Marcado en rojo

FERNANDO BECERRIL

El partido de ayer lo tenía marcado en rojo Txus Vidorreta. Después de la victoria en Gran Canaria en su anterior salida, sabía que un triunfo esta última semana, antes o después del cambio de año, le permitiría soltar buena parte del lastre acumulado en los primeros meses. No pudieron con el Valencia, aunque jugaron un partido notable, y ayer en San Sebastián salieron con el cuchillo entre los dientes y un plan bien concebido. Lo llevaron adelante hasta el final, a pesar de la reacción del segundo tiempo.

El GBC realizó el viaje inverso a través del tiempo. Si los alicantinos se sienten en el camino de la salvación, los hombres de Laso se ven en la necesidade mirar hacia abajo por primera vez en lo que va de campaña. No deberían hacerlo porque no hay motivo para sentir vértigo con siete triunfos en catorce encuentros, pero ellos saben que la victoria de ayer les hubiera permitido poco menos que sellar la permanencia. Se escapó. Fueron inferiores como equipo y dependieron en exceso de un par de jugadores.

El encuentro de ayer nos enseña una de las grandes debilidades de esta Liga y de este deporte. Un equipo nace condenado. Alicante, por ejemplo. No tiene dinero, su entrenador no cuenta con la confianza de nadie y la plantilla está cogida con alfileres. Cambian de técnico, hacen dos fichajes acertados y se rearman en un espacio de tiempo poco menos que inexistente. En cuatro partidos ganan a Unicaja en casa y a Gran Canaria y Lagun Aro en cancha contraria. O el Valencia. Llega Pesic y ganan siete partidos seguidos. No es serio. Aquí no tendremos esos vaivenes, pero no podemos descuidarnos.