«La idea era sacar a la luz a gente que normalmente vive en la oscuridad»

Cuatro años después de la aparición de la colección de relatos 'Secundarios de lujo', el escritor donostiarra Juan Velázquez debuta en la novela con 'Hombres sin suerte'

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.
Penumbra. El autor de 'Hombres sin suerte', Juan Velázquez, en uno de los escenarios donostiarras en los que se desarrolla la novela. ::                             USOZ/
Penumbra. El autor de 'Hombres sin suerte', Juan Velázquez, en uno de los escenarios donostiarras en los que se desarrolla la novela. :: USOZ

Cuatro años después de la aparición de la colección de relatos 'Secundarios de lujo', el escritor donostiarra Juan Velázquez debuta en la novela con 'Hombres sin suerte', un relato negrísimo de tres vidas que se cruzan en este San Sebastián de principios de siglo.

- Después del libro de relatos 'Secundarios de lujo', publica ahora la novela 'Hombres sin suerte'. Ha cambiado de género, pero el universo literario sigue siendo el mismo.

- El cambio es ocasional, esta historia -estos hombres sin suerte- pedía esa distancia, ese impulso, o yo al menos no supe contarla en el formato más reducido del relato. No ha sido un cambio sin vuelta atrás, me gusta escribir relatos y me gusta mucho leerlos. Además, se necesita menos tiempo y se sufre menos. Lo que está claro es que cada uno tiene su medida de expresión escrita y, de la misma forma que no he intentado -y creo que nunca lo haré- escribir poesía porque no estoy dotado para esa orfebrería que requiere el poema, creo que la mía es la media distancia narrativa, por decirlo de alguna forma.

- Como telón de fondo, retrata la Donostia de 2006, durante la penúltima tregua de ETA, con el Concierto por la Paz de La Zurriola y el continuo zumbido de las declaraciones de los políticos como telón de fondo.

- Sí, es así. Me siento cómodo escribiendo de lugares y de hechos que conozco, sin necesidad de investigar en hemerotecas. Creo que para todos los que vivimos en este país la cuestión política ha sido un soniquete constante, reiterativo, cansino, durante largos años. También trágico para muchos. Poco a poco, algunos, afortunadamente hemos sabido o hemos podido restarle importancia -en la medida que nos dejan- y, además, nuestras vidas, como las vidas de la mayoría no dependen de la política. Bastante tenemos con lo que tenemos para preocuparnos de 'las grandes ideas' que llevamos demasiado tiempo escuchando. La idea es que las opiniones de los políticos estuvieran presentes como una constante pero sin condicionar la historia. Que lo individual pudiera sobre lo colectivo. Al fin y al cabo las novelas son historias de individuos que suceden en un tiempo concreto y eso influye en sus actos, pero no son reflexiones de la historia colectiva de un pueblo o de un lugar, para eso creo que está el ensayo.

- La novela también ofrece un retrato duro de la vida social de la ciudad, en la que las miserias se viven de puertas para adentro.

- Sí, en todas las ciudades hay personas que lo pasan mal, muy mal incluso. Mi intención fue hacer protagonistas a algunas de ellas. Tanto en la literatura como en las conversaciones diarias, se evita hablar de dinero, de la falta de dinero como problema acuciante. Sin embargo, es ésa una de las carencias que puede llevar a hacer cosas terribles, tal y como sucede con los personajes de la novela. En San Sebastián también conviven hoy personas para las que no tener dinero se ha convertido en un grave problema, en un drama. Además hay otras tragedias presentes nada más traspasar las puertas de muchos hogares, aquí como en cualquier otro lugar. La cuestión es si queremos mirar dentro o volver la mirada hacia La Concha.

- Un personaje llega a comentar: «Esta ciudad no tiene espalda».

- Es un hecho que se ha construido una ciudad siguiendo un modelo determinado donde no es que se oculte lo feo, sino que parece que todo tiene que estar reluciente, recién estrenado, impecable, sin el más mínimo desconchado. Eso parece que trasciende lo urbano y se aplica también a lo humano. En los años ochenta la ciudad era más agreste, más imperfecta quizás, pero también más auténtica porque la calle daba un reflejo de lo que era la vida de las personas. La belleza no tiene por qué ser el atractivo único de una ciudad, ahí está el ejemplo de Los Ángeles y de otras ciudades y, en ningún caso, una belleza a cualquier precio. Ahora vivimos en una ciudad carísima con cosas buenas, eso es indudable, pero también impregnada de una pátina de irrealidad. Una ciudad, cuyos atractivos no están al alcance de cualquiera. La idea era sacar a la luz a gente que normalmente vive en la oscuridad pero que está ahí y a la que un carril bici más o menos o la capitalidad cultural no le preocupa lo más mínimo porque su pelea es otra.

