Tabaco y hostelería

KIKE SARASAPERIODISTA Y ASESOR DE COMUNICACIÓN EN TEMAS DE SALUD

N ada más anunciar la consejera de Asuntos Sociales, Gemma Zabaleta, la voluntad de su Ejecutivo de sacar adelante una nueva ley que evite fumar en espacios públicos cerrados, los representantes de los hosteleros pusieron el grito en el cielo. Los principales argumentos esgrimidos por el sector son: es una marcianada, hundirá el sector y no podemos hacer de policías en nuestros locales. Trataremos aquí de desmontar estos argumentos.

La aprobación de la nueva ley antitabaco no es una excentricidad, como insinúan los representantes de la hostelería. La jaimitada es la actual ley impulsada por el ejecutivo de Zapatero que en nada ha variado los hábitos sociales relacionados con el tabaco y sigue sin proteger a los no fumadores.

¿Cuál es la situación en el resto de Europa? Irlanda, pese a su tradición de pubs, fue el segundo país de Europa, tras Islandia, en aprobar una ley que prohíbe fumar en bares y restaurantes. Le siguió Italia. Y la prohibición es total en Francia, desde el 2 de enero de 2008, Países Bajos, Suecia, Noruega -donde se sanciona sólo al propietario y no al fumador-, Letonia, Estonia, Lituania, Dinamarca, Finlandia, Gran Bretaña, Malta, Chipre. Turquía lo prohibió en 2009 y Grecia, el país con la tasa más alta de fumadores de Europa, lo acaba de hacer hace días.

Hay otro argumento que esgrimen los representantes de los hosteleros. ¿Por qué Euskadi se adelanta a la normativa que prepara el Estado? Por que tiene competencias para ello. Así lo hizo Escocia, que se adelantó en un año a la ley de Inglaterra y Gales. Y así lo acaba de hacer Baviera que, tras un referéndum, acaba de aprobar la ley más restrictiva de Alemania, hartos sus ciudadanos de que los hosteleros hubieran convertido sus bares en clubs de fumadores para soslayar la ley anterior. Otras regiones alemanas, como Renania del Norte-Westfalia y el Estado de Berlín, ya han anunciado acciones similares.

El segundo argumento utilizado por los representantes del sector es que la ley hundirá el sector. La encuesta realizada por la Asociación Contra el Tabaco y por la Salud del Reino Unido asegura que «un 20% más de no fumadores comenzó a frecuentar más los locales nocturnos desde la prohibición». Otros estudios indican que en Francia los ingresos de los bares aumentaron un 1,2% en el primer año de aplicación de la ley y un 18% en el caso de los restaurantes. En Italia, un 9,6% de la población acude con más frecuencia a los locales desde que existe el veto al humo y el 94% de los hosteleros aseguraban que no había disminuido el volumen de negocio. Y así en el resto de países con leyes restrictivas.

Por tanto, este argumento de la bajada de ventas tampoco es válido. Pero, además de ser falso, demuestra una absoluta falta de respeto de los representantes de la hostelería hacia sus propios clientes y, de modo especial, hacia sus empleados. La OMS, la Organización Panamericana de la Salud y la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer han determinado que ser fumador pasivo «es una causa de enfermedad y muerte probada». Aumenta de dos a cinco veces el riesgo de muerte súbita del lactante y en niños con asma incrementa la frecuencia de las crisis (de ahí que el proyecto de ley vasca proponga prohibir fumar en el coche con niños dentro), los episodios de catarros se incrementan un 70%, al igual que la neumonía o la otitis. El tabaco aumenta en el fumador pasivo un 30% el riesgo de padecer cualquier tipo de enfermedad cardiovascular y un 25% el riesgo de cáncer de pulmón. Y sube hasta un 70% la posibilidad de contraer cáncer de mama, especialmente entre mujeres jóvenes.

En España, según la Federación Española del Corazón, se registran al año unas 3.000 muertes por tabaquismo pasivo. Si trasladamos los datos a Euskadi los fallecidos anualmente por inhalar el humo de otros se acercarían a los 140. Qué pena que a algunos hosteleros parezca importarles más hacer caja.

El tercer recurso de los representantes de la hostelería es decir que «no estamos para llamar a la policía o a la Ertzain-tza cada vez que alguien encienda un cigarrillo». Tampoco llaman a la policía cuando entra un borracho a dar la tabarra a los clientes. Le dicen que se vaya y punto. Por eso la ley les reserva el derecho de admisión. El peligro para el sector de la hostelería no es la nueva ley. El riesgo es, como ha ocurrido con el amianto, que sus empleados comiencen a reclamarles en los juzgados responsabilidades por haberles expuesto de forma permanente y sin ningún sistema de prevención a un producto altamente tóxico y que mata. Y, por supuesto, para aquellos bares que cobran el zurito a 1,50 y una simple croqueta a 2,50, el problema de subsistencia no es la nueva ley sino otro.

Donde tienen razón los representantes de los hosteleros es en reclamar que los pocos, poquísimos, locales que hicieron obra para cumplir la inútil ley vigente sean resarcidos. Es ahí donde tendrán que incidir y no en amenazar con boicotear la nueva ley que garantiza una mejor salud para todos.