Fallece Txabi Basterretxea, cineasta y artífice de exposiciones como 'Atarian'

Dirigió junto con Joxean Muñoz las películas 'Karramarro uhartea' y 'Tortolika eta tronbon', ambas de animación

FELIX IBARGUTXISAN SEBASTIÁN.

Ha fallecido el director de cine de animación Txabi Basterretxea, quien en los últimos años, desde su empresa Tipula, junto con Joxean Muñoz, también destacó en el campo del montaje de exposiciones. Una de las más destacadas fue Atarian, una muestra multidisciplinar que recogía el pasado y el futuro de Donostia, y que se llevó a cabo en el año 2000 en el museo de San Telmo.

Hijo del escultor Nestor Basterretxea y María Isabel Irurzun, nació en Madrid en 1954. Falleció ayer, tras unos meses de enfermedad.

En su juventud realizó estudios de fotografía en Barcelona y luego llevó a cabo varios trabajos de vídeo y cine. En 1985, su videoclip 'Sarri-sarri' fue el ganador de la primera edición del Festival de Videos de Vitoria-Gasteiz. En 1998 dirigió la película de animación 'Tortolika eta tronbon', junto con Joxean Muñoz, con Txirri, Mirri y Txiribiton como protagonistas. Este dúo fue también quien dirigió también el filme de animación 'Karamarro uhartea', que logró el Premio Goya de ese ámbito.

«Te vienen a la mente los tres años de duro trabajo, las peleas, toda la gente con la que has estado», declararon Muñoz y Basterretxea al recibir la noticia del premio Goya.

Pero la tarea habitual de Basterretxea fue la concepción y montaje de exposiciones culturales. 'Atarian, la ciudad de los sueños' fue una muestra espectacular, que tuvo muy buena acogida por parte de los donostiarras.

Al año siguiente, en 2001, Basterretxea y Muñoz montaron para el centro Koldo Mitxelena una exposición sobre el poeta Gabriel Celaya, y en 2003 diseñaron una gran muestra de las maquetas de Néstor Basterretxea para el museo de San Telmo.

También en 2003, diseñaron una exposición para el centro KM sobre el dibujante Jon Zabalo 'Txiki' (Manchester, 1892-Londres, 1948) que recogía buena parte de su producción, plasmada en viñetas de prensa, carteles y libros. Además, la exposición permitó un acercamiento a la incipiente sociedad urbana del País Vasco de los años veinte y treinta.

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