Acogidos en familia

Cualquier programa de acogimiento de menores debe procurar que disfruten de una vida estable

Gipuzkoa puso en marcha en 1999 un programa de acogida de menores que se complementó ocho años después con otro que contemplaba también la profesionalización de esta modalidad. En este momento, son 260 los menores que residen en familias de acogida dentro del territorio guipuzcoano. En este contexto, una cuarta parte de ellos cumple los 18 años en su casa de acogida y en tres de cada cuatro casos se quedan a vivir con ellos, algunos bajo el amparo legal de la adopción. Además, treinta jóvenes se encuentran en el denominado programa de desvinculación, que engloba un plan de ayudas de la Diputación Foral de Gipuzkoa para los jóvenes que cumplen la mayoría de edad.

Este cuadro estadístico pone de manifiesto la existencia de una realidad social en Gipuzkoa que no se puede obviar y cuya gestión depende de un esfuerzo compartido entre el departamento foral de Política Social y un número importante de familias guipuzcoanas comprometidas con la solución de este problema.

Cuando la institución foral y un juez dictaminan la retirada de la custodia a los padres biológicos, significa que existe un grave riesgo de desprotección del menor, que se han agotado ya otras fórmulas menos drásticas de intervención familiar, y que se está ante una situación de potencial desamparo que reclama una respuesta institucional. Por muy desestructurada que esté una familia, es evidente que para los padres es muy duro asumir que la tutela de sus hijos deba trasladarse a la Administración pública. Y esta circunstancia es la que condiciona la necesidad de actuar con especial sensibilidad, facilitando, como sucede en el caso de los menores guipuzcoanos acogidos, que la familia biológica no sea ajena a la vida de sus hijos mediante visitas o a través de un seguimiento por parte de los psicólogos que analizan su evolución.

Cualquier programa de acogimiento de menores debe fijarse como objetivo esencial procurar que los niños disfruten de una vida estable para facilitar su desarrollo personal de forma armónica. No obstante, cuando los periodos de acogimiento se alargan mucho en el tiempo, existe un cierto riesgo de colisión entre los intereses de la familia biológica y los del menor. Y afrontar esta delicada situación exige un considerable esfuerzo de responsabilidad, que compromete muy especialmente a la familia biológica.