- Los tres protagonistas -Fermín, Gonzalo y Aitor- en principio no tienen nada en común, salvo el infortunio al que hace referencia el título.

- Si, son representantes de tres generaciones y con tres orígenes distintos. Son personas malhadadas a las que une un deseo feroz de dar la vuelta a su destino. Eso les reúne. Los tres han llegado ahí por diferentes razones pero a las tres el azar les ha negado una vida mejor y ellos pelean de la manera que se les ocurre por cambiar su sino.

- También hay lugar para la narración de algunos episodios de pequeña delincuencia. ¿Cuál es aquí el problema? ¿'Delincuencia' o 'pequeña'?

- Está claro que no son delincuentes profesionales. Es verdad. Pero cuando a alguien el destino le empuja puede cruzar determinados límites sin pensárselo demasiado. Es cierto que la determinación para cometer delitos es diferente en los tres. Por otra parte, ésta es una ciudad donde hay un lúmpen, pero me resultaba más creíble que los protagonistas no fueran profesionales sino, eso, hombres sin suerte a los que ya nada les importa demasiado.

- Además de los tres personajes protagonistas, todos cuantos les rodean encajan en el concepto de 'perdedores'.

- El perdedor ha sido llevado a la literatura en muchas ocasiones. Quizás porque es más atractivo tanto para el lector como para el escritor que un ganador y, también, porque sirve de contraste con nuestras vidas, de consuelo, porque no provoca envidias. Hay muchas categorías de perdedores. Ésta es una novela de perdedores natos, de verdaderos perdedores. No hay casi ternura, ni luz que aquí sirva de contraste a la sombra pero creo que todo ser humano tiene algo de estos personajes. Muchos podemos haber rozado alguna situación límite, algunos incluso han estado muy cerca de cruzar hacia lugares de los que no se retorna indemne y creo que la mayoría estamos en situación de considerar creíble lo que pasa con estos personajes de la novela donde todo lo malo aflora a la vez. El ser humano tiene de todo, malo y bueno, crueldad y ternura, amor y odio, lo que pasa es que en esta historia toca contar sólo lo malo.

- Un par de episodios se desarrollan en las urbanizaciones veraniegas, fuera de temporada.

- Fuera de temporada es la clave. Cualquier lugar normalmente concurrido tiene algo inquietante cuando está vacío. Sea un lugar de veraneo en invierno, el parking de un supermercado un domingo o una discoteca vacía y con las luces encendidas. He visitado algunos pueblos turísticos en invierno y me trasmiten una sensación de que algo, cualquier cosa, puede pasar. Y sobre todo te haces la pregunta de qué hace esa gente allí y qué vida lleva.

- ¿Cree que hay sitio en las grandes colecciones de novela negra para este tipo de títulos tan ¿oscuros? o ahora está de moda otro tipo de subgénero, con héroes eco-feministas y todo eso?

- Con la literatura sucedió que se cargaron el canon. La crítica no se ejerce, ha desaparecido y sólo cabe la pura promoción. Nació el autor profesional que necesita vender mucho, trabaja de encargo y con adelantos, las editoriales aumentaron las cifras de ventas con los best sellers -algunos muy buenos, no lo vamos a negar- y ya no pudieron bajar de esos niveles. Eso se consigue eliminando la crítica y abusando de la publicidad para que el lector ocasional, principalmente, acceda a las novedades que ellos le proponen. Al mismo tiempo desaparecieron muchos de los libreros clásicos que aconsejaban y con los que charlabas y te informaban de las novedades con un sentido honesto de la profesión. Ahora, cuando los grupos editoriales dan con un filón, sea la llamada novela histórica o el thriller blandito y poco creíble del que habla, lo explotan siempre bajo el mismo formato de libro muy voluminoso, de tapa dura, con un precio por encima de los veinte euros y una gran promoción que haga pensar al lector que con su lectura, además de entretenerse aprende mucho. Esos productos siguen conviviendo en los estantes con gente como Hammett, Chandler, Goodis, Himes, Sallis, Simenon y otros pero se ha hurtado a muchos la posibilidad de conocerles.

- ¿Volverá a escribir relatos o se ha pasado para siempre a la novela?

- Creo que la narrativa -dentro de los géneros literarios- sería mi lugar y quizás sea menos complicado publicar una novela que un libro de relatos. No lo sé. Aquí no hay la tradición de otros países, donde gente como Fitzgerald, Hemingway, Cheever o Chejov fueron muy conocidos por sus relatos, y donde existen publicaciones especificas. En todo caso, lo difícil es publicar.

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