Expresiva fusión

MARÍA JOSÉ CANO

Parece que la EGO se ha dado cuenta de que sumar formas de expresión enriquece y mucho. Quizá por ello ha optado para algunos de sus trabajos por fórmulas en las que la música se relaciona con otras actividades artísticas. Lo hizo en su día acompañando en directo una película muda de Chaplin y lo volvió a demostrar ayer con un atractivo espectáculo en el que la danza tuvo tanto o más que decir que la propia orquesta. El resultado fue un trabajo brillante -sobre todo en el caso del baile- que permitió disfrutar de varias disciplinas al mismo tiempo, gracias a un espectáculo que supo combinar los sentimientos que despierta un tema como el bombardeo de Gernika con recursos musicales efectistas.

Diez bailarines, un pequeño coro de cámara y la Joven Orquesta de Euskal Herria fueron los intérpretes de una obra compuesta por Aitor Amezaga en la que supo alternar con acierto páginas llenas de sensibilidad y apoyadas en instrumentos cálidos como el piano o el violoncello, con partes de ritmos pegadizos, como en el momento del bombardeo. La dirección y la coreografía creadas por Edu Muruamendiaraz tuvieron mucho que ver en el éxito de una partitura sin asperezas armónicas y tremendamente cinematográfica. Los bailarines jugaron con una estética en la que compaginaron la danza tradicional vasca con la contemporánea, creando un atractivo mestizaje entre ambos estilos. El coro -de gran calidad, pero inexistente en el programa de mano-, la puesta en escena, la iluminación, el vestuario y todos los elementos que participaron en este potente 'Gernika' regalaron una sensible interpretación de la obra, tras la que no faltó el recuerdo a Xabier Lete.

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