San Agustín, un santo con cultura

La Iglesia de San Agustín, en Azpeitia, abrirá hoy sus puertas como centro cultural

ELI AIZPURUAZPEITIA.
Aforo. El centro podrá albergar a 300 personas. ::
                             ARIZMENDI/
Aforo. El centro podrá albergar a 300 personas. :: ARIZMENDI

«En la actualidad, está en completo desuso la iglesia de San Agustín, si bien podría servir de marco adecuado para el desarrollo de un buen número de actividades culturales, ejecutando algunas obras interiores sin que pierda sus características principales». Con esta reflexión finalizaba el historiador Imanol Elías, nombrado cronista de honor por el Ayuntamiento de Azpeitia, uno de los capítulos dedicados al convento de San Agustín en su libro 'Guía histórica y taurina de Azpeitia. 1986'.

Como si de una profecía se tratara, 25 años después de escribir aquellas palabras, la iglesia de San Agustín volverá a abrir sus puertas hoy, después de un arduo trabajo del consistorio y posteriormente de la Mesa de Cultura, en la que se encuentran inmersos -además del Ayuntamiento- los 24 grupos culturales locales, técnicos y algún que otro independiente. El Ministerio de Fomento ha financiado, con 1.967.312 euros, la rehabilitación y reconversión de la iglesia en centro cultural con un aforo de 300 personas, gracias al convenio de colaboración con entidades locales para la ejecución de proyectos de recuperación del patrimonio histórico.

La iglesia mantiene sus características de antaño, pero con un equipamiento técnico de última generación albergará diferentes actos culturales. «Aún tenemos que actuar con cautela y ver cómo funcionará el centro en sus inicios, pero queremos que sea un referente para la cultura de la comarca», asegura Aitor Bengoetxea, miembro de la Mesa de la Cultura, organización que se encargará del funcionamiento del centro estos primeros meses.

Durante años, el Patronazgo de San Agustín ha sido causa de nuemerosos litigios. Sin embargo, una piedra situada en uno de los lados del retablo de la iglesia, que ha sido recuperada gracias al conocimiento del ex alcalde Jose Mari Bastida, aclara a quién correspondían el convento y la Iglesia de San Agustín. Dicha piedra, dice así: «Esta sepultura es de la muy noble y leal villa de Azpeitia, única patrona de este convento de nuestro padre San Agustín» (anteriormente, desde 1599, había sido un convento).

El párroco Kepa Susperregi y el entonces alcalde azpeitiarra, Jose Mª Bastida, firmaron el acuerdo de propiedad de la iglesia a favor del municipio en 1994. La pelea que durante años Iglesia y municipio mantuvieron por la propiedad de San Agustín se decidió cuando Imanol Elías, por deseo expreso del alcalde Bastida, encontró un documento en el Archivo de Oñati datado en 1842 en el que el general Espartero concedía el edificio al ayuntamiento. Era la época de la Desamortización de Mendizábal, cuando los agustinos fueron expulsados de Azpeitia, al igual que los dominicos. Fue así como el consistorio se hizo cargo de la Iglesia del viejo convento de San Agustín, situado en las mismas dependiencias de la casa consistorial.

Historia reciente

En 1998, Jose Mari Bastida, especialmente interesado en San Agustín, logró tras varios viajes a Madrid que el Gobierno Central financiase las obras que el Ayuntamiento quería realizar en la Iglesia. Entonces acordaron que el proyecto lo llevaría a cabo el consistorio en una primera fase. «La ejecución de la segunda fase de la obras estuvo en grave riesgo», asegura Bastida, aunque en 2006 -fecha en la que Bastida ya no era alcalde-, pudo adjudicarse por fin.

Más tarde, Madrid se comprometío a financiar el equipamiento del recinto, con la condición de que San Agustín fuera utilizado como centro cultural. Ese mismo año, 2006, nació la Mesa de Cultura en la localidad, con el ánimo de revitalizar la vida cultural local. Miembros de esta iniciativa proponen mejoras en el proyecto que fueron introducidas en 2008. Ahora, por fin, tras 16 años de espera, San Agustín verá la luz. La Mesa de Cultura quiere que el centro sea «dinámico, participativo y abierto». En definitiva, que se convierta «en una plaza para los grupos culturales. Un instrumento que dé vida no sólo a Azpeitia sino a la comarca».

Falta poco para el txupinazo de salida. ¡Larga vida a San Agustín!

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