Retratos desde la prisión

Una muestra en el KM recupera la obra de Pedro Antequera y David Álvarez en la cárcel de postguerra

MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN.
Familia Álvarez; María Rosa, el nieto David, la hija Mirentxu, la nieta Amaia y el hijo José Luis. ::                             N. IRAOLA/
Familia Álvarez; María Rosa, el nieto David, la hija Mirentxu, la nieta Amaia y el hijo José Luis. :: N. IRAOLA

Tuvieron biografías paralelas hasta que un pelotón de fusilamiento separó sus vidas. Fueron caricaturistas, publicitarios y dibujantes en el San Sebastián de la Belle Epoque, triunfaron en Madrid en su oficio en los años de la República y se encontraron en las celdas de los perdedores en las cárceles franquistas.

Pese al hambre, el frío y el miedo siguieron dibujando en presidio retratos y caricaturas que ahora se recuperan en una exposición en el Koldo Mitxelena de Donostia. David Alvarez Flores fue fusilado en 1940 y Pedro Antequera Azpiri pudo recobrar su carrera tras ser excarcelado. Murió en 1975.

El celo investigador de Mikel Lertxundi permitió recuperar parte de la obra realizada en prisión por los dos dibujantes. «Continuar dibujando en la cárcel era su forma de rebelarse contra el dolor», opina Lertxundi. Medio centenar de esos trabajos se expone desde hoy y hasta el 12 de marzo en la ganbara del Koldo Mitxelena. Es el mismo material que se presentó en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca con más de 25.000 visitantes.

La diputada de Cultura, María Jesus Aranburu, recordó ayer que el espacio de la ganbara del KM «tiene por objeto recuperar la obra de artistas o situaciones poco conocidas», y el director del centro, Frantxis López de Landatxe, dedicó la muestra a la memoria de Txabi Basterretxea, «que si no hubiese fallecido seguro que habría estado vinculado a esta exposición».

El comisario Mikel Lertxundi recordó la trayectoria de los dos artistas. Aunque nacieron en Madrid (Antequera en 1892 y Álvarez en 1900) pronto se vincularon con el País Vasco. Alvarez creció en Tolosa. Los dos acabaron ejerciendo su labor en el San Sebastián en los años de la Belle Époque hasta que decidieron instalarse en la capital española en 1934.

Allí les sorprendió la guerra civil, tras la cual fueron detenidos y encarcelados en la prisión Conde de Torreno, donde coincidieron con pintores, músicos, arquitectos, escritores y profesores, a los que retrataron. Álvarez, que había sido combatiente de las Milicias Vascas Antifascistas, fue fusilado en 1940, y Antequera Azpiri pasó por las prisiones de Cuéllar, en Segovia, y Las Comendadoras y Yeserías, en Madrid, hasta que en noviembre de 1943 se le concedió la libertad condicional.

Antequera retoma su trabajo. En 1952 volvió a exponer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y un año después recibió el premio Joaquín Xaudaró. Murió en 1975.

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