«La caza puede desaparecer en Gipuzkoa y Vizcaya con la ley que está en debate»

Recuerda al Parlamento que el proyecto que le ha remitido el Gobierno Vasco «no ha sido consensuado» con los principales interesados

JAVIER MUÑOZSAN SEBASTIÁN.
Sarasketa acaricia una 'setter inglés' en su armería. ::
                             MAIKA SALGUERO/
Sarasketa acaricia una 'setter inglés' en su armería. :: MAIKA SALGUERO

«Aquí no hay 'lobbys', sino cazadores modestos. Los que no pueden ir a cotos y no tienen más alternativa. El escritor Miguel Delibes decía de los aficionados vascos que son los que sudan la camiseta en el monte, un ejemplo de andar por la caza y por la vida». Juan Antonio Sarasketa, presidente de Asociación de Defensa de la Caza y la Pesca (Aedecap), niega que esa organización y las federaciones deportivas (110.000 licencias en Euskadi) estén presionando al Parlamento de Vitoria para que apruebe una Ley de Caza a la medida del colectivo, acusación lanzada por el sindicato agrario Enba.

Según Aedecap, que concentra anualmente a decenas de miles de personas en Dima, el proyecto de ley que el Gobierno Vasco ha enviado a la Cámara, y que ésta ha comenzado a debatir, «no ha sido consensuado» con los primeros interesados. Saraketa cree que es el «más restrictivo» de todas las autonomías y «pone en peligro» la práctica libre de la actividad cinegética en Gipuzkoa y Vizcaya (en Álava se desarrolla en cotos). «Un diputado comunista francés recordó que la caza fue una conquista de la Revolución, ya que hasta entonces estaba reservada a reyes y nobles», relata el veterano cazador y armero.

-¿Qué es lo que rechaza Aedecap del proyecto de ley?

-Bastantes cosas. Pero lo que más nos preocupa son las distancias de seguridad. Para nosotros es suficiente que no se pueda disparar a menos de 100 metros de una borda, un caserío o un chalé, y que siempre se apunte de espaldas a esos lugares. Los 200 metros que aparecen en el texto no se aplican en ninguna otra autonomía. Si finalmente se aprueban, la caza libre puede desaparecer en Vizcaya y Gipuzkoa.

-¿Pero no quedaría la población más tranquila con un perímetro de protección mayor?

-Ese temor se explica porque buena parte de la sociedad desconoce la realidad cinegética del País Vasco. A diferencia de Álava, en los otros dos territorios históricos se cazan esencialmente especies menores. Por esa razón, el perdigón de las escopetas es fino, del nueve o diez. Se llama 'mostacilla' y su peligrosidad no rebasa los 50 o 60 metros. De verdad, no hay motivos reales que justifiquen una restricción de 200 metros. Si el problema fueran las distancias, ¿por qué no ponemos 400?

-Pues, en días de niebla, el Gobierno Vasco propone no disparar a 250 metros de casas aisladas. Y quiere prohibir las salidas cuando haya hielo en el monte.

-Tampoco estamos de acuerdo. Con niebla siempre hay algo de visibilidad y, repito, el alcance de las escopetas no pasa de 60 metros. Respecto al hielo... Qué día de invierno no hay hielo... Eso no afecta a los animales. Otra cosa son los 'días de fortuna'(las jornadas restringidas porque ha caído una fuerte nevada). Esa limitación la entiende cualquiera.

El gallo que canta a las seis

-Hay sectores que piden eliminar los puestos de tiro autorizados en las zonas de seguridad.

-Aclaremos que la 'pasa' (de aves) dura tres semanas. Y dentro de ese periodo, son días contados. Los puestos están ordenados y casi siempre en lugares altos. No hay peligro y menos en un sitio fijo. Los pájaros no van por el suelo.

-¿Los nuevos tiempos no exigen también una legislación distinta?

-La ley estatal de 1970 no es necesariamente mala sólo por ser antigua. Nunca hemos tenido accidentes mayores. Y las diputaciones han realizado una gestión acertada.

-Pero los vecinos se quejan a los ayuntamientos.

-Respeto a quienes se han construido un chalé o una casa en lugares por donde antes andaban los animales. Pero hay propietarios que se irritan cuando el gallo canta a las seis de la mañana. Tampoco quieren que las vacas defequen cerca de la finca. Y cuando resuena un tiro esporádico a lo lejos, da igual a qué distancia de la zona de seguridad, también les molesta. Como oyen ruido, piensan que puede tener una repercusión, pero no es así. En Gipuzkoa y Vizcaya hay escopetas y perdigón fino.

-Los agroturismos también han protestado. Temen que ustedes ahuyenten a los clientes que aman la naturaleza.

-Les entiendo. Pero en esta vida todos somos predadores. Si todos invadiéramos el medio natural, no habría caza. A los urbanitas les gustan los animales, pero no los conocen. Hay ecologistas y sectores de la sociedad sensibles a la muerte, y ese sentimiento es comprensible, pero no constituye un argumento conservacionista. La caza es necesaria como reguladora del medio. Si hay muchos cultivos, aumentan las perdices; si hay mucho maíz, entonces son las torcaces, como ocurre ahora. Nuestra práctica es necesaria y queremos desarrollarla con moderación, armonizándola con las actividades de los demás.

-Sin embargo, el sindicato de baserritarras Enba les acusa de haber creado un 'lobby'.

-En realidad, los baserritarras son el grupo de cazadores más numeroso. Es raro el caserío donde no encuentras dos o tres escopetas. Es más, como los jabalíes suelen estropear las huertas, los baserritarras recurren a batidas organizadas en las proximidades. Si no hubiera regulación, en cuatro o cinco años tendríamos a los jabalíes en la Gran Vía de Bilbao.

-¿Qué pide Aedecap a los partidos?

-Que las administraciones se ocupen también de nosotros. Hay quienes creen que la caza es una diversión de ricos, pero en el País Vasco no hay grandes cacerías ni trofeos, como en el sur peninsular. Un aficionado puede abatir cuatro piezas al año. Un becadero puede matar seis becadas y un palomero, cuatro palomas, mientras que nos pasan por encima seis millones. Aquí existe un sector deportivo, un colectivo respetuoso, pero sus miembros tienen la impresión de que sólo les dan palos.

-¿Como cuando se prohibió la contrapasa (disparar a las aves cuando regresan al norte de Europa) a instancias de la UE?

-La gente que ya está molesta con aquella injusticia teme que ahora le den otro palo... Con las personas que han cazado toda la vida es mucho más eficaz educar que prohibir. Y algunos conservacionistas lo han puesto en práctica.

-¿Están dispuestos los aficionados a movilizarse si no ven cumplidas algunas demandas?

-No se darán por derrotados; tratarán de defender sus derechos. Hace veinte años ya salimos a la calle en San Sebastián.

-¿Planea en el horizonte la idea de crear un partido de cazadores?

-Hay quienes lo piden, pero yo siempre he estado en contra. Somos ciudadanos antes que cazadores. Los franceses, que tienen su partido en Iparralde, nos han echado los tejos. En principio, una opción como ésa tendría éxito en unas elecciones europeas; pero también soy consciente de que, más tarde, los políticos nos pasarían factura. Ahora bien, si los cazadores entienden que vienen mal dadas, quizá arrancaría.