Los 80 años de Luis de Pablo

La Quincena homenajea al compositor dentro del Ciclo de Música Contemporánea. El bilbaíno, clave en el panorama musical español, se muestra satisfecho de su colaboración con el festival

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.
Los 80 años de Luis de Pablo

El Ciclo de Música Contemporánea de la Quincena Musical presta este año especial atención a la figura de Luis de Pablo. Aprovechando que el músico bilbaíno ha cumplido 80 años, sus composiciones se han incluido en los programas que durante tres días se van a interpretar dentro del apartado dedicado a la música actual. Este personaje clave en el panoráma musical español se mostraba ayer muy agradecido por la atención dedicada por el festival donostiarra, no sólo en esta edición sino en los últimos 35 años.

Haciendo gala de un gran sentido del humor y de su afición a la anécdota, Luis de Pablo habló ayer de su estrecha relación con la Quincena y como fue su primera colaboración. «Debo remontarme bastantes años para hablar de ella. El ciclo de música contemporánea nació como una actividad modesta, creo recordar que en el 83. Coincide con la entrada como director del festival de José Antonio Echenique. Se estrenó con un encargo de una composición a un servidor. Fue el primer contacto que yo tuve con la nueva versión, que es la que continúa en la actualidad, de la Quincena. La obra fue 'Las cinco meditaciones' para conjunto instrumental. De esta manera se marcaba ya cuál iba a ser el camino que seguiría el ciclo en el futuro».

Prosiguió recordando por quéno estuvo presente en el estreno de la obra. «Puedo decir que resultó muy conmovedor que se acordaran de mí para festejar esa nueva etapa. Yo no pude asistir al estreno en 1984 por una razón fuerte. Quizá por la emoción por el encargo me dio un infarto. Esta anécdota muestra un poco cuál ha sido la actitud de la directiva en lo que a mí respecta. No deseo ni pretendo la exclusiva, simplemente decir que mi música se ha escuchado aquí de muchas maneras. Por ejemplo cuando cumplí 75 años la Orquesta Sinfónica de Euskadi interpretó mi 'Concierto para violín'».

En los últimos años su presencia, especialmente en los programas de los intérpretes, se ha intensificado. De Pablo entiende que la razón se encuentra en que «desde que Ramón Lazkano se ocupa del ciclo, mi música se escucha más. Es muy buen amigo, y aunque no le pague un sueldo, cree en lo que yo hago, lo mismo que yo en su trabajo».

Pero también hay una gran razón sentimental para que venga a Donostia con frecuencia. «Para que se comprenda mejor mi devoción por San Sebastián tengo que decir que estoy casado con una donostiarra (la pintora Marta Cárdenas), y las mujeres son las que suelen mandar en el matrimonio, por lo menos en mi caso. Desde que volvimos de lejanas tierras, estuvimos viviendo bastantes años en Estados Unidos y Canadá porque aquí la cosa estaba francamente desagradable, nuestra primera idea fue pasar temporadas largas en nuestro País Vasco. Sería el año 77 y nos dejaron una pensión que estaba vacía en Igeldo. Aquello era algo muy parecido al paraíso. Luego pasamos a buscar un paraíso todavía más paradisíaco. Encontramos una casa, no me atrevo a llamarle caserío porque estaba muy abandonado, y donde compartíamos estancias con unos animales que no suelen caer bien pero que a nosotros nos resultaron muy simpáticos, los murciélagos que llevaban viviendo allí desde mucho antes que nosotros. La estancia resultó muy productiva, por ejemplo ahí compuse el 'Concierto para flauta y orquesta'. Siempre hemos querido tener una relación muy estrecha con nuestro país».

Impulso a la txalaparta

Entre los recuerdos que tiene de tantos años de relación con el festival donostiarra, el compositor habló del largo tiempo que tardó en presentarse en San Sebastián una de las piezas de las que más satisfecho se encuentra por el revulsivo que supuso para un instrumento entonces casi perdido, la txalaparta. «En la Quincena también se ha escuchado una obra mía con mucho retraso. En 1977 compuse 'Zurezko olerkia', un poema de madera, con la colaboración de los hermanos Artza, entonces unos jóvenes músicos, que fueron los resurrectores de la txalaparta. Ya antes había conocido a dos viejos, se les conocía por ese nombre, de Usurbil que eran los únicos que tocaban la txalaparta y que habían enseñado a los Artza. Los había escuchado en Madrid, en los años 60, en una inauguración de una exposición del artista guipuzcoano Remigio Mendiburu. Me interesó esa música. La dejé dormir y en el año 74, estando en Canadá recibí un encargo de la ciudad de Bonn. Me dijeron que compusiera algo que no fuese medianamente tradicional dentro de la producción musical. Entonces pensé en un grupo coral, de ocho voces, con instrumentos de madera y la txalaparta. Recuerdo como en 1975 los hermanos Artza se trasladaron a Bonn en una pequeña furgoneta con los listones de madera».

En España tardó en estrenarse. Antes se pudo escuchar en París. «En San Sebastián se interpretó por primera vez en 2005, cuando cumplí 75 años. Ahora la txalaparta está hasta en la sopa, pero en 1975 no se consideraba ni instrumento. Yo estaría contentísmo si modestamente he conseguido participar en su recuperación».

Sobre su vanguardismo señala que «cuando hice estas cosas no quería ser pionero ni nada, sólo hacer la música que me salía de las tripas y si era distinta de otras ¡qué le vamos a hacer! Ahora lo que hago es lo más corriente del mundo, aunque hay gente que no estaría de acuerdo».

Un año de reconocimientos

Con su participación, como compositor, en el ciclo de música contemporána, la Quincena Musical se suma a un gran número de reconocimientos que ha recibido el bilbaíno desde que cumpliera 80 años el pasado 28 de enero. Sobre tanta atención hacia él,Luis de Pablo ha señalado en varias entrevistas que «la gente es muy generosa y se ha acordado de que tengo más años que la tos. Soy compositor y lo que deseo es que mi música se oiga, sobre todo cuando yo no lo pueda ver, es decir, después de muerto, porque normalmente a los pobres artistas se nos olvida».

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