Interior trabaja con la hipótesis de que ETA declare un alto el fuego este mes

Los gobiernos vasco y central desconfían de su credibilidad y lo enmarcan en clave interna. El Ejecutivo de López mantiene contactos permanentes con el PNV para ofrecer una respuesta coordinada

JORGE SAINZ JORDISAINZ@DIARIOVASCO.COMSAN SEBASTIÁN.
Agentes de la Ertzaintza sacan material incautado durante un registro relacionado con una operación contra ETA en Bilbao. ::                             TELEPRESS/
Agentes de la Ertzaintza sacan material incautado durante un registro relacionado con una operación contra ETA en Bilbao. :: TELEPRESS

Los gobiernos central y vasco contemplan, como algo más que una hipótesis, la posibilidad real de que de aquí a finales de este mes ETA realice una «declaración de un alto el fuego verificable», según aseguraron a este periódico fuentes solventes de ambos ejecutivos. El anuncio de la tregua es visto con gran escepticismo por el ministerio y el Departamento de Interior, dada la imposibilidad técnica de verificar realmente si el parón de la organización terrorista es serio o responde a una estratagema para amortiguar las diferencias internas en el MLNV.

Este movimiento de ETA se enmarcaría como un paso más dentro del intenso debate interno en el mundo de Batasuna para apostar por la vía política, y en la Declaración de Bruselas de los mediadores internacionales, que exigió a la organización un alto el fuego «permanente» y «verificable», y al Gobierno español que responda sentándose a negociar.

Los ejecutivos socialistas preparan el terreno para una eventual respuesta si se precipitan los acontecimientos, siempre desde la premisa de que, todo lo que no sea un abandono definitivo de las armas, será para ellos «insuficiente». El Gobierno Vasco prefiere mantener la cautela y la discreción, pero ya está llevando a cabo «conversaciones permanentes» con dirigentes del Euzkadi Buru Batzar del PNV para ofrecer una respuesta «lo más coordinada posible» ante un posible alto el fuego de ETA.

Escepticismo y desconfianza son las dos palabras que definen el estado de ánimo de ambos gobiernos ante la llegada de un mes que, distintas fuentes próximas al proceso, consideran que puede ser un punto de inflexión en el mundo violento. Tampoco el hecho de que esa tregua fuera «verificable» supone un avance para las Fuerzas de Seguridad del Estado, que descartan por completo que ETA se preste, por ejemplo, a una revisión fiable de sus arsenales o estrategias.

Pese al riesgo que supone fijar fechas cuando se habla de una organización clandestina, las fuentes gubernamentales consultadas sitúan el anuncio a finales de mes, coincidiendo con la celebración del Gudari Eguna, el lunes 27 de septiembre. La fecha conmemora el fusilamiento en los últimos días del franquismo de los miembros de ETA Txiki y Otaegi. La organización terrorista siempre ha difundido comunicados durante el fin de semana más próximo a esa fecha o realizado exhibiciones como la de los encapuchados que dispararon al aire en el monte Aritxulegi, en 2006, en plena tregua.

Se da también la circunstancia de que el día 30 se cumplirá medio año de la petición de la declaración de Bruselas, considerada por la izquierda abertzale un punto de referencia en su apuesta por las vías exclusivamente políticas. Batasuna y EA, que firmaron el acuerdo estratégico del Euskalduna, siguen trabajando en la sombra para crear condiciones que acerquen a la paz y que impulsen la defensa de la soberanía vasca sin violencia.

La apuesta de la izquierda aber-tzale por las vías exclusivamente políticas no ha sido seguida en estos meses por una declaración explícita de ETA de abandono de la violencia, lo que habría creado entre ambas partes importantes tensiones internas y dificultado el camino del mundo de Batasuna para volver a la legalidad.

De momento, Batasuna y EA no han logrado la complicidad ni del PNV ni del Gobierno Vasco. La formación jeltzale, con su líder Iñigo Urkullu a la cabeza, se ha mostrado estos días poco optimista respecto a las intenciones de la organización armada. Por su parte, el consejero de Interior, Rodolfo Ares, consideró el pasado domingo, en una entrevista en este periódico, que «la tregua de la que se habla servirá para resolver las tensiones internas entre ETA y Batasuna», pero «para nosotros será insuficiente».

Escenificación de fuerza

Las Fuerzas de Seguridad del Estado trabajan con la hipótesis de que ETA no ha decidido bajar definitivamente la persiana de la violencia, pese al año transcurrido sin atentados, por lo que desconfían de la virtualidad de este posible anuncio del alto el fuego. Otras fuentes consultadas se muestran, por su parte, convencidas de que una próxima tregua no es incompatible con una escenificación previa de fuerza por parte de la organización terrorista. El rebrote el pasado agosto de la kale borroka, como lo califica Interior, es interpretado también dentro de una estrategia de mantener cierta tensión en las calles.

Independientemente de lo que pueda decir ETA en las próximas semanas, el Gobierno Vasco va a mantener su política antiterrorista de «tolerancia cero» y firmeza. Sostiene, en coincidencia con las tesis del PP, que entrar al trapo del debate de Batasuna es «dejarse enredar» y disminuir la presión que, a su juicio, ha llevado a la izquierda aber-tzale a plantearse en serio la necesidad de acabar con la violencia. Las fuentes del Ejecutivo consultadas abogan por «romper el 'buenismo' instalado en torno a esta cuestión» porque sólo sirve para «perder esfuerzos necesarios para acabar con ETA».

Desde el gabinete de Patxi López aseguran también que el Gobierno Vasco está «preparado» para afrontar el final del terrorismo, en contra de lo expresado en las reflexiones del presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, que pidió al lehendakari que estuviera más proactivo ante un eventual nuevo escenario.

De hecho, en Lakua sostienen que el tiempo corre en contra de la izquierda abertzale, cada vez con menos margen para llegar a las elecciones locales de mayo. Recalcan que hace tiempo que se ha producido ya la «derrota social» de ETA. En este sentido, creen significativo el hecho de que el último rebrote de la kale borroka «ha interpelado más a Batasuna que a la sociedad contra la que iba dirigido», al obligar a la izquierda abertzale a tener que dar explicaciones.

«Trabajar en silencio»

Precisamente, el presidente del PNV de Vizcaya, Andoni Ortuzar, instó ayer a «trabajar en silencio» para que los actos violentos «sean parte del pasado y no se reproduzcan en el futuro». En declaraciones a Europa Press, apuntó que, «a periodos de calma», le han seguido momentos «duros», y mostró su deseo de que haya una «implicación mayor» de la izquierda aber-tzale para que ETA se sume a su apuesta por las vías políticas y democráticas.

Sobre los últimos ataques de violencia callejera, Ortuzar expresó «su temor o sospecha de que podía haber, dentro de la izquierda radical abertzale, grupos que estaban echando un pulso a su propia dirección política, haciendo este tipo de actuaciones que desestabilizaban la propia actividad de la izquierda abertzale». «Parece que esos brotes han cesado y yo creo que es bueno para todos que así sea», subrayó.

Por su parte, el parlamentario vasco de UPyD, Gorka Maneiro, consideró que «una tregua no vale» y que «debe producirse la disolución incondicional de ETA , el abandono absoluto de la violencia». Ante las voces que anuncian una posible tregua, «estamos deseando ver el final verdadero de ETA y que no ejerza la amenaza en el futuro».