cómo fue?

-Yo nací en el pueblecito alavés de Aspuru. Éramos seis hermanos y a mí me cogió la guerra con 17 años. Estaba estudiando con una beca de la Diputación en el Instituto Ramiro de Maeztu de Vitoria, que ahora es el Parlamento Vasco. La guerra lo estropeó todo. Se acabaron los estudios y la quinta mía fue la que más tiempo estuvo en la mili: cuatro años largos. Me dejaron irme a finales de los 40. Entonces, me coloqué en un almacén de coloniales en Vitoria y de allí, el jefe me mandó de apoderado a una sucursal que había montado en Irun con Don Leopoldo García. Al tiempo, los socios rompieron y Don Leopoldo me dijo: «Nicolás, si usted lo desea, yo me alegraría de que siguiese solo. Yo le dejo el almacén, las bodegas y las 142.000 pesetas que cobro de la disolución de la sociedad». Me dejó todo eso sin condiciones. Ese fue el arranque mío.

-Algo habría visto en usted Don Leopoldo.

-Sí, algo habría visto. Era un gran señor. Me dejó todo sin ningún condicionante y yo le devolví el dinero en dos años. El almacén estaba en la calle Leguía y en 1947, fundé allí la Colonial Franco Española.

-¿Cuántas horas trabajaba en aquella época?

-Bah... Todas. Cuando vivía en casa Idarreta, en la esquina del paseo de Colón, volvía de trabajar cuando sonaba el parte de las las diez de la noche en Radio Nacional y todavía veía a algunos albañiles en la obra, con la bombilla, enfrente del Gaztelumendi. Y por la mañana, empezaba muy pronto. Iba todos los días a misa de siete. Dios me ha ayudado siempre mucho.

-En 1955, el almacén de la calle Leguía se le queda pequeño y abre el de la calle Juan Arana, éste ya con 15 empleados.

-En los años 50 traje a tres de mis hermanos a Irun. Dos vinieron a trabajar conmigo y a Crispín, que era restaurador, le buscamos un local en la calle Fuenterrabía. En el 55 levanté el almacén de Juan Arana. Era un local muy hermoso, la envidia de la competencia guipuzcoana. En el 58, había ya censados en Guipúzcoa 43 almacenistas de coloniales. Sólo en Irun estábamos cuatro.

-Y fue entonces cuando comenzó a pensar en las fusiones.

-En un viaje que hicimos a Francia cuatro compañeros de Ifa, porque yo también soy fundador de Ifa, fuimos que a ver qué hacían allí los almacenistas, porque estaban llegando las grandes superficies y las tiendas de coloniales estaban desapareciendo. Allí nos comentaron que habían hecho una fusión y que habían empezado a montar sus propios supermercados. Era preferible tener 10 locales con un millón en cada uno que tener 10 millones parados en el almacén.

-Y en 1968, crea Unialco.

-Hicimos varias reuniones. Empezamos diez almacenistas de Guipuzcoa y terminamos cuatro.Yo veía cómo venía el asunto. Mis hijos estaban también en el negocio. Entonces pusimos tres condiciones para hacer la fusión de empresas: que el nombre fuera Unialco S. A. , que el almacén central estuviese ubicado en Irun y que el día de la apertura, los demás almacenes quedaran cerrados. Así comenzamos, con 30 empleados y 12 viajantes que cubrían las tiendas guipuzcoana, pero las tiendas iban cerrando y nosotros empezamos a montar supermercados propios. De ahí fueron saliendo, después, los Aldi, los BM, los Superamara y los Netto.

-La gran fusión Unialco-Uvesco llega en los años 90. El grupo crece y sigue manteniendo su sede social en Irun. ¿Se imaginaba que desde el almacén de la calle Leguía podía llegar hasta aquí?

-En el 91, mis hijos se liaron la manta a la cabeza y salió Unialco-Uvesco. El grupo tiene ahora 2.670 empleados, de ellos 410 en Irun. ¿Cómo iba a pensar yo en algo así cuando empecé en la Colonial Franco Española? ¡Ni con mucho! Yo sólo pensaba en seguir y seguir y seguir, pero poco a poco y con los hijos en el negocio, ha salido esto.

-Usted es conocido, sobre todo, por su actividad empresarial. Sin embargo, en su vida hay otra faceta importante: la deportiva.

-Yo he sido muy deportista. He andado mucho en bicicleta. Fui subcampeón de Álava de Montaña, ya no sé ni en qué año. Los domingos iba a ver a la novia desde Vitoria hasta Santander en bici y con la cuadrilla ciclista, veníamos mucho a San Sebastián, a Logroño y competíamos en carreras. También me ha gustado el fútbol. En el año 44 o 45, me enrolé en el Real Unión. Estuve en la directiva no sé ni cuántos años, muchos. Luego hicimos un velódromo y fui el director. También monté el Gimnasio Sarylén ¿Sabes qué quiere decir Sarylén? Pues quiere decir Sara y Elena, que son mi nieta y mi nuera.

-Entre la empresa y el deporte, el eje central de su vida ha sido la familia.

-He tenido cuatro hijos. Me quedan vivos dos y tengo seis nietos y cuatro biznietos. Uno de mis hijos murió de meningitis, a los dos años y medio y otro se me mató en accidente, con 21 años. Eso fue terrible. Fue la razón por la que nos fuimos a vivir a San Sebastián, porque mi mujer, en Irun, no podía ni salir a la calle. Yo accedí a irme, pero le dije a mi mujer: «Quiero que te mueras después que yo, pero si te mueres antes, al día siguiente me vuelvo a Irun». A mí siempre me tira Irun. Ahora les digo a mis hijos que cuando me muera, me lleven al tanatorio de Irun y luego a Blaia.

-Pues que tarden muchos años.

-Eso espero.

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