Caña, Marianito y una ración de calamares

¿Más terrazas? ¿Se irán las medusas más agresivas? Así son las historias de agosto

Caña, Marianito y una ración de calamares

Desde que novela y película optaran por aquel título de «Las bicicletas son para el verano», pocos se han resistido a aplicarlo a terrazas, música de jazz, medusas, toldos, fiestas, verbenas e, incluso, hasta a iniciación al sexo. Y en este inicio de agosto hay de todo un poco. La Asociación de Hosteleros ha presentado un estudio sobre la posibilidad de colocar mesas y sillas en calles de la Parte Vieja, una propuesta refrendada por fotomontajes e ilustrada con imágenes de rincones con encanto de Roma o Nueva York. Incluso con un canal de Amsterdam que demuestra que no hay sitio estrecho para tomar una cerveza. La iniciativa no se pondría en vigor, en el caso de que se aprobase, hasta la próxima temporada, pero ha servido para alimentar el verano y para volver a suscitar el eterno problema tan sentidamente donostiarra, de cómo arbitrar el descanso y el atractivo hostelero.

En la inmensa mayoría de las ciudades, los barrios antiguos, los de más solera, albergan terrazas, ambiente, gastronomía y mucha, mucha gente, que combina la admiración por la iglesia de turno con la cervecita post inmersión artística. No se sabe cuánto se quejan los vecinos, ni cuántas horas de sueño necesitan, pero sí parece que quienes habitan en la Parte Vieja de Donostia precisan mucho, mucho descanso.

Y van a esgrimirlo cuando sean escuchados sobre la posibilidad de tener terrazas bajo sus ventanas o balcones. El asunto, sin embargo, y con todos las cautelas hacia quienes viven en estas calles, es más complejo. Unos horarios específicos pueden solventar los temores de los residentes, (aunque no falte quien argumente que a las ocho ya está en la cama), pero parece más complicado saber cuál sería la distancia mínima entre las mesas, qué mobiliario se exigiría, (seguro que más estrecho), o cómo podrían pasar los camiones de Bomberos o las ambulancias, algo que preocupa en el Ayuntamiento.

En principio, la autorización a instalar terrazas no podría ser universal para todo el barrio y hay quien teme que ésto pudiera levantar asperezas entre los propios hosteleros, porque lo lógico es que, tras el permiso general, cada local fuera estudiado de forma individual para saber qué posibilidades tiene de plantar un par de mesas en la vía pública o de almacenar ese mobiliario sin entorpecer las calles estrechas el resto del día.

Lo que parece claro es que las terrazas son rentables para la hostelería, que éste es un sector con poderío en San Sebastián y que el Ayuntamiento podría aprovechar la iniciativa para que se cumplieran algunas condiciones que están reguladas, sobre todo en el caso de limpieza. Año tras año se anuncian sanciones, pero lo cierto es que no llegan a ejecutarse. Poco puede hacer el Consistorio en una materia tan sensible como los precios, sobre todo porque la tasa que se cobra por metro cuadrado no justifica los altísimos precios de cañas, marianitos, calamares o pasteles de pescado, pero las polémicas, veraniegas o no, deben servir también para cambiar algunas cuestiones.

Con las medusas, cómo olvidarlas, poco se puede hacer. Conocerlas, evitarlas y entender, una campaña así lo va a dar a difundir desde hoy, que la playa no es la piscina de una urbanización aunque a veces lo parezca.