Cuando 'El Quijote' se dejaba fotografiar

El Photomuseum de Zarautz expone el trabajo de Ocharan sobre la obra de Cervantes. El fotógrafo recreó a principios del S.XX varias escenas de la novela del 'caballero de la triste figura'

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.
Cuando 'El Quijote' se dejaba fotografiar

A comienzos del siglo XX, el fotógrafo bilbaíno Luis de Ocharan Mazas (1858-1926) jugó a imaginar cómo serían las escenas de 'El Quijote' bajo su mirada personal y el resultado fue una colección de imágenes a medio camino entre el imaginario cervantino y el inconcluso Quijote de Orson Welles. Ahora, el Photomuseum de Zarautz expone hasta el 26 de septiembre 44 de fotografías de Ocharan, centradas en su mayor parte en la colección creada a partir de la obra de Cervantes.

Fechadas entre 1905 y 1906, las fotografías de Luis de Ocharan reproducen con la máxima fidelidad y precisión fragmentos de la obra cervantina, mediante la utilización de actores, modelos, figurantes y un atrezzo sorprendente por la minuciosidad de su cuidado. La idea original era convertir estas fotografías, cuyos negativos se realizaron en vidrio -18 por 24 centímetros-, en cerámicas que sirvieran para decorar diversas estancias de las casas señoriales que la familia poseía en Castro Urdiales y Madrid. Y justo ahí es donde entra en escena la segunda pata de este proyecto, el pintor y ceramista Daniel Zuloaga (1852-1921), en cuyo museo segoviano se conservan estas imágenes que ahora expone en el Photomuseum -en formato 24 x 30 centímetros-. Poco más queda del legado fotográfico de Luis de Ocharan, dado que el grueso de su obra fue destruido durante la Guerra Civil.

Tal y como apunta el director del centro zarauztarra, «'El Quijote' siempre ha estado presente en el imaginario artístico español, pero durante una época fue un motivo iconográfico especialmente importante». Luis de Ocharan pertenecía a una acaudalada familia de financieros vizcaínos, aunque cuando se echaba la cámara al hombro su nivel de exigencia le situaba en las antípodas del típico diletante. Ocharan trabajó durante dos años en esta reconstrucción fotográfica de algunas de las peripecias de 'El caballero de la triste figura'. Y aunque los parajes naturales seleccionados corresponden probablemente a la zona de Castro -por motivos que hoy se atribuirían a problemas de producción-, sorprende aún poderosamente el cuidado puesto en cada detalle. De hecho, las imágenes expuestas en el Photomuseum están acompañadas del fragmento del correspondiente texto de Cervantes al que hace referencia. El cotejo de las unas con los otros permite calificar de hiperrealista el trabajo del fotógrafo bilbaíno.

Junto a la colección de 'El Quijote' el Photomuseum expone varias fotografías correspondientes a otras series, de corte costumbrista o paisajista. «Para situar al personaje en su contexto», aclara Zugaza. La selección de imágenes ahora expuesta en Zarautz -que también cuenta en su colección particular con algunas obras de Ocharan pertenecientes a otras series- procede del Museo Daniel Zuloaga de Segovia. El hecho de que a medida en que avanzaba su proyecto, Ocharan enviara pruebas de las escenas a Zuloaga -tío del pintor eibartarra Ignacio Zuloaga- para que sirvieran como bocetos permitieron que se salvara al menos una parte de esta obra que jamás llegó a editarse en formato libro, tal y como estaba previsto.

En cualquier caso, la colaboración con Zuloaga contribuyó a elevar un poco más el nivel de exigencia, hasta el punto de que se sospecha que éste pudo ejercer tareas de ayudante de dirección. «... El calzado de polainas que para Sancho me ha preparado Gambardela no me gusta, prefiero las clásicas abarcas manchegas... Como V. tiene tanto gusto artístico y conoce el fin a que las destino, aconsejeles que se las enseñen antes de comprarlas pues teniendo el visto bueno de V. sé que Sancho estará calzado hasta la rodilla con todo el caracter que debe tener», se puede leer en una carta del fotógrafo, cuya confianza en el criterio del ceramista era absoluta.

En cuanto a los personajes, «Sancho está magnífico, gordo.; le he prohibido que se corte el pelo, la barba y las uñas y da gusto verle». En cambio, el encargado inicialmente de interpretar a Don Quijote fue una fuente de disgustos: «Como lo tengo en casa y se alimenta bien, ha engordado y ya no me sirve». Y, claro, tuvo que despedirlo.

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