Un catador japonés en el certamen de sidras de la sociedad Murumendi

En esta edición participaron 68 lotes de sidra, presentados por afamadas firmas de la provincia. El concurso fue ganado por la sidra de Zelaia, presentada por Juan M. Ayarza

JUANTXO UNANUABEASAIN.
Desde Oriente. El japonés Ryuji Ikerne escancia sidra durante la cata, acompañado de Ion Astiazaran. ::
                             JUANTXO UNANUA/
Desde Oriente. El japonés Ryuji Ikerne escancia sidra durante la cata, acompañado de Ion Astiazaran. :: JUANTXO UNANUA

La sociedad pelotazale Murumendi, en la obligada y ya tradicional cita del primer martes de octubre, se convirtió por unas horas en una gran sidrería, ya que acogió a sidreros, aficionados a la sidra, bebedores del sabroso zumo de manzana... Y entre ellos a un japonés, al que le encanta esta bebida de color pajizo.

Si en su larga historia el umbral de esta sociedad ha sido atravesado por personas del país y hasta otras llegadas, por ejemplo, desde Cuba; a los que costaba entender la filosofía de funcionamiento de estos templos de la gastronomía y del buen beber, el martes por la noche era el nipón Ryuji Ikerne el que se sentía como en casa.

La sociedad pelotazale celebraba el XXXVII certamen de sidra embotellada de 2009 y el japonés llegaba acompañado de Ion Astiazarán, de la firma sidrera ubicada en Zubieta, que le da el apellido y desde un inicio entró en el meollo del evento.

La sidra producida por los Astiazarán, en Zubieta, desde 2007 llega y tiene presencia en Tokio, en el restaurante el que trabaja Ikerne. Según contaba Ion, que hizo de intérprete de japonés, «fue su jefe, del restaurante quien le metió el gusanillo para visitar Euskadi y en particular Donostia». Y la verdad es que estaba disfrutando de su estancia, tal y como lo demostraba mediante gestos.

Este japonés no dudaba en coger la botella e ir escanciando sobre los vasos de sus compañeros de mesa la sidra cuya botella numerada era participante del concurso, al que también él aportó el obligado lote de 6 botellas para poder ser partícipe del mismo.

Fueron 68 los participantes en esta edición del certamen que organiza la pelotazale. Puntualmente, cada lote de seis botellas fue introducido en el aska llena de agua cuya temperatura era constantemente vigilada por José Zubeldia para que oscilara entre 8 y 10 grados, la temperatura ideal para ser catada. Todos los lotes fueron catados en las distintas mesas (34 sidras distintas en cada una de ellas), mientras se degustaban los tradicionales bacalao y redondo.

Como siempre los propios participantes hicieron las veces de jurado y se afanaron e intentaron puntuar de la manera más justa, siempre entre 5 y 10 puntos.

«No es nada fácil», señalaban en algunas mesas, pero siempre había alguno que guiaba al resto a la hora de puntuar entre 5 y 10.

Gran abanico

Los lotes pertenecían, entre otras, a las firmas sidreras de Zalbide, Zelaia, Astiazarán, Gaztañaga, Alberro, Bereziartua... menos habitual suele ser la presencia de botellas de Calonge o de Rufino, que este año se entremezclaban en el aska con el resto.

La fase final se celebró como manda la ordenanza. Seis elegidos formaron parte del jurado. Tras puntuar, entre cata y cata, tocaba ingerir un trozo de huevo duro para hacer desaparecer de las papilas gustativas todo rastro de lo catado. No fue labor fácil, la ganadora, en base a la puntuación del jurado, fue la sidra de Zelaia, presentada por Juan Mari Ayarza, la segunda la de Gaztañaga (Javier Mendia) y la tercera la de Bereziartua, presentada por Ramón Arandia.